La Batalla de los Sexos: fue un debate; es un show

El Reportaje

Aryna Sabalenka y Nick Kyrgios reabren este domingo en Dubái el reto mujer-hombre: asistimos a un nuevo combate entre ellos y ellas

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Aryna Sabalenka y Nick Kyrgios, este sábado en Dubái, en vísperas de la nueva Batalla de Sexos 

FADEL SENNA / AFP

Si tuviera la oportunidad de jugar contra Marcelo Ríos, estoy segura de que él cambiaría su forma de pensar

Martina Hingis

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Lejos de saturarnos, algunos debates nos azuzan el morbo: por ejemplo, el duelo entre un hombre y una mujer.

Un combate en el cuadrilátero, un 1x1 en una cancha de baloncesto, una carrera en una pista de atletismo...

O un partido de tenis.

Hay quien supone que el reto es asimétrico: Garbiñe Muguruza, por ejemplo, lo tiene claro.

Hace pocos días, decía:

“Cuando yo estaba a mi mejor nivel, cuando era la número 1 del mundo, no habría ganado ni a un junior”.

No todos la secundan, hay quien opina que Muguruza se equivoca.

Veremos algo de luz este domingo.

(...)

Sentados ante la prensa, con el Coca-Cola Arena de Dubái como telón de fondo, Aryna Sabalenka y Nick Kyrgios sonríen y se encogen de hombros y luego posan cara a cara, frente a frente, como los púgiles en el escenario del pesaje, y en la imagen que preside este reportaje nadie ve estrés: los observadores solo vemos un punto de comedia.

Este domingo, a partir de las 17h (Movistar+), ambos se medirán entre sí, con raquetas y pelotas y una red de por medio.

“En mi mejor época, no habría ganado ni a un júnior”, decía Garbiñe Muguruza hace unos pocos días

En tenis, este tipo de compromisos hombre-mujer, concebidos por primera vez en los años setenta, arrastra un sobrenombre: la Batalla de los Sexos.

Y el Sabalenka-Kyrgios es el cuarto episodio histórico.

Para Sabalenka y Kyrgios, el resultado es lo de menos. Lo que cuenta es el espectáculo, el entretenimiento, digamos que la gracia de pasarlo bien, sin más: la lucha por la igualdad está en otra fase. En los grandes torneos, ellas cobran tanto como ellos. Todas y todos reciben el mismo trato social y mediático. Emparejados, campeona y campeón danzan al alimón el baile de los triunfadores mientras el auditorio les contempla. Los patrocinadores nutren todas las carteras. Ellas y ellos viajan con entrenadores, preparadores físicos, dietistas, fisioterapeutas y psicólogos. Comparten espacio en la sala de jugadores y en los lobbies de los hoteles.

No podemos tomarnos esta Batalla de los Sexos IV como lo que había sido en otros tiempos.

Basta con recurrir a la literatura comparada sobre la materia. Corren por ahí estudios fisiológicos, conjeturas de gurús e incluso una película.

Quizás usted pudo verla, querido lector: me refiero a La Batalla de los Sexos, la obra que protagonizaron Emma Stone y Steve Carrell y que había aparecido en las carteleras de cine del 2017.

A través de La Batalla de los Sexos, pudimos retroceder hasta 1973, que es cuando comenzó todo esto. Entonces, las reinas del tenis eran Margaret Court y Billie Jean King y el representante de los hombres, un ex tenista cincuentón, bocazas y arrogante que en sus tiempos, en los años cuarenta, había sido la mejor raqueta del mundo.

Billie Jean King y Bobby Riggs posan ante los fotógrafos en 1973, en vísperas de la legendaria Batalla de Sexos II, el duelo que disputaron en el Astrodome de Houston

Billie Jean King y Bobby Riggs posan ante los fotógrafos en 1973, en vísperas de la legendaria Batalla de Sexos II, el duelo que disputaron en el Astrodome de Houston 

LV

En aquella época, Riggs se permitía decir:

–No digo que las mujeres no deban estar en la cancha. Si no, ¿quién recogería las pelotas?

Y muchos le seguían la gracia.

En mayo de 1973, Riggs arrolló a Margaret Court (6-2 y 6-1) y los cronistas titularon así: “La masacre del Día de la Madre”.

Hubo carcajadas y otras sonrisas más disimuladas, hubo malestar entre las mentes más progresistas y un sentimiento de revancha entre teóricos, aficionados y amantes del tenis.

Riggs retozaba:

–Ninguna jugadora en activo podrá vencer nunca a un tenista retirado –dijo.

No, no podía acabar así.

Cuatro meses más tarde, se asistía a una nueva batalla, ahora entre Riggs y Billie Jean King. Y aquí cambió todo: para sorpresa de muchos, se impuso King por 6-4 y un doble 6-3, entreabriendo la puerta a un cambio de perspectiva (ellas son competitivas, ellas merecen el mismo trato económico y social que ellos) que tampoco ha cuajado del todo, pues el tiempo solo nos ha regalado un nuevo choque, el Jimmy Connors-Martina Navratilova de 1992 en Las Vegas (dónde, si no) que se llevó el irascible Jimbo por 7-5 y 6-2.

Y ya, hasta hoy.

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­ –Este choque es impredecible, no sé lo que va ocurrir –decía Sabalenka (27) este sábado en Dubái.

Es la líder de la WTA, ha ganado Wimbledon y el US Open en este 2025 y su derecha golpea duro, a una media de 129 km/h, un dato que había abierto debates en septiembre.

(Según estadísticas del US Open, la derecha de Alcaraz sale a una media de 127 km/h; la de Sinner, a 125; la de Djokovic, a 122).

Anton Dubrov, técnico de la bielorrusa, relativiza el dato.

En una entrevista con Clay, revista especializada en tenis, Dubrov ha dicho:

“Como los hombres pueden pegar más fuerte, al otro lado de la red el rival tiene menos tiempo para posicionarse bien y responder duro (...) Además, los hombres tienen que correr de un lado a otro durante un punto, y para ellos es más arriesgado golpear siempre tan fuerte porque también el rival puede usar el peso de la pelota para devolverla con la misma velocidad”.

Para igualar el reto, el lado de la pista de Sabalenka será un 9% menor y nadie tendrá un segundo saque

¿Y cómo lo ve Kyrgios (30), el enfant terrible del tenis, hoy apenas el 671.º del mundo, desaparecido en el 2025 por culpa de sus lesiones?

–Lo que demuestra todo esto es que mujeres y hombres podemos hacer grandes cosas si trabajamos unidos.

(Una frase estándar y política, algo extraño en él).

Como asumiendo la lectura de Muguruza, el lado de la pista de Sabalenka se verá reducido en un 9%. Y ninguno, ni él ni ella, dispondrá de un segundo saque.

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