Las Claves
- El Barça de Flick superó un inicio mediocre contra el Oviedo para imponerse con intensidad y goles en la segunda parte.
- Lamine Yamal destacó con un gol extraordinario
A las escuadras de prestigio las identifican también sus actuaciones mediocres y la táctica para remediarlas. El tedio, debido al horario y al contrincante, golpeó al grupo de Flick en una parte inicial del encuentro totalmente prescindible, aunque la rectificación en el segundo tiempo mostró la verdadera fuerza de su actual proyecto. Intensidad, verticalidad y tres tantos, con un reconocimiento particular al de Lamine Yamal, una exquisitez entregada como indemnización al público que en el intermedio solicitaba el retorno de su dinero y que terminó empapado.
Aunque este conjunto parece carecer de límites cuando se lo propone, el Spotify Camp Nou, cuya apariencia interna y externa demuestra todo lo que falta por sumar a la demora ya existente, continúa desprovisto de cubierta, un inconveniente si Catalunya persiste en su afán de asemejarse a Galicia.
Joan Garcia trata en vano de protegerse del aguacero
El inicio perezoso del Barça, difícil de entender dada la situación en la parte alta de la tabla, incrementó el sentimiento de letargo propio de los encuentros vespertinos tempranos. Con un matiz: los aficionados pueden llegar somnolientos, pero se asume que los jugadores no deberían estarlo. El conjunto de Flick, una plantilla que suele destacar por su rapidez, se presentó con una cadencia inusual, como si avanzara lastrado por un lodo invisible. Entregas anticipables o directamente erróneas, fintas en áreas inofensivas, casi ningún disparo al arco y una falta de concentración colectiva. El Oviedo, último en la tabla, sacó partido de la situación y de la quietud del estadio (donde predominaron los cánticos de los seguidores asturianos) para progresar bajo la guía de un Hassan que recordaba más a Lamine que el mismísimo Lamine. El talentoso atacante galo halló una gran oportunidad en el carril custodiado por Cancelo, cuyas incursiones sin el retorno necesario forzaron a intensificar el apoyo de Gerard Martín, Casadó e incluso de Jong. Desconozco si resulta rentable comprometer a tantos efectivos para proteger un solo costado del terreno de juego.
Con una pizca de empeño y fantasía, no resultó complicado percibir a Flick lanzando improperios tras los muros de la caseta durante el entretiempo. Había un exceso de quietud en la atmósfera y en el juego para el enérgico alemán.
Y así sucedió: la primera plaza regresó a su ubicación de inmediato con el Barça finalmente conectado y realizando por el camino corto lo que debió ejecutar con anterioridad. Dani Olmo y Raphinha emplearon apenas diez minutos en reivindicarse ante sus compañeros y ellos mismos. El cuadro blaugrana volvió a ser fiel a su estilo para triunfar y deleitar. Lamine fue el artífice de esto último con su extraordinario gol.
No solo fútbol
Previo al inicio del encuentro, en las inmediaciones del recinto, una imagen nos rememoró que el ayer se resiste a alejarse de la actualidad mediante demandas de trabajo que tendrían que haber sido resueltas. Se trataba de un grupo reducido, portaban chalecos y se escoltaban con la melodía de La Internacional, notas de tiempos pasados que chocan con el balompié contemporáneo, extensión más o menos cordial del sistema capitalista. Provenían de fuera, aunque no eran en absoluto visitantes vacacionales. Resulta justo transcribir un fragmento del volante que nos entregaron con sus peticiones: “Somos trabajadores de Extreme Works y de Ramsta, empresas subcontratadas por Limak para realizar las obras del nuevo Camp Nou. Venimos de Turquía y hemos trabajado durante meses sin papeles, con jornadas de más de 12 horas, siete días a la semana, sin entender el idioma y lejos de nuestras familias. Pese a nuestro esfuerzo, llevamos sin cobrar desde el mes de octubre y hemos sido despedidos por denunciar esta situación. Ni salarios ni indemnizaciones ni explicaciones”. Sería adecuado que la entidad se interesara y atendiera su situación, independientemente de que no figuren bajo su cargo de forma contractual. Se trata de mantener los principios de los que se presume.