Ana Barba, psicóloga: “Una relación no tiene que ser horrible para tener que dejarla, y es que a veces no te vas porque el otro haga mal todo, sino porque no te hace bien lo suficiente”
RELACIONES
Muchas veces la permanencia en pareja responde al bienestar personal o al miedo a perder la relación

Confusión en una relación de pareja

En una relación de pareja, muchas personas dudan a la hora de tomar decisiones importantes porque no todo es negativo. Junto a los conflictos y las dificultades, también existen momentos de afecto, complicidad y estabilidad que pesan en la balanza. Esa mezcla de luces y sombras puede generar confusión y hacer que el cambio resulte difícil, incluso cuando algo ya no funciona del todo.
Ana Barba es una psicóloga que, a través de las redes, aborda temas relacionados con las relaciones humanas, la comunicación emocional y la salud mental. En uno de los vídeos de su canal de TikTok ha reflexionado sobre aquellas relaciones en las que los momentos buenos no ocultan la sensación persistente de que algo no encaja: “Que una relación tenga cosas buenas no quiere decir que te esté haciendo bien”, empieza diciendo.

La experta señala que es importante saber valorar las relaciones que aporten cariño y momentos de gran conexión. Sin embargo, muchas veces esconden un sentimiento que puede ser difícil de ver: “Una relación empieza a no hacerte bien cuando te sientes más alerta que en calma, te adaptas más de lo que eliges o piensas más en no perder la relación que en cómo te sientes dentro de ella. No tiene que haber un daño grave para que algo no sea sano para ti”, advierte. En estas situaciones, Ana nos recomienda plantearnos una serie de preguntas.
¿Cómo me siento la mayor parte del tiempo dentro de la relación?
Si la mayor parte del tiempo te sientes tranquilo, valorado y libre para ser tú mismo, es una señal de que la relación aporta estabilidad emocional. Pero si lo que predomina es la tensión, la duda, el cansancio emocional o la sensación de estar en guardia, aunque existan momentos felices, conviene detenerse a escuchar ese malestar. A menudo normalizamos la incomodidad porque hay cariño, costumbre o recuerdos compartidos, pero el cuerpo y las emociones suelen dar información más honesta que la razón.

¿Estoy siendo más yo o menos yo desde que estoy aquí?
Las relaciones sanas no nos piden que dejemos de ser quienes somos para funcionar. Deberían ser un espacio donde podamos reconocernos con mayor claridad y coherencia. Escuchar esta respuesta con honestidad es un paso importante para entender si el vínculo suma o resta a tu identidad.

¿Lo bueno me compensa o únicamente me justifica el quedarme?
A veces no nos quedamos por lo que vivimos ahora, sino por lo que fue, por lo que podría ser o por el miedo a soltar. Distinguir entre compensación y justificación ayuda a entender si la relación te sostiene o simplemente te retiene.
Ana termina argumentando por qué una relación no necesariamente tiene que ser horrible para tener que dejarla: “A veces no te vas porque haga mal todo, sino porque no hace bien lo suficiente”, termina diciendo. Permanecer en un lugar que no duele, pero tampoco nutre, puede convertirse en una forma silenciosa de renuncia. Reconocer que algo no hace bien lo suficiente también es una razón válida para elegir irse.
