Tras la revolución, evolución

¿Es un Barça más bello? No. ¿Más espontáneo? No. ¿Más divertido? Tampoco. Pero sí es un equipo más camaleónico, más polivalente y con menos dientes de sierra. Sus puntos altos no son tan altos pero sus socavones tampoco son tan profundos. Tras la revolución de la temporada pasada Hansi Flick está aplicando la evolución. Ante nuevas necesidades, nuevas soluciones. Claro, el Barcelona ha cambiado cuando ha tenido disponibles a Raphinha y Pedri o cuando ha recuperado una versión desequilibrante de Lamine Yamal. Cuando se le juntaron todos los problemas físicos, incluida la operación de Joan Garcia, tuvo que aplicar el manual de supervivencia. “El equipo mejorará”, prometió el técnico tras la dura derrota en Stamford Bridge.

Dicho y hecho. Sin dar exhibiciones pero recobrando las coordenadas y el espíritu. Primero tuvo que superar el problema de los egos que amenazaba con envenenar el vestuario tras una temporada triunfal. Después se levantó tras encadenar partes médicos y más adelante ha impuesto una regularidad matemática pasmosa. Tiene mérito que sin haber podido disponer casi nunca, y menos en plenitud de condiciones, de la delantera titular del pasado ejercicio el Barça haya retomado la cabeza del campeonato. Es reseñable que tras perder al bastión de la defensa el pasado verano el entrenador haya sabido ir tocando las teclas hasta conseguir aumentar la solidez del colectivo. De su mano ha crecido un comodín como Eric Garcia, vital en cualquier posición en la que actúe y ahora instalado en el centro del campo, y con su confianza se ha vuelto más útil un chico como Gerard Martín, por el que pocos apostaban y menos como central zurdo.

Alcanzar la brillantez del primer año es complicado, pero, como en el amor, tras la primera vez puede llegar una madurez muy conseguida.

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