Las Claves
- Ferran Palau estrena el disco Aniversari feliç buscando una estructura mínima al eliminar la batería y el bajo de sus temas.
- El artista de Collbató
Ferran Palau festeja sus 43 años el siguiente 24 de enero con el estreno de una producción discográfica titulada Aniversari feliç, que evoca tanto un instante especial como la pena por un ser querido que ya no está. Se trata de una ambigüedad característica de este creador de letras enigmáticas y armonías etéreas, que en su octavo proyecto personal diluye el folk al eliminar la batería y el bajo para hallar la estructura mínima de sus temas. Asimismo, busca encarar el padecimiento que ha anulado su capacidad auditiva en un lado y deteriora poco a poco el otro, generándole una molestia aguda frente a cualquier estruendo.
Constituye el pilar de la búsqueda iniciada para redescubrirse mediante memorias, vivencias y ficciones con las que elabora emociones. “Cuando noto algo que me emociona, aunque no sepa exactamente por qué ni entienda toda la historia, tiro de este hilo”, explica el artista de Collbató convertido en esta ocasión en un espectro, aquel que figura en la carátula del álbum, una estampa que vinculada al concepto de la efeméride le generó la zozobra, el enigma del cual nació el trabajo discográfico.
El concepto del espectro remite a la noción de ausencia en un tiempo donde se exige gran visibilidad a los creadores, “ser muy pesados”. Esto contrasta con el estilo de Palau, que evita mostrar su cara en los discos, si bien es su figura la que se resguarda tras la tela. “Me interesa el misterio de no mostrarme, prefiero la espalda que la cara”, explica mientras descansa en las dependencias de la firma The Orchard situadas en el corazón de Barcelona.
Esta aparición se vincula igualmente con la transformación que el artista ha realizado en este álbum con el fin de simplificar los niveles de su obra, “una depuración, un desnudarse para buscar el núcleo de lo que hago, lo máximo de lo que puedo desprenderme” comenta al tiempo que gesticula figuras en el aire. “Es como un personaje al que le quitas la ropa, la piel, la carne y los huesos y al final queda el alma, la cosa más pura”. Sin poder definir aquello que ha descubierto, Palau se refiere a la autonomía, “sentirme ligero y crear una música ingrávida, flotante. No se exactamente lo que he encontrado, pero me gusta la idea de no depender más que de mis canciones para ser yo mismo”.
Principalmente, se ha buscado distanciarse de la sonoridad desarrollada con su primo y productor, Jordi Matas, la cual definió su labor en El Petit de cal Eril, eligiendo en su lugar un folk concebido como la eliminación de ornamentos y elementos superfluos en las composiciones. “La canción por la canción, sin más historias”. Por este motivo, prefirió “podar el jardín” al prescindir tanto del bajo como de la percusión. Tal como expresa el verso inicial del álbum: “I calaré foc a tantes coses”, un concepto que, aun sin pretenderlo, terminó por marcar sus propósitos. La labor técnica de Martí completó el proceso, “él me da un entorno de confianza, necesito intimidad para hacer música porque lo siento como algo muy confesional”. Al colaborar con él percibe “como su tuviera una burbuja delante, yo aporto la canción y él crea el planeta donde la canción habita”.
“Llevaba años con este formato más pop de banda con bajo, guitarra y batería, y desde mi último disco no sabía a dónde dirigirme”, aclara, “no estaba ilusionado con este formato”. El remedio surgió al recordar el pasado, sus labores iniciales junto a su primo “¿Cuántas opciones teníamos?” Se cuestiona extendiendo los brazos. “Después vino el pop metafísico, pero podríamos haber elegido otra, y pensé ¿Por qué no tirar atrás?”.
En este ciclo reciente Jordi Martí le brinda apoyo con la guitarra barítono, cuyo efecto de reverberación le facilita construir los entornos acústicos que cubren las piezas sin requerir teclados o sintetizadores. Bruna González al violonchelo y Marcel·lí Bayer con la flauta cierran el conjunto que posibilita que Palau se note liviano y suelto, desprovisto de la protección que dan el bajo y la batería, aun cuando esto le cause una leve debilidad. “Sé que cada uno puede cargar con su instrumento a la espalda y así ir a cualquier sitio a tocar”, arte sonoro esencial cobijado por la interpretación vocal de Palau, que en este trabajo resalta más de lo frecuente, “Tengo mucha influencia del hip hop y el soul, donde los fraseos de voz tienen mucho ritmo”.
La razón adicional para decidirse por este minimalismo acústico son las complicaciones de oído que Palau sufre desde los 20 años y que le causan alteraciones al oír ruidos específicos: “Los entornos de ruido, la gente gritando, los conciertos con el volumen fuerte, el sonido de un motor, incluso guardar platos en la cocina”, aclara mientras enseña los protectores que siempre porta para prevenir dichos momentos. “La gente alucinaría si escuchara lo que yo escucho durante los conciertos”.
Tras pasar una larga etapa en el pop de banda, ignoraba qué rumbo tomar después de mi último disco.
Este padecimiento ha afectado su forma de crear música, y habiendo superado aquella etapa inicial donde la percibía como una tragedia, actualmente la considera una posibilidad para abordar su trabajo de forma distinta. “Durante un tiempo tuve mucha urgencia de crear porque pensaba que me quedaría sordo enseguida”, comenta, “pero no hay un pronóstico claro de cuándo me quedaré completamente sordo”. Tras dos décadas dedicadas a la composición, “me siento en paz con este tema, me lo tomaría como el inicio de una nueva etapa”.
Es posible que esa fascinación por lo fantástico y el realismo mágico que emanan sus temas surja de los mutismos forzados, “poner cosas imposibles en entornos cotidianos”. De ahí que prefiera conversar con la precipitación, tal como ocurre en Que no plogui tan fort, una pieza motivada por la Dana de Valencia que transmuta en una charla con el entorno natural. “Me gusta tener una relación de tú a tú con lo que te envuelve, conversar con el día o el cielo, esta relación con los elementos naturales da mucha vida”.
En el polo opuesto, aborda la defunción en Bang Bang, con raíz en un crimen sexista, o Jo al teu lloc, fundamentada en un caso de eutanasia, si bien resulta complejo hallar el rastro de estas nociones en sus versos. “Me encanta que haya una historia detrás de la canción, pero no me interesa explicarla”, vocablos que en su técnica de creación se sitúan en el inicio de las piezas, cual simientes sembradas para que se desarrolle un árbol “y se haga fuerte”.


