El 28º Régimen

Opinión

El 28º Régimen
Profesor agregado en ESCI-UPF

Las Claves

  • Los líderes de la Unión Europea buscan reformas urgentes para mejorar la competitividad del Mercado único ante los cambios globales actuales.
  • La diversidad de marcos legales nacionales impide que las empresas

Ayer, las 27 personas que pueden decidir el futuro de la UE -es decir, los líderes de los 27 Estados miembros- se encontraron en una reunión extraordinaria del Consejo Europeo. El orden mundial está cambiando rápidamente y los gobiernos de los estados de la UE se sienten vulnerables. Además, han visto que el Mercado único -que nunca han podido completar- pierde competitividad y esto puede afectar a la capacidad de mantener el modelo social europeo. Llevan meses hablando de la necesidad de crear una política de defensa europea; ayer les tocaba intentar desbloquear las reformas urgentes que necesita el mercado único.

Dentro de estas posibles modificaciones se encuentra un planteamiento que constituye la alternativa superior de la que dispone la Unión Europea para encarar los desafíos financieros. No se comenta demasiado acerca de esta iniciativa, tal vez debido a que puede resultar excesivamente técnica. O posiblemente a causa de que posee una denominación escasamente motivadora: el “28º régimen”.

¿Qué es el “28º régimen”? Se trata de una propuesta que pretende cambiar radicalmente el sistema jurídico europeo con un objetivo esencial: permitir que el mercado único pueda desplegar finalmente todo su potencial.

El mercado único es la base de la Unión Europea. Los mercados nacionales han quedado demasiado pequeños para garantizar la prosperidad de los estados de Europa. Pero si los 27 mercados pequeños se transformaran en serio en un único mercado para toda la UE, este nuevo espacio se convertiría en uno de los mercados más importantes del mundo.

La formación del Mercado único ha requerido superar diversos obstáculos, siendo el factor más relevante que cada nación posee su propio marco legal. Las compañías ya están obligadas a acatar las extensas regulaciones de su país de origen. Si, adicionalmente, dichas entidades tienen que modificar sus bienes o prestaciones para adaptarse a los sistemas jurídicos de los restantes 26 estados de la UE, les puede parecer sumamente complejo —o incluso inviable— operar comercialmente en el conjunto de la UE.

Por este motivo, hace ya muchos años que la UE ha buscado estandarizar las reglas vigentes para las corporaciones europeas, con el propósito de que si la legislación resultara uniforme en toda la UE, todas las firmas europeas consiguieran distribuir sus artículos o labores en toda la UE.

Si bien la armonización ha funcionado, todavía hay mucho margen por recorrer. En algunos sectores, la armonización es sólo parcial; en otras, las normativas son siempre nacionales y no europeas. Quizás esta diversidad normativa no era tan importante hace unos años, cuando el PIB de la UE era el mismo que el de EE.UU. Y cuando el PIB de China era como el de Bélgica. Pero en estos últimos años, la Unión Europea ha perdido competitividad a nivel mundial y una de las causas es que en el marco actual del mercado único las empresas europeas no pueden crecer y hacerse competitivas a nivel mundial como sí pueden hacerlo las empresas estadounidenses en su mercado nacional.

Bajo este escenario es donde cobra relevancia el planteamiento del “28º régimen”. El objetivo es la creación de un marco legal inédito y centralizado para la totalidad de las compañías de la UE. Dicho sistema funcionaría de forma simultánea a los 27 ordenamientos jurídicos de cada país, por lo que no resultaría necesario modificar las legislaciones internas. No se trataría de una supresión de normas: las corporaciones tendrían que cumplir con la legalidad igual que en la actualidad; sin embargo, se dispondría de un solo reglamento vigente, en vez de 27 legislaciones diversas.

Es un proyecto ambicioso que podría cambiar la suerte de la UE. Pero necesita nuestro apoyo. Como todas las propuestas que se presentan en la Unión Europea, es probable que, como ocurre a menudo, los gobiernos de los 27 Estados miembros lo analicen desde la perspectiva de las prioridades nacionales de corto plazo y empiecen a poner condiciones y pedir excepciones. El problema es que si el proyecto queda demasiado diluido no va a funcionar. Por eso, el “28º régimen” necesita defensores. El nombre de la propuesta es terrible -eso sí- pero es una de las mejoras oportunidades que nos quedan para asegurar el futuro de la UE.

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