Cultura

Nadine Sierra y Ludovic Tézier ¡Pura belleza! (★★★★✩)

Crítica de ópera

Nadine sobresalió por encima del estado de majestad del barítono Tézier por un charme de verdadera diva

Nadine Sierra y Ludovic Tézier, durante el recital en el Liceu

Nadine Sierra y Ludovic Tézier, durante el recital en el Liceu

Sergi Panizo / Liceu

Nadine Sierra y Ludovic Tézier

★★★★★

Lugar y fecha: Gran Teatre del Liceu, 
Barcelona (18-02-26)
​I ntérpretes: Nadine Sierra, soprano. Ludovic Tézier, barítono. Véronique Werklé, piano.

La soprano Nadine Sierra y el barítono Ludovic Tézier protagonizaron otra noche para el recuerdo en la larga lista de las veladas del Liceu de las voces. Un triunfo de dos artistas en estado de gracia y la consolidación de dos divos muy vinculados al teatro de las Ramblas que rubricaron un recital donde la expresión puro candor de Sierra y la potencia controlada de Tézier dominaron un recital de poco menos de dos horas.

A su lado, mencionar con honores la elegancia y sensibilidad de la pianista francesa Véronique Werklé, largamente vinculada al Liceu como repertorista y asistente musical quien demostró su maestría en su solo de la Méditation de Thaïs de Massenet.

Pero si hay que destacar un nombre de esta noche memorable es de nuevo el de La novia del Liceu, Nadine Sierra, la cantante estadounidense, quien ya ha protagonizado seis óperas en las temporadas liceístas, un Requiem de Mozart y ahora su segundo recital.

La voz está en un momento glorioso, sonora, de emisión inmaculada, agudos luminosos, un centro carnoso y una expresividad contagiosa donde los colores, legato y control de los resonadores rubrican la que es la mejor soprano lírica actual. En la memoria quedan su aria final de Juliette de Gounod, una Gilda ideal en su dúo con el Rigoletto incólume de Tézier o un Depuis le jour de la ópera Louise de Gustave Charpentier que solo cantan así las grandes.

Hay que remarcar que Nadine sobresalió por encima del estado de majestad del barítono Tézier, no solo por cantar arias de una dificultad mayor, también por un charme personal de verdadera diva.

Ludovic Tézier, cumplidos los veinte años de su debut liceísta, en 2006 como Lescaut pucciniano, y después de haber cantado ocho óperas en el teatro, mostró un instrumento lustroso, de una firmeza y poderío vocal propio del mejor barítono francés de los inicios del s.XXI. Mostró su magnifico fraseo en arias de su lengua natal, Scintille diamant de Les contes d’Hoffmann de Offenbach o la rareza de un aria-lied como fue el Davant la maison de La damnation de Faust de Hector Berlioz. 

Pero también su dominio del repertorio italiano en dos roles como Rigoletto, del que cantó parte del dúo con Gilda, con la intensidad verdiana de una voz ideal para el rol, ¡lástima no haber cantado la cabaletta! Y cómo no, en un Dio di Giuda, del Nabucco, papel que ha debutado hace poco en Nápoles, que moldeó con la nobleza de los grandes barítonos verdianos de la historia.

Parte del dúo Germont-Violetta de La Traviata final, mostraron a dos maestros de la lírica antes de una deseada tanda de bises. Una hermosa versión de Bésame mucho, con Nadine acompañada por su actual pareja, el contrabajista Marc André, de arreglo propio, el aria Zazà Zazà, piccola zingara de la ópera Zazà de Leoncavallo con un Tézier torrencial y el dúo Là ci darem la mano del Don Giovanni para cerrar una velada inolvidable.