Nutrición

¿Es más recomendable decantarse por un desayuno dulce o uno salado?

Mitos

Los expertos en dietética afirman que los alimentos con azúcar generan una saciedad reducida y elevan la ingesta calórica.

“Ni el pan engorda ni la fruta es perjudicial”: un análisis científico desmiente los conceptos erróneos vinculados a los hidratos de carbono

Desayuno saludable.

Desayuno saludable.

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Existen interrogantes de resolución bastante compleja, tales como: ¿qué individuos poseen mayor bondad, los estadounidenses o los rusos? Una réplica factible señalaría que todo está sujeto al temperamento y la forma de ser de cada estadounidense y de cada ruso. Lo propio sucede con diversas comparativas: ¿qué resulta preferible para el desayuno, un croissant o una ensaimada?, ¿el salchichón o la mortadela?, ¿las galletas o las magdalenas?, ¿el pan blanco o el pan de molde?, ¿el muesli o los copos de avena?, ¿el zumo de naranja o el de arándanos? (sobrepasar los 125 o 150 ml diarios de zumo deja de ser saludable, más allá del gusto del jugo o de si su origen es fabril o artesano). 

Quizás por ello, al trasladarle la duda sobre si es preferible un desayuno dulce o salado al dietista-nutricionista Juan Revenga, este contesta que se refiere a “una discusión bizantina”, o sea, “una pregunta que se enreda en aspectos poco significativos”, según menciona la RAE, para tapar conflictos de mayor envergadura.

“Aunque nos devanemos los sesos intentado responder cuál es el sexo de los ángeles, se trata de una discusión estéril”, agrega el colaborador de la obra Con las manos en la mesa. Para Revenga, este interrogante evoca cuestiones similares tales como: ¿el azúcar moreno es más saludable que el blanco?(Esta es una respuesta factible: lo fundamental no radica en la tonalidad del azúcar, sino en ingerir una dosis superior o inferior, un hecho que ocurre frecuentemente con el integral, debido a que se ha extendido la idea de que resulta preferible pese a que las variaciones nutritivas entre los dos sean insignificantes). “Este tipo de discusiones, tan habituales hoy día, no llevan a ningún sitio y descontextualizan sobre lo más importante”, puntualiza. “Cada vez que abrimos la boca para comer, con independencia de tratarse del desayuno, la comida o la cena, hay que elegir alimentos saludables”, menciona el creador de la bitácora El nutricionista de la general.

Abrir la nevera y aprovechar alimentos ya preparados el día anterior puede ser una opción más saludable y práctica para el desayuno que recurrir a productos ultraprocesados 
Recurrir a la nevera para ingerir alimentos preparados con antelación representa una opción más saludable y simple para la comida inicial que elegir productos ultraprocesados. Carlos Gawronski

Revenga comienza puntualizando diversas nociones. No es cierto que el desayuno constituya la ingesta principal de la jornada, tal como el sector agroalimentario nos ha persuadido por mucho tiempo, ni hay alimentos específicos (ya sean de sabor dulce o salado) que resulten particularmente adecuados para finalizar el periodo de ayuno de la noche.

De acuerdo con Revenga, la primera comida no es el momento alimenticio más relevante del día ni hay productos determinados, dulces o salados, que sean idóneos para concluir el periodo de ayuno nocturno.

“Hay que desechar los prejuicios que nos han inculcado y hacer como en Japón, Brasil o Rumania, donde el desayuno se asemeja mucho a la cena del día anterior”, considera este docente de la Universidad Internacional de Valencia. En realidad, cuando se le pregunta acerca de cómo aplica sus propias enseñanzas, Revenga admite ingerir por la mañana desde vainas verdes hasta una porción de tortilla de patata de la jornada previa, incluyendo arroz con lentejas, pan con tomates cherri y unas gotas de aceite de oliva virgen, e incluso caldo de pescado en ocasiones.

Una porción de tortilla de patatas del día anterior puede formar parte de un desayuno saludable, al igual que cualquier otra comida casera, sin necesidad de distinguir entre dulce o salado. 
Una porción de tortilla de patatas del día anterior es capaz de formar parte de un desayuno balanceado, al igual que ocurre con diversas recetas caseras, sin necesidad de establecer distinciones entre alternativas dulces o saladas. 

“Nos han metido en la cabeza que los alimentos que tomamos para comer y cenar no son adecuados para desayunar, pese a ser mucho más saludables, sabrosos y rápidos (pues los tenemos ya hechos en la nevera…) que las opciones más industriales”, señala este especialista en biología y nutrición titulado por la Universidad de Navarra que vive en Zaragoza.

Por otro lado, al decidirse por alguna de las dos alternativas más frecuentes (pese a no ser las más sanas…), aquellas personas que ingieren alimentos azucarados por la mañana (bollería, cereales con azúcar, etc.) Tienden a incorporar cerca de 300 kilocalorías adicionales frente a quienes prefieren opciones saladas (habitualmente, carnes frías, aguacate, huevos, etc.)

Aquellas personas que consumen alimentos dulces como bollos o cereales azucarados tienden a ingerir hasta 300 kilocalorías adicionales en comparación con quienes prefieren una opción salada.

En cuanto a este tema, las primeras comidas azucaradas, por su gran aporte de carbohidratos simples, no satisfacen el apetito, “por lo que es habitual volver a tener hambre al cabo de poco tiempo”, apunta Revenga. Asimismo, fomentan una mayor inclinación hacia los comestibles muy dulces durante el resto del día.

Sin embargo, si esto ocurre después de ingerir el habitual café con leche junto a tostadas con mantequilla y mermelada o la clásica pieza de bollería, el panorama de un desayuno salado no resulta tan opuesto como el día y la noche, sino que es, en todo caso, algo superior, aunque siempre dependiendo de los ingredientes seleccionados y no tanto de su sabor dulce o salado. 

Los profesionales de la nutrición señalan, por ejemplo, que ingerir embutidos diariamente no es una práctica sana (lo sugerido es no exceder los 30 o 40g de jamón, salchichón, etcétera, por porción, lo cual corresponde a dos lonchas de jamón o seis de salchichón, y no consumirlos más de tres veces por semana). Resulta también fundamental que el pan sea integral (por su aporte de fibra), pese a que Revenga recalca que el pan no constituye el pilar fundamental de la alimentación, sino que es meramente un acompañamiento básico, incluso en su versión integral. En conclusión, el punto clave no es decantarse por un desayuno dulce o salado, sino garantizar que los productos escogidos para iniciar la jornada sean genuinamente saludables.