General Motors, dueña de Chevrolet o Cadillac, encajará un golpe contable de 6.00 millones de dólares, unos 5.100 millones de euros, al dar marcha atrás con su estrategia de impulso del coche eléctrico. La factura, que se contabilizará en el último trimestre del 2025, se explica por recortes de producción de coches y baterías, en medio de un mercado a la baja tras el fin de las ayudas a la compra en EE.UU. Y las políticas de Donald Trump.
Entre los cargos se cuentan 4.200 millones por contratos cancelados y cargos de proveedores, con otros 1.800 millones por depreciaciones de activos, según ha informado al regulador americano, la SEC.
La decisión sigue a la reciente de Ford, otro de los gigantes americanos, que enfrenta un coste de hasta 20.000 millones. Los fabricantes han invertido miles y miles de millones los últimos años para cumplir con regulaciones medioambientales más estrictas y por sus propios planes de electrificación. La propia General Motors había comprometido una inversión de 35.000 millones para vender un millón de eléctricos al año -no llega a 170.000- y en el 2021 fijó ser totalmente eléctrica en el 2035, a lo que ha ido cerrando la puerta al cancelar modelos eléctricos y con los últimos giros hacia la combustión.
Pero las políticas de Trump desincentivan la compra tras poner fin a los créditos fiscales de hasta 7.500 dólares para la compra de eléctricos o reducir los requisitos de eficiencia de combustible. Además, los clientes americanos mantienen su apuesta por los vehículos de combustión. Como resultado, recorta producción y empleos, con mayores costes. Por ejemplo, una planta de Detroit pasará a fabricar camionetas de gasolina y SUV en lugar de eléctricos. Unos 5.500 trabajadores de la compañía están suspendidos temporalmente de empleo.
Al margen de los eléctricos, la compañía se anota otros 1.100 millones en costes ligados mayoritariamente a la reestructuración del negocio chino.

