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Aslane, repartidor de 24 años: “Mi trabajo es esclavitud moderna, pero está bien pagado y lo prefiero a quedarme en casa”

EMPLEOS

El joven es consciente de la dureza de su empleo, pero afirma que es feliz con este estilo de vida

Repartidor de comida a domicilio

Repartidor de comida a domicilio

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Ser repartidor de comida a domicilio es un trabajo que exige resistencia física, mental y emocional. Desde la mañana hasta la noche, bajo lluvia, frío o calor extremo, cada pedido es una carrera contra el reloj, un equilibrio constante entre velocidad y seguridad. La carretera, la calle, la acera: todo se convierte en un escenario donde un pequeño descuido puede costar caro.

Aslane es un joven de 24 años que trabaja como repartidor independiente de comida a domicilio en Paris. En una entrevista para 'Le Monde' ha hablado de la realidad y la dureza que supone este tipo de trabajo: “Es difícil estimar con precisión lo que gano mensualmente. Puedo llegar a ingresar 2.500 euros si trabajo a fondo todos los días, pero también hay meses de 1.800 euros o incluso en los que cobro solo 600 euros”, empieza diciendo. 

Un rider de Glovo realiza un reparto por una ciudad de España
Un rider de Glovo realiza un reparto por una ciudad de EspañaGetty Images

“A mi madre no le gusta mi trabajo de repartidor porque puedes tener un accidente en cualquier momento”

Durante la entrevista, Aslane explica que cuenta con el Bachillerato STMG (Sciences et Technologies du Management et de la Gestion). Se trata de una modalidad del bachillerato francés orientada a la gestión, la economía y el mundo empresarial. Durante dos años, combina materias como economía, derecho, contabilidad, marketing, gestión de recursos humanos e informática aplicada, preparando a los estudiantes para analizar, organizar y tomar decisiones en contextos empresariales. A pesar de ello, fue rechazado en la especialidad que buscaba y empezó una Licenciatura en Geografía y Ordenación del Territorio. Terminó abandonando sus estudios por falta de interés.

Pronto comenzó a conocer a amigos que trabajaban como repartidores y decidió probar fortuna: “Necesitaba el dinero y me encanta ir en scooter. Para ser repartidor basta con ser mayor de edad, tener un vehículo autorizado, un smartphone y registrarse en una plataforma como microempresario”, explica. 

Repartidor entregando paquetes 
Repartidor entregando paquetes iStock

El joven defiende que no contar con un salario estable no supone una molestia. Tampoco tiene reparos en admitir hacer triquiñuelas para poder vivir de manera tranquila: “Con una facturación de 2.000 euros, a veces solo declaro 800 o 100. Todo el mundo lo hace porque los impuestos son demasiado altos. Además, no puedo permitirme trabajar sin descanso durante dos meses seguidos porque no sería capaz de aguantarlo física ni mentalmente”, admite. 

En un estudio reciente realizado con 953 repartidores de comida a domicilio, se encontró que el 73,9 % presentaba niveles moderados de burnout, mientras que el 21,9 % sufría niveles altos, y únicamente el 4,2 % mostraba niveles bajos de agotamiento. Este estudio, publicado en 'Frontiers in Public Health', analiza cómo factores como la presión de tiempos estrictos, la gestión algorítmica, la monotonía del trabajo y la exposición a clientes exigentes contribuyen al agotamiento emocional, la despersonalización y la reducción de la sensación de logro personal en este sector. Los autores destacan que el burnout entre repartidores es un problema significativo de salud laboral en la economía de plataformas digitales, que afecta tanto la salud mental como física de los trabajadores

Repartidor utilizando el GPS de su smartphone 
Repartidor utilizando el GPS de su smartphone Dani Duch

Aslane vive con sus padres y sus hermanas en el Distrito 14 de París. En el seno de su familia modesta es un tabú hablar de dinero: “Nunca he sabido cuánto ganan mis padres pero nunca me ha faltado nada. A mi madre no le gusta mi trabajo de repartidor porque puedes tener un accidente en cualquier momento. Es una forma de esclavitud moderna, pero está bien pagado y lo prefiero a quedarme en casa”, confiesa. 

Sus gastos están perfectamente controlados. El seguro de su moticicleta tiene un precio de 45€ al mes y cuenta con un presupuesto para gasolina de 70€ a la semana. Sus otros gastos se reparten entre la compra (50€), la comida rápida (40€) y las veces en las que sale a tomar copas con los amigos durante tres veces por semana (60€).

Un repartidor a domicilio en las calles de Barcelona
Un repartidor a domicilio en las calles de BarcelonaLluis Gene / AFP

Actualmente, ha encontrado trabajo como recepcionista de un hotel, cobrando el salario mínimo: “No me exige mucha energía, pero no podría hacer solo esto porque es un poco aburrido y relleno los huecos con repartos. Creo que repartiré toda mi vida...bueno, al menos hasta cumplir los 30 años por lo mucho que me gusta el trabajo”, termina diciendo. Esta elección refleja cómo las prioridades y motivaciones personales pueden superar los desafíos laborales, y cómo la felicidad no siempre depende de la comodidad, sino de la percepción de control y propósito en el trabajo diario.

Christian Jiménez

Christian Jiménez

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Redactor especializado en redes sociales, tecnología, tendencias virales y del mundo del entretenimiento