“El tabaco altera de forma notable la percepción sensorial”: cinco consejos para aprender y disfrutar de tu primera cata de vinos
Vinos
Las catas sirven para acercarse al mundo del vino de forma sencilla y progresiva y ofrecen una forma de aprender a disfrutar sin tecnicismos ni barreras

Hay trucos para empezar a iniciarse en la cata de vinos.
Durante años, el mundo del vino ha estado erróneamente asociado a la exclusividad de un mundo de expertos, lenguajes complejos y rituales aparentemente inaccesibles. Sin embargo, en la actualidad cada vez es más claro que esta percepción dista mucho de la realidad y se entiende el universo del vino como una expresión cultural y social, ligada al territorio, la gastronomía y al disfrute compartido.
Y por ello, lejos de ser un ámbito reservado a unos pocos, las catas se presentan como una de las puertas de entrada más sencillas y amables para todo aquel que tenga curiosidad y sin necesidad alguna de formación previa ni de grandes conocimientos técnicos.
Eso sí, hay quien se puede sentir indeciso o incluso un poco intimidado. Lo cierto es que estas experiencias, en las que impera el sentido didáctico, están pensadas para todos los públicos y gracias a ellas es posible aprender a identificar aromas, variedades y estilos con facilidad y sin prejuicios.
De esta manera, y poco a poco, el paladar se va educando, el olfato se afina y el vocabulario se amplía, demostrando que disfrutar del vino es solo una cuestión de experiencia, práctica y ganas de aprender. Por eso, hemos preguntado a Carmen Garrobo, directora de la Escuela española de cata y actual presidenta de la Asociación de Sumilleres Profesionales de Madrid-ASUMAD, para que nos dé algunas recomendaciones para disfrutar de una primera cata de vinos.
La importancia de los pasos previos
Hay algunas consideraciones iniciales que son importantes para que la experiencia sea totalmente satisfactoria. “Algo fundamental es que no haya ningún aroma externo que pueda interferir en la cata. Es importante evitar perfumes, productos de limpieza con olor o ambientadores, y por supuesto no fumar, ya que el tabaco altera de forma notable la percepción sensorial durante la cata”, señala Garrobo. Y es que no hay que olvidar que el olfato es uno de los sentidos más implicados en la degustación de un vino. Además, Garrobo también indica que, aunque se puede catar habiendo comido, pero “cuando el estómago está saciado nuestra agudeza sensorial disminuye”.
Orden y temperatura
A la hora de catar vinos es relevante tener en cuenta el orden y la temperatura de este. “La temperatura es clave, fíjate si es importante que una temperatura incorrecta puede hacer que un vino maravilloso se convierta en un producto ardiente, ácido y sin sentido”, advierte Garrobo. En cuanto al orden, se debe empezar primero por los vinos blancos y jóvenes, seguidos de los blancos con barrica.
A continuación, los rosados y los tintos jóvenes. Después, los tintos con crianza. “Aquí hay que tener cuidado: primero los más delicados y, al final, los más potentes y expresivos”, señala Garrobo. Y por último, los vinos dulces para los que también hay una matización a tener en cuenta: “si se armonizan con un postre, este debe tener un nivel de azúcar igual o superior al del vino”.
Vista, olfato y gusto
Las catas de vino se dividen, según explica Garrobo, en tres fases coincidentes con los tres sentidos implicados; la visual, la olfativa y la gustativa. En la primera, “observamos el vino en la copa. Nos fijamos en su color, su brillo y su aspecto general, ya que esto nos da pistas sobre cómo va a ser el vino, su estilo y si es joven o ha tenido crianza”, ilustra la experta.
La segunda fase, la olfativa, es aquella en la que se van identificando los aromas, que ayudan a determinar el tipo de vino que se está catando. “Por ejemplo, los aromas a fruta fresca suelen aparecer en vinos jóvenes; los aromas a fruta más madura en vinos con crianza; y los recuerdos a mermeladas o confituras suelen encontrarse en vinos con una crianza más larga o en uvas muy maduras. Los aromas tostados, ahumados o especiados nos indican que el vino ha pasado por barrica”, ejemplifica.
Una temperatura incorrecta puede hacer que un vino maravilloso se convierta en un producto ardiente, ácido y sin sentido
Y la última etapa, claro está, es la de probar el vino y, como se refieren los expertos, aquella en la que se comprueba cómo se comporta en la boca. “Aquí descubrimos si el vino es corto o largo y reconocemos los sabores básicos: dulce, salado, ácido, metálico, umami y amargo”, apunta Garrobo. En función de este comportamiento en boca, el vino puede resultar más o menos agradable.
Mejor sin comida
Aunque la experiencia de maridar comida y vino es más que recomendable a nivel general, lo cierto es que durante una cata es mejor no comer, si acaso limpiar el paladar con colines o pan de sabor neutro para evitar interferir en la percepción de aromas y sabores. “Si comemos durante la cata, muchos defectos pueden pasar desapercibidos. Una vez finalizada, ya sí comemos y bebemos para disfrutar de las armonías —o incluso de los ‘divorcios’— que se producen entre el vino y los alimentos”, recomienda Garrobo.
Aprender y disfrutar
El consejo más importante para acudir a una cata es ir con la mente abierta y ganas de aprender. Es normal que al principio cueste identificar aromas ya que cada nariz funciona de manera diferente y se necesita tiempo, práctica y entrenamiento para ir afinando este sentido. Lo mismo sucede con el gusto, aunque desde el principio cualquiera puede percibir si algo le gusta o no. Lo importante es que se acuda sin prejuicios, se pregunte cualquier cosa que se quiera saber y de disfrute de una experiencia que permanecerá durante mucho tiempo. “Cuando aprendes los parámetros básicos de la cata, ya no los olvidas. A partir de ese momento, cada vez que hueles un vino o cualquier otro producto, buscas el porqué de lo que percibes”, concluye Garrobo..



