Longevity

“El pie habla y nos alerta de la salud del paciente, un buen examen les puede salvar”: todo lo que puede revelar una visita al podólogo

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Desde diabetes a enfermedades respiratorias, trastornos hormonales, problemas circulatorios y hasta gota pueden dejar pistas en los pies, afirma la podóloga Elizabeth Gil De Montes

Es recomendable que los adultos mayores con dificultad de movilidad visiten el podólogo cada cuatro o cinco semanas.

Es recomendable que los adultos mayores con dificultad de movilidad visiten el podólogo cada cuatro o cinco semanas.

IStock

El rol de un podólogo no se limita a cortar las uñas. Va mucho más allá. A diferencia de una belleza de pies en un centro de estética, acudir a este especialista significa la posibilidad de acceder a una evaluación integral por parte de un profesional de la salud. Y es por eso que muchas veces, en ese examen, descubren señales de posibles enfermedades que no sabíamos que teníamos. Por supuesto que no pueden diagnosticar, pero sí derivar a un médico para que indique los estudios necesarios.

“Muchos no saben qué es lo que está pasando en su pie y gracias a esta mirada podológica pueden salvarse”, afirma la podóloga Elizabeth Gil De Montes. Y ejemplifica: “A veces vemos una mácula (mancha) y le preguntamos al paciente cuánto hace que le salió; a veces ni sabe que la tiene, entonces sacamos una foto para dejarlo registrado en la historia clínica. En la siguiente sesión comparamos y, si ha crecido, hay una anomalía o una elevación, entonces ahí ya derivamos a un dermatólogo porque puede ser algo malo”.

¿Qué oafecciones o enfermedades de la piel se pueden detectar a través de los pies?

Hay una anomalía en la parte de abajo de la uña (la cual también se decolora), llamada “mancha de aceite”. A veces, gracias a eso, el paciente se entera de que tiene psoriasis. El pitting, que son pequeñas depresiones como hoyuelos sobre la uña, es otra característica de esta enfermedad.

¿Las uñas quebradizas también son indicadoras de que algo no está bien?

Sí, a veces también hay enfermedades respiratorias que las debilitan. Hay algo que se llama acropaquia; te das cuenta porque las puntas de los dedos parecen como un palillo de tambor. Eso significa que hay un bajo nivel de oxígeno en sangre. Todos nuestros órganos reciben oxígeno por medio de los glóbulos rojos y eso va a todos los tejidos de nuestros órganos. Si nuestras uñas no están recibiendo el nivel necesario de oxígeno en sangre, entonces empiezan a aparecer estas deformaciones. También puede ser que las uñas se debiliten por algo sistémico como una alteración en la tiroides.

Si nuestras uñas no están recibiendo el nivel necesario de oxígeno en sangre, empiezan a aparecer deformaciones

Elizabeth Gil De Montes

Podólogo

¿Solo por las uñas, o las alteraciones en la tiroides se pueden detectar con otras señales?

Bueno, puede ser que la piel esté muy seca, o las uñas de los pies tardan mucho en crecer, además de quebrarse; entonces derivamos a un médico clínico, porque quizás en un análisis de sangre sale que la tiroides está alterada. Y ahí ya lo tiene que ver un endocrinólogo. Ojo, también puede ser a causa de un microtraumatismo y el paciente no se da cuenta. A lo mejor el calzado que usa comprime demasiado los dedos y eso también va lastimando la parte superficial de la uña, que se va quebrando. Uno dice: “Ay, ¿por qué me pasa esto?” Y resulta que es algo tan simple como cambiar el calzado.

A través de los pies, ¿también puede detectarse la diabetes?

Al evaluar el pie, puede pasar que tenga una herida y nos sorprenda que no le duela. Entonces, empezamos a hacerle una exploración más profunda: le hacemos cerrar los ojos y le vamos haciendo una técnica viendo los puntos de sensibilidad. Si con los ojos cerrados el paciente no detecta ninguna sensibilidad, sugerimos acudir a un médico clínico. Seguramente le pedirá análisis de sangre y, si el azúcar sale muy alto, entonces ya empieza el tratamiento con diabetólogo. Pero gracias a que se pudo ver en podología.

¿Y la falta de cicatrización en alguna de esas heridas también puede servir para detectar diabetes?

Exacto. Quizás el paciente viene por una uña encarnada y el período de recuperación es de una o dos semanas, como mucho. Si no se recupera tras estos días, algo está pasando. No está funcionando bien el sistema de cicatrización y ahí hay una alerta. Puede ser que tenga diabetes, que no permite la cicatrización normal fisiológica que tiene cualquier persona.

¿Puede haber otras razones?

Puede ser porque está tomando medicación anticoagulante o aspirina, que es un antiplaquetario. A veces no ven importante mencionarlo porque dicen: “¿Qué tiene que ver que esté tomando una aspirina con atenderme con el podólogo? Si es cortarme las uñas y listo”. Y no, todo está relacionado.

¿Y qué pasa con la presencia (o no) de vello en los pies?

Hay una arteria que pasa por el dorso del pie, que se llama arteria pedia. Generalmente, sobre todo los hombres, tienen mucho vello en esa zona y en la parte dorsal de los dedos. Si nos dice que últimamente no tiene vellos en esa zona y encima tiene los pies fríos o una coloración azulada en la piel, y los siente hinchados, derivamos a un flebólogo (médico especializado en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades venosas). Seguramente le pueda dar algún tipo de medicación que ayude a ese retorno venoso o a esa circulación y volver a tener vello y una temperatura y color adecuados; y por ende que no se le hinchen los pies.

Si el pulso de la arteria pedia está muy lento, no vemos vello y la piel está muy azulada, hay muchas alertas para derivar a la persona al médico

Elizabeth Gil De Montes

Podóloga

¿Y en el caso de las mujeres, que no suelen tener pelos en el empeine?

En realidad, todas tenemos un cierto vello que a contraluz se puede ver. Los podólogos también tomamos el pulso de la arteria pedia. Los pacientes no se dan cuenta; lo hacemos cuando estamos explorando el pie. Son unos 30 segundos en los que mantenemos los dedos sobre la arteria. Si el pulso está muy lento, no vemos vello y la coloración de la piel está muy azulada, hay muchas alertas para derivar a la persona al médico.

¿Qué sucede con el dolor en los pies? ¿Puede ser señal de que hay algo más?

Puede ser que, si el paciente tiene dificultad visual o no puede moverse mucho y no llega a verse los pies, y le duelen mucho los talones, los reviso. Si no veo grietas ni durezas en la zona, y al tocar le duele, puede ser algo más profundo como una posible fascitis plantar, porque superficialmente la epidermis no demuestra ninguna anomalía. O quizás simplemente es que usa un mal calzado que está siempre chocando en el talón, o pisa mal. Entonces derivamos a un traumatólogo.

¿Lo mismo si duelen los dedos?

El dolor en el dedo gordo puede indicar gota. Primero hay que ir descartando lo que puede ser que le esté causando dolor. Si el paciente asegura que no se golpeó, el calzado es bueno, no caminó una cantidad de kilómetros que justifique el dolor y además hay hinchazón y enrojecimiento, lo derivamos al médico clínico para que pueda hacerse los análisis pertinentes.

¿Qué más recomendaría?

En el caso de los adultos mayores que puedan tener poca movilidad o visión reducida, una visita al podólogo cada cuatro o cinco semanas. En el caso de tener autonomía y los pies impecables, hace falta una revisión preventiva, igual que uno va al odontólogo cada seis meses o anualmente para ver si está todo bien. El pie habla, transmite mucho y nos da varias alertas. Ahí es donde nosotros tenemos que ayudar al paciente a que sepa por dónde ir.