Escribo, todavía, bajo la pesadumbre del adiós inesperado de Carles Vilarrubí, una de las personas que más influyeron en mi carrera periodística desde que coincidimos a finales de 1983 en una recién nacida Catalunya Ràdio. Se incorporaba como secretario general, y un servidor ejercía, con tan solo 26 años, como jefe de deportes. Su llegada a la emisora fue todo un baño de realidad en un proyecto en el que prevalecía más la ilusión de sus integrantes que decisiones coherentes de sus dirigentes. Tras más de tres largos meses de escuchar cantos de sirena, sin cobrar un solo céntimo y ser engañados con falsas promesas, Vilarrubí llegaba para poner orden en aquel descontrol. En la redacción fue bautizado por Pep Morell y Santi Carreras como “el hombre del maletín”.
Pronto se dejaron ver los efectos de su presencia. Poco a poco fuimos llamados a su despacho, para que Elvira, la paciente secretaria, fuera tomando nuestras filiaciones y poder firmar un contrato. Todavía recuerdo la cara de susto que puso Jordi Basté, que estaba haciendo el servicio militar como voluntario por las mañanas en el sector aéreo, cuando le comunicó que también iba a ser admitido, fuera de plazo, como fijo en plantilla. “No se lo digas a nadie”, le dijo con tono amenazante. A lo que el nen le respondió interrogante: “¿Ni a mis padres?” Era un diamante en bruto al que no se podía dejar escapar.
Debido a su filiación culé llegó a ser el portero del equipo de hockey hielo del Barça. Establecí con Carles una gran complicidad. No había día que no bajase a su despacho para ponerlo al corriente de las últimas novedades.
Me acompañó a Bilbao en mi primer desplazamiento como narrador de los partidos de fútbol. Era en plena crisis con los vascos, después de que Goikoetxea lesionase de gravedad a Maradona. Vilarrubí se interpuso con un provocador seguidor del Athletic cargado de kalimotxos , que no paraba de insultarme desde el primer minuto de partido. Y me hizo viajar a Londres, donde estaba haciendo un máster, para ponerme al corriente, en persona, de las conversaciones que mantenía para fichar a Puyal. A cambio, se comprometió conmigo para poder locutar todos los partidos del Barça de baloncesto. Así es como nació la basquetmania.
Siempre reconoció que los tres años que estuvo en Catalunya Ràdio fueron los tres más apasionantes de su diversa trayectoria profesional. Lo marcaron para siempre, y se puede afirmar que con el esfuerzo de todos y el liderazgo de Vilarrubí se pusieron los fundamentos de la “Ràdio Nacional de Catalunya”.