Las Claves
- El hallazgo de la biota de Huayuan en China revela fósiles de tejidos blandos tras la extinción masiva del evento Sinsk.
- Los depósitos de Hu
Hace cerca de 513 millones de años, en el momento en que la fauna comenzaba a colonizar los océanos, la Tierra experimentó una perturbación biológica de gran calado. El mundo sufrió entonces la primera desaparición masiva del Fanerozoico, llamada evento Sinsk. Aquella crisis resultó tan severa que, por el volumen de géneros extintos, se asemeja a los grandes cataclismos biológicos que tendrían lugar mucho más tarde. Un reciente depósito de fósiles hallado en el sur de China facilita actualmente el estudio de las consecuencias posteriores, cuando los ecosistemas del mar procuraban estabilizarse lejos de las zonas costeras.
Este descubrimiento, publicado en Nature, detalla la biota de Huayuan, una agrupación sumamente variada de fósiles de tejidos blandos de comienzos del Cámbrico, preservados en depósitos oceánicos de gran profundidad. El análisis proporciona una gran cantidad de taxones inéditos reconocidos y una visión nunca antes vista sobre la reestructuración de la fauna oceánica después de ese primer evento de extinción.
Un portal hacia el Cámbrico remoto.
Gran parte del conocimiento acerca de la explosión cámbrica —esa etapa, ocurrida hace entre 540 y 500 millones de años, cuando aparecieron casi todos los principales linajes animales de hoy— proviene de depósitos fósiles muy específicos. Lugares tales como Chengjiang y Qingjiang, situados en China, o el famoso esquisto de Burgess, localizado en Canadá, han facilitado la recreación de entornos biológicos íntegros debido a la preservación de seres con tejidos blandos. No obstante, todos estos se originaron en aguas marinas de escasa profundidad, próximos al litoral.
Huayuan constituye un sitio paleontológico ubicado en la región de Hunan, en China, el cual se encontraba en una zona de plataforma oceánica exterior, distante del litoral, que bajaba hacia el talud continental a profundidades superiores. Resguarda una comunidad biológica marina de hace aproximadamente 512 millones de años, justo después del suceso Sinsk, cuyos orígenes precisos continúan bajo discusión, aunque abarcan periodos de anoxia en aguas poco profundas, variaciones en el nivel oceánico y transformaciones químicas a escala mundial. Los sedimentos de esta naturaleza resultan sumamente inusuales, motivo por el cual este descubrimiento completa una brecha significativa dentro de la historia fósil.
Fuxianhuiid, un nuevo artrópodo con intestino preservado
Conforme a la investigación, el depósito ha brindado 153 especies animales, vinculadas a 16 linajes principales —como artrópodos, esponjas o cnidarios—, de las cuales el 59% son inéditas para la ciencia. La mayor parte no presentaba elementos rígidos, pero se han mantenido tejidos blandos e incluso configuraciones celulares, algo inusual en el registro fósil.
Los restos provienen del yacimiento de Renkupo, situado en la Formación Balang, lugar donde terminaron sepultados bajo unos 12 metros de piedras muy delgadas compuestas por lodo con gran cantidad de carbonato cálcico que se asienta de forma pausada en el lecho oceánico. Sus láminas de escaso grosor evidencian un proceso de sedimentación calmado que protegió los vestigios del contacto con el oxígeno y de los seres necrófagos.
El impacto dispar de una extinción planetaria.
Las conclusiones indican que el suceso Sinsk impactó de forma más severa en los hábitats de escasa profundidad en comparación con los abisales. “El evento Sinsk provocó una anoxia generalizada en los entornos marinos someros, lo que destruyó las biotas que necesitaban condiciones de alto oxígeno para sobrevivir”, señala Han Zeng, experto en paleontología y responsable primordial de la investigación, ante Guyana Guardian. Por el contrario, las especies de Huayuan habitaban “en un ambiente de aguas profundas, en el borde de la plataforma continental”, sitio en el cual el entorno resultaba más constante.
Distante de ser un ecosistema limitado, Huayuan muestra una sociedad biológica sofisticada. Comprende cazadores activos, tales como los radiodontos —ancestros antiguos de los artrópodos—, seres que filtran desde el lecho marino y una variedad de formas de vida que habitaban la zona pelágica. Sobresalen los tunicados, cuya nutrición transforma el carbono orgánico en suspensión en sedimentos que descienden con celeridad, un mecanismo esencial de los mares actuales que ya funcionaba hace más de 500 millones de años.
Vínculos de envergadura transcontinental
Este emplazamiento también proporciona indicios sobre la velocidad auténtica de restablecimiento tras una desaparición masiva. “La biota de Huayuan se formó poco después del evento de extinción Sinsk, lo que indica que el ecosistema se recuperó rápidamente de la crisis”, sostiene Zeng. No obstante, puntualiza que todavía se desconoce la duración de dicha mejoría. “Necesitamos encontrar capas de ceniza volcánica que nos permitan datar con mayor precisión la edad absoluta de los fósiles”.
Surusicaris, un artrópodo provisto de coraza descubierto únicamente en las lutitas de Burgess, que posee órganos visuales y tejido del sistema nervioso óptico asociado.
La investigación además manifiesta un vínculo asombroso entre Huayuan y depósitos situados en otros continentes distanciados por miles de kilómetros. “Nos sorprendió encontrar que la biota de Huayuan compartía tantos animales con el esquisto de Burgess”, admite Zeng. El motivo más probable, agrega, reside en la propagación de larvas. “Dado que las fases larvarias son comunes en los invertebrados marinos actuales, la mejor explicación es que las larvas de los primeros animales ya eran capaces de dispersarse mediante las corrientes oceánicas hace más de 500 millones de años”.
La biota de Huayuan aporta nuevos detalles sobre la restauración de los seres vivos tras un colapso masivo. Esta investigación señala que la diversidad biológica no resurge de manera homogénea o súbita, sino que localiza santuarios ambientales donde pone a prueba diferentes expresiones de vida.

