Caen bombas estadounidenses a escasos kilómetros y María Corina Machado, premio Nobel de la Paz, acaba de hacer escala nocturna en una playa curazoleña durante su osada “evasión” desde Caracas a Oslo. Pero esas noticias, antes del ataque estadounidense de ayer a la vecina Venezuela (a solo 50 km de su costa), son anécdotas en esta pequeña isla de las Antillas holandesas.
Para los 159.000 curazaleños, la historia de portada es el fútbol. Se acaba de conocer el sorteo para el Mundial del 2026, y a la selección de Curaçao -el país más pequeño de la historia en clasificarse para la fase final- le ha tocado Alemania.
El seleccionador Dean Gorre y los jugadores celebran la clasificación para el Mundial
En el pequeño estadio, con aforo para solo 10.000 espectadores, una decena de periodistas rodea al presidente de la Federación de Fútbol local, Gibert Martina, lanzando preguntas en papiamento, el idioma criollo de las colonias holandesas en el Caribe, improvisado por los esclavos durante tres siglos de terror. “Unda i ki dia pa Alemania?”, preguntan. “En el Estadio Shell Energy de Houston, el 14 de junio”, responde Martina, que acaba de regresar de Washington.
Dirigiéndose a la prensa extranjera, el presidente no habla de David y Goliat sino del sistema holandés contra el alemán: “Yo preveo un empate; tenemos un sistema de juego hecho por Dick Advocaat (exentrenador de la selección holandesa) que siempre prepara a sus equipos para lograr resultados; si se puede, ganar, si no, empatar, pero jamás perder”.
Anuncio de la Federación de fútbol de Curaçao en Willemstad: Una isla, un sueño
Curaçao no perdió un solo partido en las eliminatorias clasificatorias, en las que se enfrentó a Bermudas, Trinidad y Haití. Las celebraciones eufóricas de la llamada ola azul se produjeron tras un empate a cero en noviembre contra Jamaica que garantizó la clasificación.
En el Mundial 2026, después de medirse con Alemania, la selección de esta excolonia holandesa parcialmente independizada en el 2010 y de superficie menor que Ibiza irá a por la victoria contra Ecuador (Kansas City, 21 de junio) y Costa de Marfil (Filadelfia, 25 de junio).
Entrevista a Gilbert Martina, presidente de la Federación de Fútbol de Curaçao
El ‘totaalvoetbal’ y el ‘jogo bonito’ se juntan en el fútbol de esta excolonia holandesa a 60 km de Venezuela
Advocaat, que tomó las riendas en Curaçao hace dos años a los 76 años, ha aportado eficacia y resultados. Pero fue Patrick Kluivert, el crack de aquel Barça de 1998 de Rivaldo y Figo, el entrenador que realizó la innovación clave para el ascenso de Curaçao a las alturas del Mundial norteamericano: buscando talento curazaleño en Holanda, “Kluivert inició la apertura del fútbol de aquí hacia los Países Bajos aprovechando la diáspora local”, dice Martina.
Solo uno de los jugadores, el maestro del regate Tahith Chong, delantero del Sheffield United, es de la isla. El resto -al igual que Kluivert- nació en Holanda, hijos de curazoleños. Así se corrige una injusticia, dice Martina. “Hay cuatro curazoleños en la selección holandesa, empezando por los hermanos Timber”.
Con una victoria en la Copa Caribe y la clasificación para la Copa de Oro en 2017, Kluivert sentó los cimientos. Adoptó lo esencial del totaalvoetbal holandés, construyendo el juego desde atrás, manteniendo la posesión, el balón por el suelo, triangulaciones... Remko Bicentini —también de origen curazoleño— y Guus Hiddink siguieron. Pero Advocaat ha aplicado la fórmula ganadora.
Los jugadores de Curaçao celebrando la clasificación mundialista en una rúa en Willemstad, el pasado 19 de noviembre
Holanda aporta los conocimientos, los sistemas de juego y excelentes escuelas de fútbol para los miles de jóvenes curazoleños que van a Holanda para estudiar. Pero para encontrar el verdadero secreto futbolístico de esta isla de arena blanca, agua azul turquesa y arrecifes de coral, hay que recorrer el viejo triángulo trasatlántico de la época colonial que conecta Rotterdam, las Antillas holandesas y la costa de África del Oeste.
Al igual que en el caso de Surinam, otra antigua colonia holandesa entre Brasil y Venezuela, cuya diáspora engendró prodigiosos talentos como Frank Rijkaard, Ruud Gullit y Virgil Van Dijk, los grandes futbolistas curazoleños son descendientes del estimado medio millón de esclavos del oeste de África traficados a partir de la creación de la Compañía de las Antillas Holandesas en 1621.
El jogo bonito y el totaalvoetbal se juntan en el fútbol de esta ex colonia holandesa a 60 km de Venezuela
“Un hombre y una chica, intercambiados por un rollo de tabaco, una pipa de coral, una pistola, tres sables, dos pañuelos y tres jarras de ron”, se explica en holandés en el museo Kura Hulanda en el centro de Willemstad, la capital. Al lado: una caja llena de grilletes.
Grilletes de esclavos en el museo Kura Hulanda en Willemstad
Ahora el tráfico va al revés y Curazao es la cantera de jugadores para la liga holandesa y otras europeas, revalorizados y vendidos con excelentes márgenes de beneficio. Los cazatalentos de Feyenoord o PSV pululan como colibríes por la isla. Aunque se habla mucho de los jugadores de béisbol procedentes de la isla que han destacado en la MLB, el fútbol siempre ha sido el deporte de la calle. “La selección holandesa viene en gran parte de aquí”, dice Dwight Rufiola, el veterano periodista deportivo. Gracias a la clasificación de este año, Rufiola cree que más jugadores optarán por jugar para Curaçao en lugar de para Holanda.
En realidad, Brasil, más que Holanda, ha sido la referencia futbolística para los jóvenes negros que juegan en las calles de Willemstad. No es casualidad que los dos hermanos Bacuna, centrocampistas en la selección, tengan nombres brasileños: Juninho y Leandro, puestos por un padre, otro futbolista curazaleño, enamorado del jogo bonito.
Rignand Jeanne Francisca y Dwght Rufiola en el aeropuerto de Curaçao
“Antes éramos todos de Brasil en Willemstad, ahora somos todos de Curaçao”, explica un guardia de seguridad en el resort Coral Estate, donde los turistas holandeses pagan por copas de curaçao azul con florines ya inexistentes en Holanda.
“El fútbol brasileño, si miras bien, es lo que inspira las jugadas del curazoleño: técnica individual; y ya después, las disciplinas para que entiendan que es un deporte de equipo”, dice Rufiola en una entrevista mantenida en el pequeño aeropuerto. Sontje Hansen, de 23 años, jugador del Middlesbrough, que destacó por su técnica en la banda contra Bermudas, será el arma letal, sostiene.
Contra Alemania, “vamos a jugar compacto, pero la mejor defensa es el ataque”, coincide Rignand Jeanne Francisca, sentado al lado, que presidió la federación de fútbol durante 19 años. “No tenemos miedo”, añade y los dos sueltan una exuberante carcajada afrocaribeña.
