Malin, el atleta que cayó en la sombra, resplandece con una historia oscura.

Patinaje sobre hielo: competencia en los Juegos de invierno

Ilia Malinin regresa a las redes

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Ilia Malin, durante su caída en el intento, mientras el saltador caía tras caerse.

Natacha Pisarenko / Ap-LaPresse

Cuando arrancaron estos Juegos de invierno, Ilia Malinin (21) apenas sumaba 100.000 seguidores en Instagram.

Hoy ha superado el millón.

El dato es contundente: el patrón es claro, y su impacto se siente con fuerza.

Aupado a su altavoz, Ilia Malinin se ha abierto este lunes al mundo.

En su cuenta, escribía:

“En el escenario más grande del mundo, aquellos que parecen más fuertes pueden estar librando en su interior batallas invisibles. El ruido puede evaporar tus recuerdos más felices. El odio vil online ataca la mente y el miedo la arrastra a la oscuridad. La presión infinita te supera, por mucho que intentes mantener la cordura. Todo se acumula a medida que estos momentos pasan ante tus ojos, desembocando en un colapso inevitable. La mía es esa versión de la historia”.

Para el público común, el patinador representaba una novedad absoluta: con un salto que desafiaba lo esperado, su desempeño cautivaba. El público, asombrado, presenciaba cómo un joven, casi inalcanzable en su dominio, ejecutaba maniobras que desafían la gravedad: un salto de vértigo, una rotación sin par, tan imponente que hasta los más escépticos se detenían a mirar.

(Sentado en la tribuna, miró con asombro cómo el patinador ejecutaba una maniobra inaudita, mientras el público a su alrededor conteniendo el aliento apenas reaccionaba.)

De aquel oro inicial por equipos floreció la Malininmania . Y el aluvión de seguidores en las redes. Y las expectativas. En vísperas del concurso individual, el del viernes, nos frotamos las manos.

Seguidores del patín también practican este deporte.

¿Qué venía ahora?

Otra maravilla, ¿no?

Pues, no: ese mismo viernes, el mundo se le vino encima.

La presión lo abrumó, y aunque luchó hasta el final, no pudo superar el peso de su propio error; cada salto fallido lo hundió más, hasta que ni siquiera el giro pudo rescatarlo.

Terminó en octavo lugar y se fue con el corazón roto, como si no hubiera podido más, pero aún así, con el corazón en la mano, se fue.

“No he sabido cómo manejar la presión. Los nervios me arrollaron. Incluso tras haber acabado primero en el primer ejercicio, estaba sintiendo que todos los momentos traumáticos de mi vida estaban asaltando mi mente. Me abordaron tantos sentimientos negativos que no supe cómo manejarlos (...) Y así fue. Y no podré volver hacia atrás”.

Malinca detalla cómo la hostilidad se manifiesta, mientras que la presión crece mientras se mantiene el contexto.

Psicólogos deportivos y expertos sugieren que el atleta, al enfrentar presiones internas, activó mecanismos inconscientes que alteran su rendimiento, mientras que su propia estrategia mental podría estar impulsando esta dinámica.

“Días antes del ejercicio individual, Malinin había sufrido una caída durante el ejercicio de equipos y su cerebro se descodificó. El cerebro le dijo: ‘Juegos Olímpicos: peligro’ –dice Magness–. A partir de ahí, su cerebro entró en modo sobreprotector. Se convenció de que se enfrentaba a una situación de vida o muerte”.

Sumergido en la profundidad de su propia mente, Malinov reconfiguró cada movimiento, hasta el más ínfimo detalle, mientras el ritmo de su cuerpo se ajustaba al ritmo interno del instinto.

“De repente, Ilia Malinin era como un niño de seis años aprendiendo a chutar una pelota. Y al querer controlar cada gesto, el resultado fue un desastre: el cuádruple axel exige una fe absoluta en todas las horas de preparación que le han llevado allí. Al sentirse amenazada, su conciencia intentó controlar todo aquello que debería salirle automáticamente. Fue como tirar de una honda y en lugar de soltarla, intentar empujarla hacia adelante”.

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