Mar Simó reivindica la maternidad a los
Maternidad
Esta joven barcelonesa optó por la maternidad en el momento justo en que lo deseó, sin preocuparse por el entorno urbano ni las dificultades propias de criar a un hijo, motivos que llevan a muchas mujeres a postergar la decisión hasta gozar de una posición más estable.

Mar Simó da el biberón a su hija Greta

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Ser madre representa hoy en día una idea cargada de matices personales. Genera entusiasmo, causa inquietud, temor y, en ciertas ocasiones, desinterés. Resulta evidente que la sensación de alcanzar la maternidad para las mujeres que así lo anhelan resulta constante: azarosa y sumamente conmovedora. No obstante, para bastantes mujeres y parejas con voluntad de procrear, dicha aspiración colisiona con un entorno difícil: trabajos inestables, salarios que no alcanzan el encarecimiento vital, rentas excesivas y un apoyo de parientes cada vez más reducido. La consecuencia es una determinación que suele retrasarse, de forma casi imperceptible.
Las estadísticas ratifican esta evolución de reto biológico. De acuerdo con los informes recientes de Idescat, en 2024, Catalunya contabilizó 53.802 alumbramientos y el índice de fecundidad (el promedio de descendientes por mujer) alcanzó el 1,08. Asimismo, el promedio de edad al tener el primer descendiente se sitúa en 31,5 años (cifra preliminar de 2024), mientras que la edad media de maternidad sube hasta los 32,6 años.
Casos excepcionales que ratifican la norma
Bajo estas circunstancias, Mar Simó (28 años), fotógrafa y realizadora audiovisual de Barcelona, optó por una vía que hoy resulta poco común: tuvo a su hijo con 26 años. Junto a su compañero, de mayor edad, relata que lo habían conversado “desde el principio” y ambos se percibieron listos, con la voluntad de ser progenitores ya afianzada hace algo más de dos años.

Durante una charla con RAC1.cat, Mar comenta que optaron por continuar. “Tenemos a la familia bien; si hubiéramos pensado en cómo es la vida en Barcelona y hubiéramos esperado un momento estable, no la habríamos tenido nunca”, narra. La información le fue comunicada tras varios meses de pruebas y dudas: “Yo pensaba que esto era muy fácil, pero estuve cinco meses para quedarme embarazada”, afirma.
Asimismo, su primer día con Greta —quien recientemente cumplió un año y empieza a explorar su entorno— no lo relata como una historia de fantasía: “Alegría, pero al mismo tiempo… ‘¿qué está pasando aquí?’”. Rememora que su acción inmediata al recibir a la pequeña fue verificar su respiración. Además, reconoce un sentimiento que bastantes madres suelen experimentar al comienzo: “Con el posparto me sentía muy extraña, tardé dos semanas en asimilarlo todo y empezar a sentir ese amor inmenso”.

Nuestra familia se encuentra bien; si nos hubiésemos detenido a considerar la realidad de Barcelona y aguardado una etapa de mayor equilibrio, jamás la habríamos formado.
Giros vitales de 180 grados
Vigilancia ininterrumpida, nutrición y atenciones constantes son conceptos sumamente amplios que definen el crecimiento de un recién nacido. “Piensas constantemente en ella y no tengo tiempo para mí, tengo que hacer malabares para encontrar un momento para ducharme o sacar al perro”, narra. Su compañero desempeña una labor a tiempo completo y ni sus progenitores ni sus suegros han alcanzado aún la jubilación. “No tenemos el comodín de los padres y, por mucho que tengas pareja, me toca pasar muchas horas sola con ella, hablando sin que aún me conteste”, manifiesta con sarcasmo.
Su entorno social ha experimentado una transformación notable: “Desde la pandemia y después del parto, me gusta mucho estar en casa y tranquila con mis hobbies”. Mar comenta que, debido a su trabajo por cuenta propia, requiere invertir extensos periodos para finalizar sus encargos, lo que reduce sus encuentros con amistades a una o dos ocasiones mensuales. En contraste, ha hallado un respaldo recíproco fundamental para el cuidado de los hijos junto a una de sus amigas, quien es la única madre de corta edad en su círculo.

A raíz de la crisis sanitaria y luego de mi maternidad, disfruto mucho de la paz en mi hogar con mis aficiones.
Superar prejuicios y desafíos
Tras haber pasado un año con Greta y mientras aún se recupera de los efectos del parto, Mar todavía debe soportar a quienes la ven como una madre muy joven. “Mucha gente piensa que soy demasiado joven, pero es la edad fértil de una mujer y a los 50 ya lo tendré todo hecho y podré disfrutar de mi hija”, asevera. La sugerencia que ofrece a las mujeres que están meditando esta decisión es evidente: “Hazlo, nunca es el momento perfecto y crecerás muchísimo”.

Y finaliza con una certeza indiscutible: “Nada me ha enseñado tanto como la crianza: niveles infinitos de paciencia y empatía, entender lo que puede sentir y descubrir que puedo tener carácter y energía para llegar a todo”, manifiesta. Hay un segundo que siempre recompensa los llantos y los incesantes requerimientos de un pequeño: “Cuando vino a darme el primer abrazo porque ella quiso… Es lo más bonito del mundo”.