Gonzalo hace añicos la 'Mbappé dependencia'

Real Madrid, 5 - Betis, 1

El canterano, inédito en la Liga, completó un brillante 'hat-trick' para liquidar a un timorato Betis

Vinicius fue de más a menos, acabó sustituido y Xabi Alonso gana más crédito para la decisiva Supercopa

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Gonzalo García, este domingo, después de anotar uno de sus tres goles ante el Real Betis 

Kiko Huesca / EFE

Mientras los focos apuntaban las gambetas de Vinícius y las poses de Kylian Mbappé en la grada del Bernabéu, asomó por la oscuridad Gonzalo García, ese canterano que apadrinaron Álvaro Arbeloa y Raúl González en Valdebebas y que tan buen rendimiento le dio a Xabi Alonso en su estreno en el Mundial de Clubs en junio. Él solito, con desparpajo y una definición propia de los elegidos, ventiló a un timorato Betis (5-1), una sombra de lo que había sido hasta el momento (único equipo europeo que no había perdido como visitante), y alumbró a un Real Madrid que empezó 2026 con una de las mejores puestas de largo de la temporada. Kilogramos de optimismo para la Supercopa.

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Había una expectación desmedida por este partido después de cómo despidieron los blancos 2025. Vinícius fue silbado por sus aficionados y Xabi Alonso se marchó de vacaciones consciente de que su futuro se podía jugar en ocho días. Y todo eso sin Mbappé y ante un Betis con dientes de tigre. Pero al Madrid le acompaña desde hace tiempo una imprevisibilidad inusitada. Cuando parece que ha encontrado el camino, se pierde. Y cuando está aturdido, recupera rápidamente el sentido, como sucedió esta tarde fría en Chamartín.

A los 20 minutos, el Betis apenas había salido de su campo, Vinícius había vuelto loco a Ángel Ortiz -sustituido después al descanso con una tarjeta amarilla- y el mediocampo blanco funcionó como un reloj con Rodrygo como elemento diferencial entre líneas. De sus botas nació el 1-0. Una falta sobre Vinícius en el costado izquierdo acabó con un centro preciso y fuerte a la cabeza de un Gonzalo que le ganó la posición a Ricardo Rodríguez. Solo tuvo que orientar la cabeza para que el balón, suavemente, se alejara de Álvaro Valles y tocará la red.

Tchouameni y Camavinga se adueñaron del mediocampo, lo que permitió liberarse a Bellingham y atornillar el talento verdiblanco. Ni rastro de Antony ni de Ruibal. Solo Cucho Hernández, un buscavidas, encontraba petróleo en cualquier acción. Valverde, justo al filo del descanso, estuvo atento para impedir el remate a bocajarro de Ruibal que suponía el 1-1 a centro del cafetero.

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A diferencia de otros partidos, el Real Madrid no permitió lagunas. Al menos hasta que el partido no estuviera decidido. Pellegrini dio entrada a Bellerin para frenar a Vinícius y a Lo Celso para controlar el juego. No logró su propósito y Gonzalo hizo el 2-0. Dos toques: control con el pecho y remate violento a la derecha de Vallés. Inadvertido todo el curso -no había marcado en la Liga y solo había sido titular ante el Espanyol-, Gonzalo dio argumentos a la marcha de Endrick e hizo méritos para ser más que un mero actor secundario.

Habían transcurrido otros cinco minutos cuando Asencio marcó de cabeza el 3-0. El partido estaba resuelto a la hora de juego, aunque al Bernabéu siempre regresan los fantasmas. El Madrid sesteó, perdió el equilibrio y Hernández recortó distancias (3-1). Riquelme estrelló un balón al larguero y Courtois salió al rescate. No da este Madrid para abrir y cerrar los partidos a lo grande, pero el guion ante el Betis salió redondo, con Rodrygo y Vinícius sustituidos a falta de 15 minutos para descansar para la Supercopa, y una grada algo ambivalente con la despedida de ambos, dejando claro que las reconciliaciones completas requieren tiempo. No así la de Gonzalo. El público se puso de pie porque el delantero hizo su 'hat-trick', de tacón a pase de Güler.

Fran García, ya en el añadido, puso la guinda con el quinto. A Mbappé se le vio disfrutar desde la grada y Vinícius le chocó la mano a Xabi Alonso de nuevo. Otro Madrid arranca en 2026.

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