Todos los pericos sabíamos que te ibas.
No somos ingenuos. En el fútbol moderno ya no hay espacio para el romanticismo o las fidelidades inquebrantables. Estabas en el radar de equipos muy potentes y el precio de tu cláusula, por debajo de tu valor de mercado. Además, vuestras carreras profesionales son cortas e inciertas.
Lo sabíamos y lo entendíamos. Lo teníamos asumido.
Incluso nos alegrábamos por ti. Habías conquistado nuestros corazones con un rendimiento extraordinario y una conducta intachable. Apareciste siempre cuando el equipo te necesitó. Respondiste bajo presión. Competiste con orgullo. Y defendiste la portería como si fuera más que un puesto de trabajo. Algo que te valió una muy potente conexión emocional con la grada.
Además, a diferencia de otros, te ibas dejando en la caja un dinero fundamental para poder mantener piezas clave del equipo.
Por todo eso, te despedimos como te despedimos después de ese partido agónico contra Las Palmas que nos dejaba en Primera. Muy agradecidos. Y orgullosos de ti. Solo faltaba saber dónde ibas a recalar.
Lo último que imaginábamos es que acabarías eligiendo el FC Barcelona, nuestro eterno rival.
¿Cómo poder imaginarlo después de aquella vuelta de honor en Cornellà, besando el escudo una y otra vez? Reconocerás que ese no fue un gesto menor. Como tampoco lo fueron tus palabras, reiterando tu amor, gratitud y compromiso eterno con el club. Fueron actos cargados de simbolismo. De esos que, en un club como el nuestro, que tú conoces tan bien, no pasan desapercibidos y no se prestan a determinadas interpretaciones. De ahí la sensación unánime de estar asistiendo a una historia distinta. Pero con tu decisión nos dejaste perplejos. Lo rompiste todo en mil pedazos.
Fue un pésimo final para una película que había sido extraordinaria. Un gran desengaño. Aun así, sepas que te estaré siempre agradecido, Joan. También por nuestro ilusionante presente. Y el sábado no te pitaré ni insultaré. No puedo sentir rabia, y muchísimo menos odio, hacia ti. A diferencia de muchos de mis consocios, eso me resulta imposible.
Pero no esperes mi aplauso.