Las Claves
- Las mejoras en Claude Cowork de Anthropic amenazan la estabilidad de corporaciones tradicionales como Salesforce, Workday, Adobe, Oracle y SAP.
- Jensen Huang de Nvidia y
¿Ocasionará Anthropic la caída del sector de software convencional? En los últimos días, muchos se han planteado si esta firma de inteligencia artificial (IA) podría terminar con las grandes corporaciones que llevan más de veinte años diseñando aplicaciones para el ámbito corporativo.
Los títulos de compañías líderes tales como Salesforce, Workday, Adobe, Oracle o SAP han sufrido caídas tras las recientes presentaciones de esta firma emergente de Silicon Valley. Las mejoras en su plataforma de IA –denominada Claude Cowork– amenazan con desestabilizar el núcleo comercial del sector convencional del software. Su tecnología algorítmica permite crear procesos operativos sofisticados que históricamente habían sido dominados por las potentes corporaciones que los diseñaban para su clientela.
Ciertos analistas sugieren la decadencia de la industria del software, al tiempo que otros defienden su aporte único ante la IA.
Asimismo, las novedades de Anthropic no solo han inquietado a firmas de software, sino que también han caído los valores de importantes corporaciones de la investigación jurídica, como Thomson Reuters o LexisNexis, además de otras entidades del sector financiero y del análisis de datos.
La repercusión mediática de las versiones de Anthropic representa “el momento más importante que vive la industria de la IA desde el lanzamiento de la inteligencia artificial. Es infinitamente interesante”, indica Dean Ball, una experta perteneciente a la Fundación por la Innovación Americana mencionada en The Wall Street Journal .
No obstante, esta perspectiva no es aceptada por la totalidad del sector de la IA. “Hay esta noción de que la industria del software está en declive y que va a ser sustituida por la IA. Es la cosa más ilógica del mundo”, indicó el director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, durante una presentación el miércoles pasado. Este referente de la industria opina que las compañías con más historia podrán continuar suministrando soluciones a medida, debido a su bagaje y al extenso manejo de información que mantienen.
Una perspectiva semejante sostiene desde Barcelona el experto Jacinto Estrecha, director de IA para Europa y Latinoamérica de la firma NTT Data: “Los avances de la IA, más allá de estos lanzamientos de Anthropic, van a suponer un cambio de modelo productivo y de la fórmula de negocio de las empresas de software, pero eso no va a suponer su desaparición, porque estas compañías tradicionales pueden seguir ofreciendo servicios de alto valor añadido a las empresas”, señala.
Asimismo, Estrecha estima que el progreso representará un desafío a largo plazo y que Anthropic no tiene por qué ser el único actor principal en este cambio dentro del ámbito del software. “Con una industria que avanza tan rápido, lo que está en la cresta de la ola una semana, puede que dentro de un mes ya no lo esté”, menciona. El experto señala igualmente que Anthropic mantiene alianzas con compañías del sector convencional, tales como la herramienta Agentforce 360 de Salesforce, junto a otras firmas como Accenture, IBM o Deloitte. Por otra parte, entre sus inversores destacados que han destinado miles de millones de dólares al proyecto se encuentran Amazon y Alphabet (Google), colosos de la tecnología que poseen departamentos especializados en la creación de software.
La empresa busca diferenciarse de sus rivales mediante una propuesta más íntegra y fiable. En realidad, su creador, Dario Amodei, optó por dejar OpenAI tras ciertos desacuerdos con Sam Altman justo por esa razón. Este visionario pretende impulsar un sistema de IA Constitucional. Esto implica que la tecnología logre evaluar y rectificar sus propias acciones siguiendo un reglamento ético definido, similar a una normativa establecida previamente.
No obstante, esta disposición positiva aparenta poseer ciertas restricciones. Hace poco tiempo, la empresa concretó un pacto trascendental mediante el que abonó 1.500 millones de dólares a diversos escritores y publicistas en Estados Unidos. Anthropic admitió que infringió su propiedad intelectual con el fin de instruir a sus sistemas.
