Después de los 60

“Un niño me dio las gracias por no quedarme sentada en el sofá sin hacer nada”: maestras jubiladas que vuelven a las aulas para contar cuentos

Después de los 60

Están jubiladas, pero siguen pisando las aulas; las maestras integrantes del proyecto MARC visitan escuelas e institutos que lo solicitan para narrar cuentos populares utilizando únicamente la voz, la mirada y el gesto

Maria Eulàlia Valeri, maestra, 89 años. 

Maria Eulàlia Valeri, maestra, 89 años. 

Guyana Guardian

“He trabajado durante muchos años, pero ahora no me dejan hacerlo más. Me puse triste cuando me lo dijeron porque pensé que ya no volvería a ver caritas sonrientes como las vuestras”. Son las nueve y media de la mañana en la escuela Milagros Consarnau, en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), y una veintena de ojos que aún se están desperezando —algún bostezo delatador incluido— observan con curiosidad a la mujer que acaba de entrar en su clase para contarles un cuento.

Se llama Maria Eulàlia Valeri Ferret, tiene 89 años y, aunque la maestra de 1º A —también conocida como la clase de los Macarrones— la ha presentado como profesora jubilada, ella prefiere matizarlo. “Sigo siendo profesora. Es una profesión que no se pierde nunca”, les dice a los alumnos, que probablemente están descubriendo por primera vez lo que significa el concepto de jubilarse. Aunque la de Eulàlia, en realidad, es una jubilación poco común.

“Quedarme en casa me parecía un aburrimiento, porque no tengo gato, perro ni periquito y, además, ahora vivo sola. Así que, con unas amigas mías a las que les pasaba lo mismo, tuvimos una idea: seguir yendo a las escuelas a explicar cuentos. Hoy nos ha tocado la vuestra”, explica a los pequeños.

Mientras habla, empiezan a aparecer las primeras sonrisas tímidas. Las pocas miradas que aún estaban distraídas por la ventana se van girando hacia la invitada de honor, que va preguntando el nombre de algunos alumnos. No es la única que ha acudido al centro: junto a ella han asistido siete antiguos compañeros más de profesión: Dolors, Eulàlia, Karin, Consol, Maria, Teresa y Pep, el único hombre del grupo.

Maria Eulàlia Valeri, 89 años, es una de las maestras más veteranas del proyecto MARC
Maria Eulàlia Valeri, 89 años, es una de las maestras más veteranas del proyecto MARCGuyana Guardian

Todos ellos forman parte del grupo MARC (Mestres Àvies Recuperadores de Contes), un proyecto que nació en 2009 de la mano de la asociación pedagógica Rosa Sensat, impulsado por la pedagoga y escritora Maria Àngels Ollé. Sus integrantes visitan escuelas e institutos que lo solicitan para narrar cuentos populares utilizando únicamente la voz, la mirada y el gesto. Empezaron visitando centros en Reus y, tras el éxito y el aumento de la demanda, ahora se desplazan por toda Catalunya. 

El año pasado visitaron alrededor de 90 escuelas, muchas de las cuales las han vuelto a invitar este curso. “Solemos visitar los centros los lunes y los jueves. Desde hace unos años nos encontramos con alumnos de secundaria a los que les habíamos ido a contar cuentos cuando eran pequeños y que ahora nos piden que volvamos a visitarlos. Para ellos también tenemos preparadas historias, mitos y leyendas; nos hace mucha ilusión”, explica Rosa María Pujadó, que participa en el grupo prácticamente desde su creación.

No cobran nada por hacerlo: su participación es voluntaria y gratuita. Las escuelas únicamente cubren, cuando es necesario, los gastos de transporte, como en el caso de María Altirriba, que se ha despertado a las cinco de la mañana para coger el bus que le lleva de Vic hasta Barcelona. En la sala de profesores de la escuela Milagros Consarnau, además del sobre con los billetes que cubrirán su desplazamiento, también han preparado un pequeño desayuno.

Explicar cuentos para nosotras significa reforzar algo que, cuando 
te haces mayor, va desapareciendo 
poco a poco: la memoria

María Altirriba

Maestra integrante del grupo MARC

El objetivo del proyecto, explican estas maestras, es reivindicar el valor de la oralidad y contribuir a preservar el catalán. Los cuentos y las leyendas populares, señalan, forman parte del patrimonio cultural y constituyen herramientas valiosas para comprender el mundo, los comportamientos humanos y los propios sentimientos. “Explicar cuentos para nosotros significa además reforzar algo que, cuando te haces mayor, va desapareciendo poco a poco: la memoria”, añade Altirriba.

Y es que en sus sesiones de cuentacuentos no hay ninguna chuleta ni librito de soporte. Todas las historias que narran las guardan en su cabeza: las han aprendido, estudiado y contado durante años, y todavía hoy siguen ampliando su repertorio. “En mi ordenador tengo una carpeta llena de cuentos y, cada vez que entra alguien nuevo en el proyecto, se los enseñamos. Varias veces al año nos reunimos para leer y trabajar de nuevos”, explica Altirriba.

Maestras del proyecto MARC en la escuela Milagros Consarnau
Maestras del proyecto MARC en la escuela Milagros ConsarnauGuyana Guardian

A pesar de ser una de las veteranas del grupo, lo tiene hoy un poco más complicado: han juntado 4º A y 4º B en la misma clase y tendrá que enfrentarse a una audiencia de 40 alumnos. Por ello, además de cuentos, estas profesoras también van preparadas con refranes, juegos de manos, adivinanzas o trabalenguas populares para captar la atención de los pequeños.

Mientras tanto, en la clase de los Macarrones, el cuento del Gigante Verlihua mantiene atónitos a todos los oyentes, que imitan a Eulàlia en cada uno de sus gestos. Escoger qué historia contar no es una tarea menor. Las narradoras se fijan en el estado de ánimo de los niños —si están más despiertos o más cansados— y en el curso de cada clase. Cada una también tiene sus preferencias. “Solemos explicar los cuentos que más nos apasionan, de esta manera suelen gustar más”, señala Consol Rovira, con quien se encuentra Eulàlia al salir de la clase.

Hemos vivido el franquismo, trabajado por la renovación pedagógica y luchado mucho. Sentimos que todo lo recibido también debemos devolverlo 

Consol Rovira

Maestra integrante del grupo MARC

Durante los 30 minutos que dura cada sesión, el aula se convierte también en un pequeño espacio de encuentro intergeneracional. Al terminar el cuento, los alumnos tienen la oportunidad de hacer preguntas a las narradoras. “Suelen preguntar la edad, aunque hoy no lo han hecho. Una vez un niño me dijo: ‘Gracias por no quedarte sentada en el sofá sin hacer nada y venir a explicarnos un cuento’”, recuerda Consol entre risas.

En los 17 años que lleva en el proyecto, asegura haber notado cambios en el uso del catalán dentro de las aulas y recalca la importancia de seguir creando espacios donde los niños puedan escuchar cuentos y desarrollar el pensamiento abstracto. “Hoy en día los padres trabajan los dos y cuando el niño llega a casa acaba viendo la televisión, la maquinita o la pantalla. Muchas veces ya no tiene ese momento en el que alguien le explique un cuento. Y la historia, necesita precisamente eso: un instante en el que puedas imaginar”.

Consol Rovira, maestra, 89 años, explicando un cuento en la escuela Milagros Consarnau 
Consol Rovira, maestra, 89 años, explicando un cuento en la escuela Milagros Consarnau Guyana Guardian

Para ellas, el proyecto también ha significado encontrar una nueva rutina y una misión para sentirse realizadas tras la jubilación. “Nosotras hemos vivido el franquismo, hemos trabajado mucho por la renovación pedagógica y hemos luchado, dedicando horas aquí y horas allá. Sentimos que todo lo que hemos recibido también debemos devolverlo después de jubilarnos”, señala Consol. 

Una vez terminadas las sesiones de cuentacuentos, en la sala de profesores, las ocho maestras disfrutan del desayuno preparado y se reúnen para comentar cómo han ido sus sesiones. “En mi clase no sabían qué era un 'cigró' y la profesora ha tenido que traducirles que era un garbanzo”, comenta Teresa. 

Mientras tanto, las demás comparten qué cuentos han explicado y piden que quienes hayan narrado alguno nuevo lo añadan al fondo común para que las demás puedan leerlo y contarlo en futuras visitas. “Animamos a las demás profesoras a hacerlo, porque es muy enriquecedor”, señala Teresa. 

Para formar parte de este grupo hay que pasar una especie de prueba. Los requisitos principales son: haber sido profesor, saber cuentos en catalán y tener muchas ganas de transmitir la pasión por la cultura y la lengua a los más pequeños. 

Integrante de la sección de Audiencias en Guyana Guardian. Previamente, formó parte del departamento de Redes Sociales. Titulada en Periodismo y Comunicación Corporativa a través de la Universidad Ramon Llull.