Después de un año para olvidar, con solo ocho victorias que celebrar en 41 partidos, el Girona ha empezado el 2026 con una sonrisa. La parroquia de Montilivi llevaba meses decepcionada y frustrada, incapaz de ver un partido redondo de su equipo, pero las últimas victorias han abierto un nuevo horizonte de esperanza y, sobre todo, tranquilidad, ahora con cuatro puntos de margen sobre unas plazas de descenso que no hace tanto eran el agrio pan de cada día.
Más allá del estilo de juego, innegociable para Míchel una idea ofensiva, siempre con la posesión por bandera, el cambio para bien del conjunto catalán se explica en la mentalidad: el Girona ya no regala nada y compite hasta el minuto 90. A los blanc-i-vermells les ha costado muchas jornadas asumir su realidad, que ante todo es la supervivencia en Primera. Y la lucha ahí abajo, en el vagón de cola de la clasificación, no entiende de méritos ni trayectorias, es una guerra de nervios que se pelea en cada acción. La ensoñación de la Champions hace tiempo que quedó únicamente para lucir en la página más lustrosa del club.
Todos los puntos se han ganado sufriendo, yendo a los duelos con firmeza y, en especial, por no cometer errores grotescos que han lastrado toda la primera vuelta
Todos los puntos se han ganado a base de sufrimiento, de ir a los duelos individuales con firmeza y, en especial, por no cometer errores grotescos de concentración que han lastrado al equipo en toda la primera vuelta. El Girona empezó la Liga instalado en la última plaza, sin victorias en las siete primeras jornadas y con solo 3 puntos de 21 posibles. Los fallos en defensa, que se repitieron casi cada partido, y la inoperancia en ataque, sin alma el equipo, fueron consecuencia, en parte, de la confección tardía de una plantilla que no se cerró, con grandes cambios, hasta el último día de mercado, ya con varias jornadas disputadas.
“Cuando no compites al 100% un equipo de Primera te pasa por encima. Para formar un equipo hay que querer. Hay mucho nombres pululando. Parece que estamos esperando a que se cierre el mercado para sentir dónde estamos”, lamentó Míchel la debacle en Villarreal (5-0), de la segunda jornada. Días después del duelo en La Cerámica salieron del equipo Krejci, Yangel Herrera y Miovski y llegaron sobre la bocina Bryan Gil, Vanat y Ounahi, tres titulares.
Míchel, en el partido ante Osasuna.
El marroquí, ahora lesionado tras acudir a la Copa África, dio el primer arreón al equipo con sus chispazos de calidad y el ariete, máximo goleador gironí, ha liderado el renacer en ataque junto a su compatriota Tsygankov. Los últimos cinco goles del equipo tienen firma ucraniana, el más reciente de Vanat ante el Osasuna, en la segunda victoria consecutiva del Girona. El conjunto de Montilivi no enlazaba dos triunfos desde la primera vuelta de la pasada temporada, curiosamente también en las jornadas 18 y 19.
Ha sido la culminación de un cambio de tendencia: desde la jornada 7 el equipo ha sumado 18 puntos, el séptimo mejor de la Liga en este tramo. “Estoy orgulloso de la manera que han dado la vuelta los jugadores a una situación muy complicada. Desde la jornada 8 hemos dado un paso adelante. Tenemos esta mentalidad de luchar. Tenemos jugadores con alma”, viró su discurso Míchel tras el triunfo ante los rojillos.
“Estoy orgulloso de la manera que han dado la vuelta los jugadores a una situación muy complicada. Desde la jornada 8 hemos dado un paso adelante”
El entrenador, autocrítico con su trabajo, también aseguró que “las primeras jornadas miraba lo táctico” y ahora mira “la persona”. El Girona ha incorporado el verbo resistir al vestuario, indispensable para evitar el descenso, y el último ejemplo fue ante los rojillos en un partido donde los locales no ofrecieron su mejor versión con balón. Sin el yugo de verse en las últimas posiciones, Míchel espera que la segunda vuelta confirme la buena progresión del Girona, más aún con la inminente llegada de Claudio Echeverri, pendiente su firma de la salida de Solís.
