Cultura

¿Acaso no resultan todos nuestros cuerpos singulares?

Mercat de les Flors

El artista Antonio Ruz presenta ‘Norma’, una pieza que examina la presión de ajustarse a los patrones de lo normal.

Una escena de Norma , la nueva coreografía de Antonio Ruz

Una escena de Norma, la nueva coreografía de Antonio Ruz

REDACCIÓN / Terceros

Para el coreógrafo Antonio Ruz, la normalidad no es una categoría neutral ni fija, sino una construcción impuesta desde el exterior. Así lo expone en Norma , su obra más reciente, que se presenta desde mañana hasta el sábado en el Mercat de les Flors. Una pieza de danza contemporánea que explora los mecanismos de inclusión y exclusión a través del cuerpo y el movimiento.

Al iniciar sus labores en Norma , Ruz ya había estado meditando largamente acerca del concepto de lo normal. Durante el desarrollo de su creación surgió un componente imprevisto. “Cuando ya estaba decidido que íbamos a investigar sobre ello… encontré un cuaderno mío que tenía mi madre en una mochila”, comenta. Dentro de aquel cuaderno de juventud, redactado a sus 17 o 18 años, encontró una expresión que reflejaba perfectamente su indagación: “Quiero ser normal”. “Es una frase bastante dura. Un chico en plena salida del armario, con toda la vergüenza, culpa y dificultad que acarrea… y poner eso en un diario me marcó mucho”. Lejos de ser el punto de partida de la pieza, ese apunte resultó ser la ratificación personal de una interrogante que le había seguido durante mucho tiempo.

Esta pieza trata asuntos que resultan conmovedores para

Ese apunte, redactado hace ya varios decenios, le impacta intensamente en la actualidad. Ruz se identificó con aquel apremio juvenil y comprendió que la interrogante permanecía vigente. “Todos nos hemos sentido en algún momento fuera de lugar”, sostiene, seguro de que lo normal constituye una noción imprecisa y sumamente influenciada por la perspectiva de los demás. Según su visión, no se trata de un atributo personal, sino de un calificativo impuesto por terceros: “La normalidad es algo que viene dado por los demás, por la gente que te mira o te juzga”.

Ruz percibe una colectividad regida por lo superficial y con opiniones crecientemente divididas, en la cual el límite entre lo normativo y lo distinto está supeditado al entorno, al círculo social o al núcleo familiar. “Siempre ha habido una rara o un raro en un grupo”, comenta, sabiendo que dicha vivencia afecta sobre todo a la juventud, aunque no se restringe a un grupo de edad específico.

El coreógrafo reconoce que el proceso le obligó a situarse en un terreno inestable, sin garantías de éxito, apostando por una exposición mayor del cuerpo y de la emoción. El resultado es una obra que combina escenas de belleza única con universos extraños y momentos incómodos, donde el espectador puede verse reflejado o interpelado. “Ha sido casi un exorcismo”, confiesa. Una manera de sacar miedos, inseguridades y culpas, pero también de reivindicar en escena una energía más lúdica, colorista y exuberante.

La diversidad corporal se sitúa en el corazón de la propuesta. Se presentan cuerpos y formas de expresión que se alejan de un solo canon. Cruza entre lo bello y lo extraño, lo sublime y lo ridículo. Ruz menciona una intimidad casi voyeurística: como asomarse por una mirilla a escenas privadas que, de repente, se exponen ante un teatro lleno.

La labor de creación se ha originado constantemente en lo físico. Dentro de esta obra, la colaboración con los artistas investigó diversas condiciones físicas: la anatomía animal, la figura distorsionada, la fisionomía biónica, la corporalidad travestida. “Un cuerpo de pie en un espacio vacío ya está diciendo algo”, afirma el creador.

Los pasajes que el coreógrafo elige de Gregorio Aspeteguía se incorporan como sugerencias poéticas, fragmentos que evocan sensaciones sin definir del todo su significado.

En este contexto, Norma puede interpretarse como un punto de inflexión. Impulsa una transformación en el lenguaje estético, sin perder su identidad distintiva. Tras su estreno en el Mercat de les Flors, el coreógrafo regresará a Barcelona con La nit de Sant Joan en el Gran Teatre del Liceu, una iniciativa de naturaleza histórica y pedagógica que se desarrollará durante el mismo mes junto a su coreografía más reciente.

Si Norma pudiera resumirse en una sola interrogante, Ruz no tiene dudas: “¿Acaso no somos todos únicos?”. Y la respuesta a esa pregunta busca ser una idea que persista en el público al dejar el teatro. Se reduce a: libertad. La libertad de existir, de manifestarse y de habitar su propio cuerpo sin temor.