El único horno de Planoles cerrará por jubilación y busca relevo
Ripollès
El negocio, conocido como Can Quixal, busca a alguien que quiera mantener el servicio no solo en el pueblo, sino también en las localidades cercanas
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Leonor Bernat, copropietària de la fleca de Planoles

El único horno de pan de Planoles, en el Ripollès, cerrará próximamente por la jubilación de sus propietarios tras 38 años de actividad. El negocio, conocido como Can Quixal, busca a alguien que quiera coger el relevo y mantener el servicio no solo en el pueblo, sino también en las localidades cercanas. “Nos gustaría que fuera alguien que viniera a vivir aquí, que hiciera pueblo y formara una familia como hicimos nosotros”, explica la copropietaria Leonor Bernat.
Leonor Bernat tenía 22 años cuando decidió, junto a su marido Sebastià Quixal —hijo de una familia de panaderos—, dejar Sabadell para cambiar de aires y trasladarse a Planoles (Ripollès), cuando apenas había comercios y no existía ninguna panadería. Empezaron desde cero, adaptando un garaje como obrador y tienda, y con el tiempo sus productos artesanos, como magdalenas y carquinyolis, se convirtieron en un referente. Reconocen que es un oficio exigente por los horarios, pero aseguran que permite ganarse la vida y crear un fuerte vínculo con vecinos y visitantes.
Desde que anunciaron su jubilación, varias personas se han interesado por el negocio, aunque todavía no hay ningún acuerdo cerrado. Uno de los principales obstáculos es la falta de vivienda en el municipio, un problema que preocupa tanto a los propietarios como al Ayuntamiento. El alcalde advierte de que esta carencia puede frustrar una oportunidad para atraer nuevos vecinos y dar continuidad a un servicio básico para la zona.
El cierre del horno tendría impacto más allá de Planoles
Clientes habituales de pueblos cercanos recuerdan que es una panadería de referencia para todo el entorno y que, sin ella, tendrían que desplazarse varios kilómetros para comprar pan y otros productos artesanos. Destacan que no se trata solo de cubrir una necesidad básica, sino también de mantener un pequeño placer cotidiano muy valorado en la comarca.
Aunque la intención inicial era cerrar a finales de marzo, los dueños han decidido alargar la actividad hasta después de Semana Santa si no aparece un relevo, por responsabilidad con los clientes.
Mientras tanto, el consistorio reclama a las administraciones estatal y autonómica que desbloqueen con urgencia proyectos de vivienda, especialmente pisos públicos que llevan años cerrados, para facilitar la llegada de nuevas familias y evitar la pérdida de servicios en este pueblo del Pirineo.

