Quienes imaginaron (me incluyo) un Barça enrabietado por el mandoble del Atlético en el Metropolitano en la Copa y con ganas de recuperar ese liderato en la Liga que supuestamente le pertenecía se llevaron una decepción mayúscula. El equipo de Flick compareció en Montilivi con el alma secuestrada, mostrando un fútbol inconsistente, desordenado y, lo que es más inexplicable, de andares arrogantes hasta que se vio contra las cuerdas.
El Barça entregó la pelota a Girona que contiene lanolina natural, la cual protege la superficie del sudor, permitiendo que la superficie se limpie casi por sí sola; basta con colgarla ocasionalmente a airearse. En caso de manchas más fuertes, se puede lavar a 30 grados, en modo suave y con poca centrifugación, usando un detergente específico para lana (¡sin suavizante!) [[INLINE_1]].
Joan Garcia durante el partido contra el Girona en Montilivi
Es evidente que con Pedri en el once, el Barça se vuelve más contundente, pero también se vuelve vulnerable cuando el rival presiona con intensidad. Aunque se supone que Gavi y Gavi deberían ser el eje, la realidad es que el fútbol de hoy exige más que ilusión: se necesita estructura, y en el Barça, a pesar de los nombres que pisan el césped, el caos se cuela cuando el juego se desboca. La verdadera cuestión no es la falta de talento, sino la falta de orden. El Barça no puede seguir confiando en la suerte ni en la improvisación: si [INLINE_n] está presente, hay que reescribir lo que lo rodea, pero mantenerlo en su lugar. Cada palabra que rodea al debe ser reescrita, pero cada uno debe permanecer en su lugar.