Economía

Europa ya compra el 57% de su gas natural licuado a Estados Unidos

El reto mediambiental

Las compras se disparan un 52% en el 2025 y acentúan la dependencia energética

Una terminal de GNL en el puerto de Barcelona

Una terminal de GNL en el puerto de Barcelona

Angel Garcia / Bloomberg

De una dependencia a otra. La política energética europea ha sufrido un vuelco desde el estallido de la guerra de Ucrania. Si antes de la invasión (2022) Europa compraba a Rusia cerca del 45% de su gas, ahora, ante las sanciones y el embargo, el Viejo Continente se ha entregado en brazos de EE.UU., justo cuando las relaciones entre los dos bloques están en el punto más bajo desde la última posguerra.

Solo este año (entre enero y noviembre) las importaciones euro­peas de gas (el GNL, gas natural licuado, transportado en barco) procedentes de Estados Unidos se han incrementado un 52%, según la consultora Kepler.

Washington se está convirtiendo en el principal proveedor, como en su día lo fue Rusia, y es un riesgo

Los Países Bajos y Francia fueron los mayores importadores de GNL estadounidense durante este periodo, seguidos de España, el Reino Unido, Italia y Alemania. Las importaciones de Bélgica se triplicaron con creces, mientras que las de España casi se duplicaron. A raíz de este afán comprador europeo, ahora el 57% de este combustible viene de EE.UU.: es la cuota más alta de la historia, tres veces mayor que la del 2021.

Este porcentaje podría subir hasta el 70% el día que Europa cierre el grifo de forma definitiva con Rusia, a principios del 2027. Aunque el grueso del gas que consumen los europeos aún entre por gasoductos (África del Norte, Azerbaiyán), no hay motivos para estar tranquilos.

El pasado mes de noviembre, Patrick Pouyanné, consejero delegado de TotalEnergies, ya avisó de que “el presidente de EE.UU. Busca, de alguna manera, reemplazar la dependencia rusa con una dependencia estadounidense. Debemos mantener la diversidad de nuestros suministros”.

Ahora estos temores se han hecho realidad. El Ieefa ( Institute for Energy Economics and Financial Analysis) advierte que firmar contratos de 20 años con EE.UU. Podría “atrapar” a Europa en combustibles fósiles caros mientras su propia demanda interna de gas está cayendo (varios estudios proyectan una caída del 24% para el 2050).

Los analistas temen que la energía se utilice como moneda de cambio en negociaciones comerciales (como aranceles o acuerdos de defensa). Las pausas en los permisos de exportación (como las de Biden en el 2024) o los cambios de política generan dudas sobre la estabilidad del suministro a largo plazo. El analista de Reuters Rob Bousso escribió que “Europa sucumbe al dominio energético estadounidense a su riesgo y peligro”.

“Con EE.UU. Como principal proveedor, la UE sigue siendo vulnerable a la volatilidad de los precios, interrupciones del suministro y la extorsión política. Y no son vulnerabilidades teóricas”, dijo Jörg Mühlenhoff, director del programa de transición energética de la entidad ecologista Fundación Heinrich-Böll.

Para la directora ejecutiva de la consultora Strategic Perspectives, Linda Kalcher, “sustituir el gas ruso por GNL estadounidense es una apuesta geopolítica que perjudica la seguridad energética de la UE. Los miles de millones de euros que se desperdician cada año en importaciones de gas se invertirían mejor impulsando la electrificación, aislando las viviendas y abordando la pobreza energética”.

Preguntado sobre este tema, Jakob Dreyer, investigador en política de seguridad de la Universidad de Copenhague, recuerda que la política energética europea está todavía en manos de los países miembros. “El mix energético es una prerrogativa de los estados nacionales”, lo que complica las decisiones. Por su parte, Pauline Heinrichs, profesora de Estudios Bélicos en el King’s College de Londres, asegura que “esta dependencia euro­pea de los fósiles de EE.UU. Constituye un riesgo masivo”. El pasado mes de julio, la UE se comprometió a comprar energía a Washington por 750.000 millones de dólares en tres años para evitar aranceles. En manos de la Casa Blanca estamos.

El comercio entre Pekín y Washington se desploma

Los intercambios comerciales entre EE.UU. Y China están en caída libre después de la guerra comercial lanzada por Donald Trump. Un estudio de Caixabank Re­search difundido hoy muestra como el proteccionismo norteamericano ha cambiado el patrón geográfico de las importaciones en el 2025. China, históricamente el principal socio comercial de EE.UU., ha ido disminuyendo su peso de forma sostenida: del 21% del total de las importaciones en el 2018 a una cuota que se sitúa por debajo del 10% en el 2025. Las compras de bienes a Pekín cayeron un 25% respecto al 2024. Este descenso se ha visto compensado por un aumento de las compras de los países de la Asean. El estudio calcula un arancel medio de EE.UU. Del 13,8%, aunque el efectivo recaudado sería menor, de cerca el 10,6% en septiembre.

Piergiorgio Sandri

Piergiorgio Sandri

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En Guyana Guardian desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.