Hoy los estadounidenses celebran su día de Acción de Gracias, que edulcora un encuentro entre colonos ingleses y americanos wampanoag en 1621 y que deja de lado la deriva de aquella relación (siempre compleja, también entre colonos españoles y americanos). Los motivos para la fiesta se discuten desde hace varios años en lo que se ha convertido en capítulo de una guerra cultural.
Pero hay guerras de otro tipo en marcha. En Ucrania, para la que el último plan de paz puede quedarse en nada como otros anteriores. En Gaza, donde el alto el fuego no ha evitado un goteo de palestinos muertos (mientras Cisjordania es objeto de una operación militar). Y en otra cincuentena de escenarios en el mundo. Esperemos que en el Caribe no haga Washington de las suyas.
Ataque estadounidense a una supuesta narcolancha de Venezuela
¿Por qué la guerra? La trascendental pregunta se la formula el historiador militar británico Richard Overy recurriendo a una visión multidisciplinar, y la respuesta no es tan concluyente como una querría. No está claro si hay en nosotros una predisposición biológica o cultural. Una cosa es segura: “El sentimiento más humano ante la guerra era y es el miedo”. Lo ejemplifica en su blog el historiador Daniel Aquillué refiriendo los escritos de un comandante en las afueras de Zaragoza en 1808.
Los conflictos bélicos son siempre tan traumáticos que despiertan en muchos de nosotros una rara fascinación. “Nuestro interés por la Segunda Guerra Mundial se debe esencialmente al gran drama humano que afectó a la gente común como nosotros”, razona el especialista británico James Holland al hablarnos de su nuevo libro.
Miembros del regimiento de tanques Sherwood Rangers Yeomanry
Aun así, también somos capaces de olvidar hasta el sonrojo. Una anécdota: War, el tema que estrenaron The Temptations e hizo famoso a Edwin Starr a finales de los sesenta, es una protesta contra la guerra de Vietnam. “La vida es demasiado corta y valiosa para dilapidarla librando guerras”, reza la letra. Pero muchos recordarán la canción hoy, también en EE. UU., como parte de un gag en Hora punta, comedia de acción con Chris Tucker y Jackie Chan.
CUATRO COSAS ANTES DE IRNOS (O ALGUNA MÁS)
● Sigo con las guerras, en este caso contra las drogas. El historiador Greg Grandin repasa brevemente (en inglés) las ofensivas que desde Nixon, creador de la famosa DEA, han impulsado los presidentes estadounidenses.
● Toni Ortí ha hablado con la paleontóloga Riley Black y nos explica con agudeza por qué el meteorito que acabó con los dinosaurios marcó el principio de nuestra historia.
● Iván Giménez Chueca entrevista al experto en la era samurái Danny Chaplin sobre los tres grandes líderes que unificaron Japón y lo condujeron al fin del feudalismo.
● Un artículo que he disfrutado: los Estados Unidos de Trump se desviven por separar a Rusia de China y Enric Juliana recuerda cómo los de Nixon y Ford se empeñaron con más suerte.
● Otra lectura asombrosa: la historia de la cerveza hecha en Pakistán que solo algunos paquistaníes pueden beber. Jordi Joan Baños mide la ironía al detallar las paradojas (o el cinismo) del negocio que representa para el estado musulmán.
● Y esto tal vez no es historia aún, pero sus protagonistas son historia viva, así que ahí va: Paul McCartney, Annie Lennox, Billy Ocean, The Clash y un montón de otros músicos se han inventado una nueva forma de canción protesta. El crítico musical Ted Gioia explica en su cuenta de Substack (en inglés) en qué consiste el álbum Is This What We Want?, la rebelión de estos autores ante la música creada por la inteligencia artificial. Su sonido te sorprenderá.
Volvemos el próximo jueves con más historias.
