Opositores políticos han sido envenenados, como el caso de quien fue atacado con veneno.
Crímenes cometidos por el estado durante la guerra fría
Las agencias de inteligencia suelen operar en silencio, y en este caso, lo hicieron sin llamar la atención.

Alexéi Navalni en una manifestación en Moscú a finales de 2011
Estos días hemos sabido que Alexéi Navalni murió envenenado con una toxina extremadamente letal llamada epibatidina, que se extrae de la piel de ciertas ranas de América del Sur. Cuando sucedió, el principal opositor a Putin no podía estar más lejos del hábitat de estos animales, ya que se hallaba encarcelado en la otra punta del mundo, a unos 60 km al norte del círculo polar Ártico.
El motivo de su deceso, comunicado por su viuda, Yulia Naválnaya, al coincidir con el segundo aniversario del asesinato, se ha percibido más como una confirmación que como una sorpresa. En definitiva, Alexéi ya había salido con vida, por muy poco, de un envenenamiento previo con Novichók en 2020.

Las víctimas del agente nervioso ya incluían a quienes habían sido afectados por la sustancia, pero en este caso, el agente químico se había difundido ya en el entorno: las víctimas, entre ellas, habían sido expuestas sin saberlo. El 2017, el veneno se había disipado, pero el daño ya estaba hecho: el agente tóxico, en este caso, se había activado sin aviso, y la mujer, sin saberlo, lo había inhado.
Las agencias de espionaje de Rusia poseen una trayectoria sumamente extensa empleando compuestos tóxicos con el fin de eliminar a sujetos molestos. Existen numerosos casos, tanto en el transcurso de la guerra fría como en las décadas que siguieron al colapso de la Unión Soviética. No obstante, el bloque occidental igualmente ha empleado sustancias letales o, cuando menos, ha proyectado su utilización en múltiples momentos durante el último siglo.
¿Con leche o con polonio?
Un veneno letal ingerido a través de un té envenenado, junto con un agente tóxico, fue el responsable de la muerte de Litvinenko, cuya muerte fue precedida por una aguda intoxicación. Unas fuentes indican que Litvinov, al ser acusado, había denunciado previamente a sus adversarios, mientras que otros lo acusaban de complicidades.
El crimen tuvo lugar en Londres, en noviembre de 2006, durante un encuentro de negocios con empresarios rusos vinculados al KGB. Ellos fueron quienes echaron polonio en el té de Litvinenko, pero tampoco salieron ilesos. Según relata Calder Walton, especialista británico en inteligencia, en su libro Spies: The epic intelligence war between East and West, los asesinos dejaron un reguero de radiactividad perfectamente rastreable por todo Londres, desde el metro hasta el avión con el que regresaron a Rusia. Una toalla que usaron en su hotel resultó tan contaminada que hubo que enviarla al Centro de Investigación de Armamento Atómico británico. Unos 250 empleados pasaron exámenes médicos. En cuanto al cadáver de Litvinenko, es tan radiactivo que su ataúd debe permanecer cerrado durante, al menos, 22 años.
Desde la crema para depilar hasta un instrumento bélico
La pérdida de pelo constituye una de las señales distintivas de la intoxicación por talio, un elemento metálico de tono grisáceo azulado sumamente nocivo. Por este motivo, sus derivados salinos se utilizaron hasta mediados del siglo XX en la fabricación de productos depilatorios. Agatha Christie detalló las consecuencias de dicha sustancia en El misterio de Pale Horse, obra lanzada en 1961. Tal hecho resultó crucial: durante 1977, una sanitaria que conocía el libro identificó la intoxicación fortuita de una pequeña de diecinueve meses, cuya sintomatología desconcertaba a los facultativos. Tras suministrarle el tratamiento, azul de Prusia, la infante logró salvarse.
No tuvieron un destino similar los adversarios del sistema de Saddam Hussein que fueron intoxicados con talio de 1978 a 2003, a consecuencia de la alianza entre el Mujabarat iraquí y la Unidad Médica de Venenos de la Universidad de Bagdad, establecida por el medio hermano del líder, Barzan al Tikriti.

Según explica Adela Muñoz Páez en su libro Historia del veneno: de la cicuta al polonio, “entre las indudables ventajas del uso del talio como arma asesina, aparte del hecho de que sus sales son incoloras e insípidas, por lo cual resultan difíciles de detectar, hay que destacar que hace efecto varios días después de ser ingerido, lo cual enmascara aún más su efecto”.
Por un margen mínimo: Fidel Castro y Nelson Mandela
Durante los años setenta, la CIA diseñó una estrategia ingeniosa para atacar a Fidel Castro: introducir sales de talio en su calzado. Con esta acción, buscaban destruir no solo al individuo, sino también a la leyenda. Castro fallecería sin su icónica barba y los retratos de este escarnio tras su muerte se difundirían por todo el planeta.
También se consideró la posibilidad de envenenarlo con toxinas, pero ninguno de los planes logró concretarse, mientras se buscaba alternativas para introducir veneno en sus pertenencias, sin lograrlo efectivamente.

Otro dirigente que se libró, por los pelos, de morir envenenado por talio fue Nelson Mandela. Poco antes de su liberación, en 1990, los guardias debían añadir talio a su medicación habitual. Según el Congreso Nacional Africano, el objetivo no habría sido producirle una muerte rápida, sino mermar sus facultades e incapacitarlo para gobernar. Con otros presos políticos menos célebres, el régimen del apartheid no fue tan discreto. El Proyecto Coast, dirigido por el cardiólogo afrikáner Wouter Basson, empleó armas químicas para eliminar a cientos de disidentes.
Colonialismo tóxico
Quien efectivamente perdió la vida por el talio fue el camerunés Félix-Roland Moumié, líder anticolonialista exiliado. Un integrante de la inteligencia francesa lo envenenó en un local de Ginebra, en 1960, al introducir grandes cantidades en su consumición.
Dos meses después, aún en el marco de aquella crisis, se llevó a cabo el asesinato: justo cuando se preparaba el golpe, Lumumba fue eliminado. Antes, ya se había establecido que la muerte de Lumbo —cuya existencia se vio amenazada— se alineaba con un plan más sutil, y aunque el veneno se ocultaba tras el disfraz, su muerte fue orquestada.
Stepan Bandera, personaje fundamental de la lucha por la independencia de Ucrania.
En 1959, las fuerzas soviéticas utilizaron un arma de gas de cianuro con el fin de eliminar a Stepan Bandera, quien fuera un extremista ucraniano y aliado nazi en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Dicha sustancia química le causó un fallo del corazón de forma prácticamente inmediata. Al principio, su fallecimiento fue vinculado a motivos biológicos. El autor del crimen, Bohdan Stashinsky, confesaría lo ocurrido en 1962, después de huir y ponerse a disposición de los funcionarios de Alemania Occidental.

No obstante, no todos los espías soviéticos poseían la frialdad necesaria para cometer homicidios. A Nicolai Khokhlov se le confió una labor análoga, acabar con Georgi Okolovich, otro nacionalista ucraniano, mediante una pistola de dardos tóxicos camuflada en un envase de tabaco. El Kremlin lo adiestró a fondo: Khokhlov obtuvo formación de un experto en judo y de un tirador de élite. Pero, llegado el instante decisivo, el agente desistió, alertó a su objetivo y huyó para unirse a la CIA.
El KGB no lo tomó bien: el agente había sido envenenado con intención, y aunque el veneno actuó con sigilo, su efecto fue letal.
* *Idea 4
Rusos y occidentales no siempre han empleado venenos en facciones enfrentadas. Es factible que los servicios secretos británicos estuvieran implicados en el asesinato de Rasputín o hubieran colaborado en él, pese a que los informes del MI6 que podrían dar claridad a este suceso todavía no se han hecho públicos.
El oscuro consejero del zar Nicolás II perdió la vida durante un banquete en la mansión del príncipe Félix Yusupov, en 1916. El dueño de casa vertió cianuro en la bebida y los dulces, aunque aparentemente falló, pues el cuerpo fue localizado atado en el río Néva, con diversos impactos de bala en la zona frontal y el torso.
Uno de los conspiradores, el príncipe de la corte, y un cercano colaborador, habrían participado en el asesinato.


