Pablo Herrera, fisioterapeuta y experto en envejecimiento saludable: “La mejor postura es siempre la que menos dura”
Fisioterapia
Fisiohogar refuerza su apuesta por la fisioterapia domiciliaria poniendo el foco en las personas mayores y en la prevención sanitaria

Fisiohogar traslada la clínica al domicilio de cada paciente, evitando los inconvenientes que supone tener que acudir a un centro
Cuando Pablo Herrera empezó a ejercer la fisioterapia hace más de dos décadas, la disciplina todavía se asociaba al deporte, a las lesiones puntuales o al clásico masaje de descarga. Era una profesión conocida, pero no del todo comprendida. Con el paso de los años, aquella percepción inicial se transformó por completo y abrió paso a una nueva manera de cuidar el cuerpo: el movimiento como base de la salud, la prevención como pilar de la longevidad y la figura del fisioterapeuta como profesional sanitario de referencia. Ese cambio cultural explica por qué hoy la fisioterapia domiciliaria vive un crecimiento constante y se ha convertido en una opción habitual para miles de familias.
Herrera recuerda con claridad ese giro porque durante los primeros años, muchos pacientes llegaban con la idea de que el fisioterapeuta era el “masajista del equipo”, una figura más vinculada a lo anecdótico que a lo clínico. Pero cuando descubrieron los efectos del ejercicio terapéutico, la fuerza en la edad adulta, la coordinación en personas mayores o la prevención de caídas, la profesión entró en una nueva etapa. “La fisioterapia no tiene nada que ver con dar un masaje. La fisioterapia es ejercicio, es movimiento, es entender cómo se adapta el cuerpo con la edad”, afirma.

Los usuarios atendidos por Fisiohogar confirman este cambio, puesto que más del 60% de sus pacientes tienen entre 41 y 70 años, mientras que los mayores de 80 ya alcanzan prácticamente el 15%. No se trata solo de cifras, sino que representan el envejecimiento real de la sociedad y la necesidad de adaptar los servicios sanitarios a esa realidad. Herrera trabaja muy de cerca con esa franja de edad y conoce de primera mano lo que puede aportar la intervención temprana: más autonomía, menos caídas, mejor equilibrio y una percepción más positiva de la propia vejez.
Esa labor preventiva es una de las razones por las que la fisioterapia domiciliaria ha crecido en los últimos años. Muchas personas mayores han pasado por una hospitalización o han sufrido una caída que ha comprometido su movilidad. Cada episodio tiene consecuencias profundas en la calidad de vida y, en ocasiones, en la esperanza de vida. “El hecho de caerse dos veces al año es un pronóstico de mortalidad alto. Nuestro trabajo para mejorar la fuerza, el equilibrio y la coordinación es mucho más que ejercicio: es protección”, sostienen desde el equipo de Fisiohogar.
No somos entrenadores, somos sanitarios. Es importante remarcarlo porque hablamos de salud, de seguridad y de intervención clínica
La historia de una paciente de 83 años lo resume bien. No quería ir a un gimnasio, porque entendía que su edad requería un entorno seguro y la supervisión de un profesional sanitario. Con ella trabaja una vez a la semana, adapta los ejercicios a su domicilio y le deja una pauta para mantener la actividad el resto de días. Es un ejemplo de algo que empieza a normalizarse: la prevención sanitaria a través del movimiento, con ejercicios progresivos y adaptados a cada persona. “No somos entrenadores. Somos sanitarios. Es un matiz importante, porque habla de salud, de seguridad y de intervención clínica”, destaca Herrera, que también es licenciado en Ciencias de la Actividad Física y conoce bien ambos mundos.
Ese espacio doméstico se ha convertido en el escenario habitual del trabajo diario. No solo porque elimina barreras de movilidad, sino porque permite contextualizar los ejercicios en la vida real del paciente: cómo se mueve en su casa, qué escaleras utiliza, cómo se levanta del sofá o cómo camina por el parque de su barrio. De hecho, cuenta que, en ocasiones, los acompaña a la calle para trabajar en un entorno que forma parte de su rutina. “La clave es adaptar la actividad al lugar donde viven. Así es como mejoran de verdad sus actividades de la vida diaria”, señala.

La dimensión emocional también juega un papel decisivo. Muchos mayores han perdido amigos, espacios sociales o hábitos que antes les motivaban. Ese vacío afecta directamente a su estado físico. La fisioterapia se convierte entonces en un puente: un espacio de confianza, de acompañamiento y de continuidad. Pablo recuerda también a una paciente de 95 años que se arreglaba y se maquillaba cada vez que él iba. Era un gesto pequeño, pero revelador. La sesión era, para ella, un motivo para mantenerse activa. “Empatía y sonrisa. Para nosotros es fundamental. Si no aportamos ilusión, es difícil que el paciente dé el paso de implicarse”, explica.
La fisioterapia no tiene nada que ver con dar un masaje: es ejercicio, movimiento y entender cómo se adapta el cuerpo con la edad
La empresa también ofrece servicios a empresas. Muchas buscan estiramientos o masajes como solución rápida, cuando la fisioterapia podría aportar mucho más en materia de prevención y ergonomía real. Desde la compañía incluso han desmitificado uno de los conceptos más extendidos sobre la postura. “Da igual que sea recta o encorvada. Lo que importa es cuánto tiempo pasas en la misma posición”, afirma. Y lo resume en una frase: “La mejor postura es la que menos dura”.
Mirando hacia adelante, Fisiohogar quiere seguir profundizando en la prevención en la tercera edad, porque la demanda crece y porque el impacto es enorme. El objetivo es llegar antes, intervenir antes y conseguir que las personas vivan más y mejor en sus hogares. El reto pasa también por aumentar la conciencia social y desterrar la idea de que la fisioterapia solo se busca cuando ya hay dolor. “Cada vez más personas entienden que prevenir es ganar tiempo de vida con calidad”, reconoce el experto.
En ese camino, la empresa quiere reforzar su papel como aliado sanitario para familias que buscan un envejecimiento más seguro y para las personas que quieren mantenerse activos sin renunciar a su rutina: “más prevención, más información y más acompañamiento. Y, sobre todo, más movimiento”, acaban desde Fisiohogar.
Lecciones de Vanguardia
Pablo Herrera, cofundador de Fisiohogar
“Los negocios no salen solos. Hay que trabajar, relacionarse, preguntar, meter la pata y volver a intentarlo. Si quieres ir lejos, ve acompañado”.

