Miguel Molina (Lloret de Mar, 1989) es uno de los máximos exponentes –el otro es Àlex Palou– de que para triunfar en el automovilismo no hay que pasar por la Fórmula 1. Hay vida más allá. Él ha encontrado su lugar en las carreras de resistencia; este 2025 se ha proclamado campeón del mundo de constructores con Ferrari en el FIA WEC (Mundial de resistencia) y el año pasado ganó las 24 Horas de Le Mans, el tercer español en lograrlo después de Marc Gené y Fernando Alonso.
El efecto de Le Mans
“Ganar las 24 Horas fue como quitarme una mochila de encima, de dudas e incertidumbre”
En 1999 empezaba a competir en karting, y en el 2004, con 15, a correr con monoplazas y entraba en el programa Joves Pilots del Circuit de Catalunya y el RACC. ¿Se imaginaba acabar donde está ahora?
Cuando empecé no me esperaba estar donde estoy porque no conocía la resistencia. De pequeño tienes obsesión por ir a la F-1, pero estos años han ido cambiando muchas cosas. Ahora estoy en el mejor lugar donde podría estar. Desde el 2010 soy piloto profesional –cuándo entró en el DTM–, desde el 2017 soy piloto de Ferrari, y desde el 2023 corro en la máxima categoría de la resistencia, Hypercar. Así que hace 15 años que me dedico exclusivamente a esto, viviendo de lo que me gusta, no me lo imaginaba. Puedo decir que estoy muy satisfecho de estos 20 años y pico que hace que compito con monoplazas.
¿En qué momento se da cuenta de que la F-1 es un sueño y que hay que ser realista y buscar otra vía?
En 2009, antes de firmar por Audi como profesional. Las opciones de ir a la F-1 se apagaron, justo cuando tenía una buena oportunidad. Me pedían mucho dinero.
¿Cuánto?
Había hablado con Force India, pero hubo otros pilotos que llevaban mucho más dinero. Me pedían unos 12 o 14 millones de euros por una temporada. En aquel momento salió la opción de correr con Audi en el DTM, el campeonato alemán de turismos. Nunca me obsesioné con la F-1 porque me atraía más poder empezar a trabajar de piloto, ser profesional.
Viendo la trayectoria de sus coetáneos del programa Joves Pilots donde solo uno corrió en la F-1 ( Jaume Alguersuari), ¿cómo calificaría aquella generación?
De éxito, totalmente. Todos los que en la actualidad somos pilotos profesionales, quitando a dos o tres como Fernando Alonso y Carlos Sainz –que no son catalanes–, salimos del programa Joves Pilots: Dani Juncadella, Albert Costa, Àlex Riberas, Àlex Palou...
Solo Palou y usted han alcanzado éxitos destacados.
Sí que es cierto, porque hemos logrado dos de las tres carreras más importantes del automovilismo, las 500 Millas y las 24 Horas de Le Mans. Es para estar muy orgullosos del programa y de todo lo que se hizo. Después, mantenerse en este mundo es muy complicado.
Usted ha acabado encontrando su lugar en los Hypercar, en la especialidad de resistencia. ¿Por qué encaja tan bien aquí?
Creo que es mi lugar. Cuando entré en los GT (en el 2017) desconocía totalmente la especialidad, pasé de ser un piloto que competía solo a hacerlo en equipo, con dos o tres pilotos más. En el momento que estoy, con 36 años, y el rol que tengo con mis compañeros, compartiendo mi experiencia con Nicklas ( Nielsen) y Antonio (Fuoco), dándoles tranquilidad y consejos, es donde mejor puedo estar. Me siento muy cómodo, estoy muy contento de lo que estoy viviendo y disfrutando en el automovilismo, y los resultados están bien, los mejores de mi carrera.
Y además está en una casa singular como Maranello. ¿Qué tiene de especial ser piloto Ferrari?
Es muy difícil describirlo, porque sobre todo en Italia la marca Ferrari se vive con mucha pasión, en todos los sentidos, en resultados, en el día a día, en el trabajo que haces. En cualquier momento estás expuesto a la mirada de todo el mundo. En Ferrari tienes que ir a ganar. Se vive tan intensamente y con tanta pasión que todo se magnifica. La marca es tan grande que está por encima de cualquier piloto. Todo piloto querría en algún momento vestir de rojo.
¿Qué exigencia se marca después del título de constructores y de las 24 Horas de Le Mans?
Ser campeón del mundo de pilotos es nuestro gran objetivo del 2026. Llevamos tres años en la categoría hypercar y siempre hemos estado entre los tres primeros (terceros en el 2023 y 2025, y segundos en el 2024). Ahora nos falta el título. Debemos dar más importancia al título de pilotos.
¿Qué le supuso personalmente ganar las 24 Horas de Le Mans?
Fue como quitarme una mochila de encima, de dudas, de incertidumbre, porque nunca había logrado un resultado tan importante. Es muy difícil de conseguir, pero alcanzar un resultado de esta magnitud te quita todo tipo de dudas. Te dices “ Soy capaz de ganar una cosa tan importante como las 24 Horas de Le Mans”, una de las carreras más importantes, en la categoría reina, y además con un Ferrari. Es cuando toma sentido todo el que has hecho desde los siete años, tantos fines de semana fuera de casa, tantos sacrificios, sobre todo cuando tienes familia. Es una recompensa muy grande.
¿Qué dudas tenía?
El deporte de alto nivel, en general, es muy complicado, y te entran muchas dudas. Estuve muchas veces a punto de dejarlo. Tuve momentos difíciles, primero al empezar a correr en los monoplazas (2004). Teníamos una ayuda del programa Joves Pilots, pero no cubría el 100% y mi familia no tenía suficientes medios para que siguiera compitiendo. En el 2009, mi equipo, a media temporada de las World Series (de Renault 3.5) desapareció. Todavía están buscando al propietario. En aquellos momentos no sabes qué hacer. Cuando consigues un resultado como las 24 Horas, todo aquello ya no tiene importancia.
Como piloto de casa, ¿cómo ve que el GP de F-1 de Barcelona pase a hacerse en alternancia?
Lo más importante es que la F-1 se quede aquí, por todo lo que comporta para el Circuit, para Barcelona y Catalunya, y para España.

