El caballo volador de Gansu: un símbolo artístico de la ruta de la seda china
Arqueología
De gran virtuosismo, esta escultura de bronce hallada el siglo pasado ha aportado datos sobre la caballería en la China de la época Han, que conectó su imperio con Asia Central

Un visitante del Museo Provincial de Gansu fotografía el caballo volador de bronce de la época Han
El “caballo volador” (o “caballo galopando sobre una golondrina”) es una pequeña escultura de bronce de la época Han oriental (25-220 d. C.) Hallada en 1969 en una tumba de Wuwei (provincia de Gansu), que se ha convertido en icono artístico y símbolo de la ruta de la seda china. Representa un caballo de raza “celestial” de Asia Central, captado en pleno galope, apoyado de forma milagrosa sobre una sola pezuña que pisa un ave en vuelo, y destaca tanto por su virtuosismo técnico como por su fuerte carga simbólica dentro de la cultura Han (206 a. C.-220 d. C).
El descubrimiento se debió a una pura casualidad. Una versión habla de un campesino cavando un pozo en busca de agua. Otra, probablemente más exacta, tiene un contexto menos pacífico. En aquella época, las relaciones entre China y la vecina Unión Soviética eran algo más que tirantes. Tanto que el gobierno provincial de Gansu recibió órdenes de construir refugios antiaéreos para proteger a las tropas y población de la ciudad de Wuwei que entonces rondaba los 25.000 habitantes.
Wuwei dista más de 1.500 kilómetros de la frontera con la URSS, pero la tensa situación aconsejaba adoptar precauciones. Durante seis meses, entre marzo y septiembre de 1969, ambas potencias intercambiarían duelos artilleros en el río Ussuri. Hubo casi un millar de bajas entre ambos bandos y se llegó a temer una escalada del conflicto que desembocase en el empleo de armas atómicas.
Por fortuna no fue así, y en Wuwei los preparativos para la guerra condujeron a un fantástico descubrimiento: al cavar en un terraplén de tierra sobre el que se había alzado un antiguo monasterio, apareció la tumba de un general de la época Han con un rico ajuar de presentes funerarios. Ese periodo de la historia china abarca unos 400 años, aproximadamente coetáneos del Imperio romano.

Comparada con los enterramientos en Occidente e incluso con la mayoría de tumbas egipcias, la de Gansu era enorme: una cámara abovedada de paredes de ladrillo (una técnica que se había originado precisamente durante la época Han) de más de diez metros de altura, en cuyo centro estaban los sarcófagos del general y su consorte. A su alrededor se abrían dos estancias más con objetos rituales funerarios.
La tumba había sido saqueada. Los ladrones se introdujeron en ella excavando un pasadizo lateral, robaron los objetos que creyeron más valiosos y huyeron después, tras sellar de nuevo la entrada. Imposible decir si pensaban regresar a terminar el trabajo, si fueron sorprendidos en su huida o si simplemente respetaban algún código de honor que les exigía cierto respeto al difunto.
En una de las cámaras laterales dejaron un verdadero tesoro arqueológico: doscientas pequeñas figuras de bronce (45 guerreros, 39 caballos y 14 carros de combate en disposición de cortejo). Entre ellos, el caballito volador que al momento adquiriría fama mundial.
Y aún había más: un bronce con aspecto de unicornio que protegía el pasadizo de entrada, unas tres mil monedas, piezas de seda, cerámica y objetos de metales preciosos, indicativos del alto estatus del ocupante de la tumba. Uno de ellos, un disparador de ballesta metálico. El ejército Han había sido pionero en utilizar esas armas, para defenderse de la caballería mongola y escita. La infantería china estaba tan en desventaja frente a las cargas a caballo que pronto empezaron a buscar donde proveerse de monturas similares.

Algunos textos antiguos atribuyen esa iniciativa al emperador Wudi (156-87 a. C.), quien envió expediciones al valle de Ferganá (entre los actuales Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán) donde se criaba una raza de “caballos celestiales”. Y, de paso, conseguir semillas de alfalfa que contribuyesen a mejorar los pastos locales. La escultura del caballo volador se entiende como una representación de esos animales exóticos de gran prestigio político y militar.
La pieza no es grande, mide solo unos 45 centímetros de longitud. Pesa poco más de siete kilos, lo que indica que se trataba de una escultura destinada a decorar una mesa o altar.
Está fundida en bronce mediante técnicas similares a la de la cera perdida, en uso en China desde tiempos muy remotos. Ello permitía detalles muy finos en crin, músculos y estructura de la cabeza. La pátina le ha dado un tono verdoso, pero originalmente es posible que fuera dorado, para asemejarse más a los caballos reales en los que se inspiraba.

El caballo aparece con tres patas en el aire y solo se sostiene con la trasera derecha, que a su vez apoya la pezuña sobre el lomo de un pájaro de naturaleza ambigua. Al principio se identificó con una golondrina, pero carece de la típica cola bifurcada. Otros lo asimilan a un águila, símbolo de poder, con lo cual la escultura sería en realidad una conmemoración de alguna victoria sobre una tribu enemiga.
Otra hipótesis lo asemeja a un cuervo, basándose en una antigua raza equina muy veloz cuyo nombre se traducía como “cazacuervos”, así que tal vez lo único que representa la estatua es un episodio de uno de estos animales pisoteando a su presa. O quizá es simplemente un pájaro simbólico que, con la cabeza vuelta hacia atrás, parece preguntarse de dónde ha salido esa bestia enorme que vuela más rápido que el viento.
La estatua está equilibrada de tal forma que todo el peso descansa en ese punto mínimo sin deformarse ni volcar, un logro extraordinario de cálculo de masas y gruesos de pared en la fundición.
Y a todo esto, ¿quién fue inhumado en esa tumba con semejante demostración de lujo? No se ha identificado ninguna inscripción al respecto, pero sí cuatro sellos de plata con cuatro títulos honoríficos de generalato. Solo hay registros de un personaje que reuniera las cuatro nominaciones: el general Zhang Gui, fallecido en el año 314 de nuestra era. Como referencia, en esa época el Imperio romano estaba gobernado por Constantino el Grande, que acababa de promulgar el famoso edicto de Milán, por el que se legalizaba en sus dominios la práctica del cristianismo.

El caballo volador se encuentra en el Museo Provincial de Gansu. Declarado inexportable, no se le permite salir en préstamo para exposiciones en el extranjero.
Su imagen se ha adoptado como logo identificador del turismo chino. El diseño, estilizado, es tan habitual que muchos turistas están más familiarizados con él que con la escultura en sí. Y, por supuesto, ha servido de modelo para infinidad de reproducciones, desde las muy fieles –y caras– hasta horrorosos pisapapeles, pies de lámpara o imanes de cocina. Es un tributo a la habilidad de aquel primitivo artesano el que ninguna de esas copias haya igualado la gracia alada del original.

