Bad Bunny contra Trump: el enfrentamiento simbólico del SuperBowl.
Un show con mensaje
El artista boricua utilizó su intervención para transmitir proclamas políticas frente a la Casa Blanca y Trump afirmó que ha resultado ser “una afrenta a la grandeza de América”
Bad Bunny resalta durante su presentación en el Super Bowl una visión de América que va más allá de EE.UU.

Bad Bunny con la bandera de Puerto Rico en su show en la Super Bowl

Las cuestiones políticas volvieron a infiltrarse en el espectáculo musical de la SuperBowl, transformado desde que Donald Trump asumió el mando en un escenario para consignas indirectas, y contestado en este momento con la acostumbrada astucia del mandatario de Estados Unidos. Al igual que realizaron previamente Jennifer López, Eminem o Kendrick Lamar, Bad Bunny se integró en esta dinámica alegórica en la cual los intérpretes emiten proclamas de protesta o juicios contra el racismo como tema central empleando la puesta en escena como herramienta.
Durante su presentación de 2020 con Shakira, López interpretó sus temas acompañada de menores enjaulados, una alusión directa a las medidas de Donald Trump durante su gestión inicial de apartar a los descendientes de inmigrantes indocumentados de sus progenitores y recluirlos en celdas de forma inhumana. Transcurridos dos años, Eminem se arrodilló para rememorar la manifestación del mariscal de campo Colin Kaepernick, el cual realizó dicha acción al escucharse el himno de EE.UU. En respaldo a la causa Black Lives Matter. Tal determinación provocó su salida definitiva de la competición de fútbol americano luego de que los San Francisco 49ers anularan su vínculo laboral y ninguna otra franquicia mostrara interés en contratarlo.
No fue la ocasión inicial en que el asunto racial tuvo eco en la SuperBowl, espacio donde en 2016 Beyoncé homenajeó a los Panteras Negras al lucir ella y su elenco de baile un vestuario que evocaba el color negro de la agrupación paramilitar constituida en 1966. Son reivindicaciones de gran peso alegórico pero moderado calado retórico, que de una u otra forma eluden cruzar la delicada frontera que podría transformarlos en parias del sector, los patrocinadores y todo el entorno que rodea a este evento autodenominado –omitiendo olimpiadas o torneos mundiales de soccer ¿qué es eso?- como la emisión con mayor seguimiento a escala global.
De igual forma procedió este domingo el conejo malo, reciente vencedor del Grammy al mejor álbum y primer músico latino en obtenerlo: en su breve periodo de protagonismo en el Levi’s Stadium de Santa Clara potenció simbólicamente los discursos que ya había manifestado de viva voz al aceptar el citado galardón. A la vez que cantaba Tití me preguntó, Baile inolvidable o NuevaYol, Benito Ocasio exhibió sus raíces portorriqueñas, protestó por los frecuentes fallos eléctricos en la isla empleando postes de luz que soltaban chispas, resaltó la influencia latina en Nueva York y deploró, con el apoyo de otro boricua como Ricky Martin, la turistificación de su tierra.
No obstante, subrayó que América no finaliza en el Río Grande al rodearse de las enseñas de todas las naciones que integran el continente, mientras afirmaba que “todo el mundo quiere ser latino” en una actuación que empleó el español casi por completo. El residente de la Casa Blanca debió ver con malos ojos un evento que, por su mera existencia, ya resultaba ofensivo para gran parte de los ideales del movimiento MAGA. Dos días después de difundir un tuit (que luego suprimió) en el que retrataba a Michelle y Barack Obama como simios, Trump describió como “repugnante” y “absoluta vergüenza” el show de Bad Bunny.
“Nadie entiende una palabra de lo que ha dicho este chico”, señaló Trump mediante sus plataformas digitales acerca de la función que describe como “uno de los peores que jamás se ha hecho” y “un bofetón en la cara de Estados Unidos”. No mencionó nada sobre Green Day, el grupo encargado de iniciar el evento tocando entre distintas piezas American idiot, canción que la banda de California suele utilizar en sus actuaciones para criticar a Trump, si bien en esta ocasión solo cantaron los versos iniciales creados en el 2004.
“Soy anti-ellos”, manifestó el mes previo el mandatario de EE.UU. Acerca de Green Day y Bad Bunny al ser interrogado sobre su intervención en la SuperBowl, una resolución que definió como “terrible”, ya que “lo único que hacen es sembrar odio”. Por ello rechazó estar presente en la final de fútbol americano tal como hizo el año pasado, cuando resultó ser el primer presidente de EE.UU. En asistir a la cita. En aquel entonces no rechazó la puesta en escena de Kendrick Lamar, quien junto a SZA y el artista Samuel L. Jackson encarnando al Tío Sam evocó las disparidades que, históricamente, ha experimentado la población negra en su territorio durante y tras el periodo de esclavitud.
No obstante, actuó con la cautela necesaria para evitar que Trump se sintiera agraviado y terminara exigiéndole al artista el Pulitzer con el fin de añadirlo a su repertorio de galardones no obtenidos. Una verdadera destreza para eludir restricciones que, a pesar de todo, brinda una mayor autonomía comunicativa de la que permiten organismos como la FIFA o la UEFA establecidas en la habitualmente más avanzada Europa.

