En el fútbol nada duele más que tu propia afición te ponga de cara a la pared, de vuelta y media, que te enseñe el pulgar hacia abajo. No hay juez más implacable que el que paga una entrada o el carnet, el que siente los colores y el que se lleva los disgustos a casa y los arrastra durante varios días. Y el Real Madrid-Levante de mañana se ha convertido en un juicio sumarísimo para muchos en el club blanco después de que el equipo haya perdido dos títulos con cuatro días de diferencia.
En una semana al Madrid s e le han escapado la Supercopa y la Copa del Rey. Y esas dos derrotas, frente al Barça, el gran rival, en Yida y ante el Albacete –decimoséptimo en Segunda, a un punto del descenso, no se puede olvidar– en el Carlos Belmonte, han destapado una crisis que de momento es deportiva pero que amenaza con convertirse en estructural.
El Santiago Bernabéu dictará varias sentencias. Porque a falta de uno serán dos partidos seguidos en casa. Ya que el martes, los madridistas reciben al Mónaco de nuevo en Chamartín y el duelo europeo volverá a servir de referéndum sobre el proyecto.
A los jugadores se les ha acabado el escudo de Xabi Alonso, contratado como gran esperanza modernizadora y que ha sido fulminado por Florentino Pérez en apenas seis meses.
Como en la etapa galáctica se ha ninguneado el centro del campo para coleccionar cromos
Álvaro Arbeloa, el sustituto, sin experiencia en la élite, sí que tiene el paraguas del presidente, que desde su etapa de jugador le ha dado cobijo al considerarle un activo fiel y por eso le ha permitido ciertas licencias en las categorías inferiores, donde ha ido progresando en la sombra. Si Arbeloa, que ha empezado con mal pie, no es capaz de reconducir la situación en la segunda parte de la temporada será un técnico de transición.
Sin embargo, los que más tienen que perder son los futbolistas. Ellos han sido agasajados y han gozado del beneplácito de Florentino Pérez. El discurso oficial fue que Vinícius había sido despojado de mala manera del Balón de Oro del 2024 –se promovió un boicot a última hora por parte del club blanco– mientras que se trató la Bota de Oro y el trofeo Pichichi de Mbappé como si fueran grandes logros a la altura del triplete nacional del Barça de Flick. Los que creyeron y compraron esa versión ya saben ahora que hay otros problemas más grandes. El tiempo ha quitado vendas de los ojos.
Kylian Mbappé
El boquete que han dejado la retirada de Toni Kroos (2024) y la salida del veteranísimo Luka Modric (al Milan, 2025) en el centro del campo se ha demostrado irreparable. Fue una temeridad no fichar a ningún futbolista de su perfil para preparar el terreno ante el adiós del alemán y el croata. Valverde, Tchouaméni y Camavinga tienen otras virtudes mientras los rivales van con Pedri (Barça), Vitinha y Fabián (PSG), Zubimendi (Arsenal) o Rodri (City).
Los blancos han ninguneado la creación y están pagando la soberbia con una carencia de juego abrumante. Cuando lo fías todo a la pegada y al colmillo puedes estrellarte si se constipa Mbappé, más pendiente de récords personales que de los objetivos colectivos, o Vinícius y Rodrygo ven pequeña la portería, como así ha sido. Bellingham, un llegador, tampoco es influyente en la elaboración. Sin embargo, todos ellos tienen grandes ínfulas en un vestuario resabiado.
Florentino Pérez ha consentido al vestuario y ahora lo fía todo al orgullo y a la preparación física
Por eso, además de al equipo, la situación se le puede girar en contra del palco, donde Florentino Pérez, mandamás hasta de la planificación, puede quedar señalado al estar repitiendo los errores de su primera etapa de los galácticos. Ahora parece que desdeña la táctica y apela solo al orgullo (Arbeloa) y a la preparación física (con el retorno de Pintus). “Ahora tendremos tiempo para trabajar. En el plano físico evidentemente tenemos un gran margen de mejora”, dijo el nuevo entrenador. Sin juego, sin pegada y sin escudos, todos tienen un plebiscito en el Bernabéu.


