‘Soumsoum, la nuit des astres’, cine místico de Chad en la Berlinale
Festival de cine de Berlín
“Como director africano, tengo derecho a rodar ficción; todo lo que cuento no es etnografía”, avisa el cineasta Mahamat-Saleh Haroun

El cineasta Mahamat-Saleh Haroun, flanqueado por las actrices protagonistas de la película, en Berlín

En una aldea remota de Chad, una joven de 17 años, huérfana de madre, experimenta visiones extrañas que no acierta a comprender. Entonces conoce a una mujer excluida, dueña de secretos dolorosos, a la que el jefe de la aldea quiere expulsar, y ambas se entregan a un mundo místico de relación con los difuntos en un entorno desértico y rocoso.
Soumsoum, la nuit des astres , del cineasta franco-chadiano Mahamat-Saleh Haroun, desplegó este jueves en la Berlinale, el festival de cine de Berlín, un relato sobre la muerte y las premoniciones que no dejó indiferentes a la prensa en el Berlinale Palast, sede de las proyecciones de las 22 películas a concurso esta es una de ellas– que compiten por el Oso de Oro y los Osos de Plata. Los premios se fallan el sábado.
La película, una coproducción de Francia y Chad hablada en francés y en árabe chadiano, se beneficia de una serena fotografía, con paisajes de bella y áspera naturaleza bajo un cielo azul clamoroso. Que la trama esté ambientada en un lugar del vasto continente africano, con mujeres de poderes sobrenaturales y con rituales sobre los muertos, no debe tomarse como una realidad, advirtió su director en rueda de prensa.

“Estamos hablando de un imaginario. No hay que reducir todo lo que se ve aquí a un documental; esta es una película de ficción. Hay que aceptar que, como africano, tengo derecho a rodar ficción, y que todo lo que cuento no es en realidad una etnografía de lo que ocurre en Chad”, dijo Haroun, de 64 años, de los que lleva más de 40 viviendo en Francia.
En su filmografía de una decena de largometrajes -dos de ellos fueron premio del jurado en Cannes y en Venecia–, Haroun intenta llevar al público internacional la complejidad de su país natal, Chad, dentro de un continente visto por la audiencia occidental como un todo uniforme, repleto además de clichés. Se le vio hastiado de que tener que recordar que África no es un país. “Los africanos no somos todos de la misma cultura, aunque tengamos el mismo color de piel”, suspiró.
El continente, visto por la audiencia occidental
“Los africanos no somos todos de la misma cultura, aunque tengamos el mismo color de piel”, suspiró Haroun, hastiado de tener que recordar que África no es un país
A su lado asentían las dos intérpretes principales, Maïmouna Miawama, que da vida a la joven Kellou, y Achouackh Abakar Souleymane, que encarna a Aya, la mujer sabia que le aclara el porqué de las visiones. Además, recalcó Haroun, “el poder patriarcal no está arraigado solo en mi país, sino que, como otros poderes patriarcales, puede encontrarse en todo el mundo”.
Además de Soumsoum, la nuit des astres , otra película africana compite por los Osos en la Berlinale. Es Dao , del director franco-senegalés Alain Gomis, una coproducción de Francia, Senegal y Guinea-Bissau que habla de familia y legado combinando una boda francesa con una celebración guineana. Del Magreb participa À voix basse , de la directora tunecina Leyla Bouzid, un filme de Francia –presente en todas estas coproducciones– y de Túnez.
Este jueves, penúltima jornada de presentaciones, se proyectó además la cinta austriaca The loneliest man in town , un híbrido de documental y ficción firmado por los directores Tizza Covi y Rainer Frimmel sobre el músico de blues Al Cook, quien se interpreta a sí mismo.

