Psicología y Salud Mental

Mario C. Salvador, psicólogo: “Si cuidas de los tuyos crearás un entorno que cuidará de ti”

Bienestar emocional

Saber navegar en la tormenta nos hace fuertes: sólo si logramos mantenernos a flote en la dificultad, contactando con nuestras heridas más profundas, seremos capaces de mostrarnos al mundo tal como somos

Mario Salvador advierte que educamos a nuestros jóvenes para que sean productivos, pero nos olvidamos de sus necesidades emocionales

Mario Salvador advierte que educamos a nuestros jóvenes para que sean productivos, pero nos olvidamos de sus necesidades emocionales

LVD

Recorrer nuestro mapa interior, explorarnos y trazar un viaje de transformación personal puede ponernos a prueba transitando momentos de dolor emocional o incluso llevarnos a cuestionar modelos de vida que he hemos adoptado. No obstante, el premio es algo tan importante como un viaje hacia una vida más auténtica. Nuestras defensas psicológicas son como ciudadelas internas que construimos para protegernos del mundo exterior. Hemos de ser capaces de liberarnos de ellas para vivir desde la integración, la aceptación y la autenticidad.

Como dice el psicólogo y especialista en psicología clínica Mario C. Salvador, autor del libro Nuestra ciudadela interna (Serendipity Maior), “hemos construido una cultura enferma, orientada al hacer, a la producción, a lo rápido y al consumo. Educamos a nuestros niños y jóvenes para que sean productivos, pero nos olvidamos de sus necesidades emocionales”. La psicoterapia, al igual que otras herramientas, pueden abrirnos este camino para conocer el mapa de nuestra ciudadela interna.

En España no está arraigado el cuidado de nuestras emociones; en países como Argentina o ciudades como Manhattan ir al terapeuta es muy común

Mario C. Salvador

Especialista en psicología clínica

La gestión de las emociones es fundamental para alcanzar el bienestar
La gestión de las emociones es fundamental para alcanzar el bienestarCC0

¿Cuál es la labor de un psicoterapeuta?

El terapeuta debe crear las condiciones de seguridad para que el paciente pueda expresar el sufrimiento emocional que no ha podido mostrar antes, debido a los motivos que sean: que fue vivido en soledad, o sin un entorno apropiado, por ejemplo. El terapeuta ve las señales de ese dolor sepultado o anestesiado y, a partir de la observación de lo que puede emerger, guía al paciente para observar amistosamente su dolor. Solo así integraremos la parte de nosotros que sufre y seremos más nosotros mismos. En España aún no está tan arraigado el cuidado de nuestras emociones; en países como Argentina o ciudades como Manhattan ir al terapeuta es algo muy común.

¿Hay que llegar hasta la herida para vivir en la autenticidad?

Si. Para sobrevivir, huimos de lo que nos hace daño. Aislamos el dolor, nos desconectamos de una parte de nosotros mismos y así nos alienamos. Hemos de volver a conectarnos con las señales de nuestro cuerpo, porque las sensaciones y las emociones nos informan de cómo estamos y quiénes somos. Solo permitiendo a nuestro dolor expresarse podemos curarlo. La experiencia es siempre transitoria y en movimiento, pero el trauma ha inhibido y frenado la expresión natural de nuestra vitalidad.

¿La vulnerabilidad es nuestra mayor fortaleza?

Nuestras heridas, cuando sanan, permitirán la irrupción de cualidades como el amor, la alegría, el altruismo o la solidaridad. Todo esto nos hace fuertes, nos ayuda a ser más sensibles a las necesidades de nuestro entorno. Cuidando nuestro entorno crearemos un ambiente que también cuidará de nosotros. Lo que damos vendrá de vuelta. En nuestra cultura occidental hemos olvidado este principio, nos hemos convertido en depredadores y explotadores del otro y de los entornos.

Cuando crecemos en un ambiente de amenaza y peligro crónico, nuestros sistemas de supervivencia no maduran de manera integral

Mario C. Salvador

Especialista en psicología clínica

¿Cómo construimos nuestra fortaleza interna?

Como mamíferos humanos, estamos programados para buscar la conexión social.  Si nuestras relaciones de conexión son amables, reconfortadoras y protectoras, calmamos nuestro mundo emocional. Cuando las relaciones sociales fallan, nos retiramos de ellas y nos encaminamos a la autoprotección, la supervivencia y la desconexión (tanto social como de nuestra propia vulnerabilidad). A partir de aquí, nuestro sistema nervioso quedará sensibilizado y temeremos ser rechazados, juzgados o despreciados. Si el daño fue intenso y precoz en nuestra vida, podemos también desconectarnos de nuestro propio dolor. Esta es una de las secuelas del trauma emocional.

¿Por qué nos desapropiamos y cuáles son las consecuencias?

Pensemos en el niño muy pequeño: su reflejo de succión le lleva a buscar la conexión con la madre, pero si ésta no le recibe bien, no la encuentra o activamente le daña, se retirará. No obstante, está condenado a volver a buscar al mismo lugar -la mamá- porque no hay otra opción. Este proceso de acudir y encontrar algo que daña suele ocurrir millones de veces con un cuidador que a su vez está dañado. Así que el niño tratará de retirar sus necesidades de la búsqueda de contacto e intentará no necesitar. Tratará de amputar su parte vulnerable para no experimentar la sensación de que necesita del otro y no lo puede lograr.

¿En qué se basa la inteligencia para sobrevivir?

En las amenazas a las que nos enfrentarnos durante la vida. Son comunes a todos los mamíferos del planeta: el llanto para captar la atención del cuidador, la huida, la sumisión cuando no podemos con el otro, la muerte fingida (parálisis) y, por último, la congelación o hibernación de nuestras necesidades emocionales. Estas diferentes estrategias son secuenciales: cuando una no resuelve el problema se activa la siguiente. Una de las situaciones que determina el trauma emocional es que no hemos podido escapar de la situación, que el maltratador permanecía allí y que no había alguien que nos protegiese y apoyase. Cuando esto es así, acabamos sometiéndonos, o congelando nuestro mundo de necesidades para vivir con lo mínimo. 

Tenemos que explorar el efecto que tiene nuestro comportamiento en los demás: pensar por qué se quejan repetidamente los otros de nosotros

Mario C. Salvador

Especialista en psicología clínica

Háblanos de los mil otros que nos habitan, más allá del ego. ¿Son algo así como las mil caras del héroe?

Sabemos que cuando un ser humano crece en un ambiente de amenaza y peligro crónico, sus sistemas de supervivencia no podrán madurar de manera que tengan un funcionamiento integrado. Nuestro sentido del yo se fragmenta en diferentes partes, estados del yo o sub-personalidades, que están en conflicto en nuestra vida interna.

Esta es otra forma de hablar del trauma emocional: es una guerra interna dentro de nosotros, entre partes que viven con dolor -emocional o físico-, ese miedo o terror de quedarnos solos, vergüenza, depresión,... Y otras partes que tienen juicios duros, hostiles o que quieren olvidar o distraerse, que nos culpan internamente o desconfían de los demás, queriendo protegernos de volver a sufrir daños. También hay otras que quieren dar una buena imagen de nosotros, al precio de ocultar nuestra naturalidad y espontaneidad.

A veces, algunas partes pueden incluso no ser conscientes de las otras. Esas personas que dicen: ‘me sale esto, pero no soy yo’. Todos tenemos, en algún grado, un mundo interno en conflicto, con intereses separados.

¿Cómo llegamos a reconocer nuestra fortaleza interna?

Suelo decir que el primer libro que deberíamos de leer es el libro de nuestras relaciones. Cómo nos estamos relacionando hoy en día con nuestras personas más íntimas: la pareja, los hijos, los amigos. Tenemos que cultivar los espacios para la escucha interior y explorar el efecto que tienen nuestros hábitos de comportamiento en los demás: pensar por qué se quejan repetidamente los otros de nosotros.

En las parejas es frecuente que las mujeres se quejen de que el hombre no se deja ver o está ausente … y los hombres de que la mujer le demanda. Este tipo de conductas y las quejas de los demás nos hablan de sus heridas y de cómo tratan de protegerse. 

¿Qué hay que trabajar para pasar de la supervivencia al bienestar?

La tarea de nuestra vida es aceptarnos. Eso implica abrazar también nuestras heridas, que nos cuentan la historia de cómo hemos tenido que adaptarnos a las circunstancias que vivimos y los asuntos dolorosos que quedaron inconclusos en nosotros. Todas las decisiones de supervivencia (callar, aguantar, pasar desapercibidos, o lo contrario, mostrarnos arrogantes, presuntuosos …) hablan de cómo compensamos algo que duele en nuestra vida interna.

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