Frenkie De Jong no deja indiferente a nadie. Ni a sus defensores ni a sus detractores. ¿Es el holandés un jugador estructural en este Barça? No. Su peso en el equipo no llega a la importancia de Pedri, Raphinha, Lamine Yamal, Eric Garcia o Joan Garcia pero entonces... ¿Por qué juega con todos los entrenadores? ¿Por qué todos los compañeros le destacan? Respuesta: porque es un jugador importante para el juego ofensivo azulgrana y porque es un futbolista con muchas virtudes ocultas, de esas que no impactan directamente en el gol, pero que son decisivas para que el equipo se instale en el último tercio del campo.
De Jong no pierde balones: sus compañeros se refugian en él cuando tienen una emergencia
De entrada, De Jong tiene una calidad técnica excelente. Algo que le sirve para no perder balones. O lo que es lo mismo, un destinatario donde se refugian sus compañeros cuando tienen una emergencia. Su ratio de acierto es del 94,3%, el segundo de la plantilla por detrás de Pau Cubarsí. Después, porque junta al equipo cuando repite pases con algún jugador cercano acumulando control. Permite que la defensa salga de atrás, que se asiente en territorio adversario y que se coloque adecuadamente para las vigilancias defensivas. Eso también son factores que favorecen a la presión después de pérdida, algo en lo que el Barça es muy eficiente y que es vital para Hansi Flick. Por lo tanto, el neerlandés es decisivo para que el Barça sea el conjunto que más tiempo pasa en campo adversario (34% del total).
Su mejor virtud es la conducción, maniobra en la que es de los mejores del mundo
También tiene especial química con el faro del equipo: Pedri. Se entienden y se buscan en el campo (en la final ante el Madrid acumularon un total de 177 pases y sólo erraron diez). Sus intercambios posicionales son constantes y diluyen las estructuras de los oponentes planteándoles dilemas defensivos permanentes. Y lo explotan porque ambos pueden jugar tanto en la primera altura del centro del campo (posición de seis) como en la segunda (posición de ocho). Además, De Jong tiene la capacidad de asumir presiones individuales y recibir el balón igualmente para dar continuidad a la jugada.
De Jong se anticipa a Vinícius en un lance de la final de la Supercopa
Pero su mejor virtud es la conducción. Una maniobra en la que es de los mejores del mundo y que ha aprendido a seleccionar. La ha abandonado como hábito y la emplea, ahora sí, para batir líneas adversarias o para iniciar transiciones. La jugada que acaba en falta de Bellingham en la final es la mejor prueba de ello.
Y justo por ello también hay que resaltar la mejora que el neerlandés ha tenido con Flick. Ya la temporada pasada, el técnico le pidió que jugara a menos contactos y lo hizo. Que no se incrustara entre centrales como inercia sino sólo cuando fuese necesario y también lo adquirió. Y en los últimos partidos se ha aplicado mucho más en una de sus debilidades: los retornos defensivos. Un factor en el que aún debe mejorar pero en el que está en evidente progresión. Se va de esta Supercopa con doce recuperaciones (seis en la final) como el mediocampista que más.
Hansi Flick lo tiene claro, el techo del Barça está con Frenkie de Jong al lado de Pedri en la base del juego.

