Defensa europea sí, pero autónoma

El qué ya está claro. Necesitamos una defensa común. Del mismo modo que hace tres años, cuando comenzó la guerra de Ucrania, tuvimos que asumir que no podíamos seguir dependiendo de Rusia para el suministro energético, ahora tenemos que asumir que no podemos seguir dependiendo de Estados Unidos para nuestra defensa. Necesitamos dotarnos de las capacidades necesarias para defender nuestro modelo de vida.

Ahora falta el cómo. El camino está sembrado de obstáculos. Ursula von der Leyen presentó el martes una propuesta para financiar el aumento de gastos de defensa. El jueves, el Consejo Europeo le dio su beneplácito. Es una propuesta que incluye menos dinero fresco de lo que parece, pero que puede servir para que la defensa común no exija recortes en gastos sociales o una subida de impuestos.

Estados Unidos no lo pondrá fácil; vamos a ver cómo reacciona

Sin embargo, más importante que gastar más es gastar bien. Si no queremos seguir dependiendo de Estados Unidos, la defensa común debe ser autónoma, lo que exige una letra pequeña que no sé hasta qué punto está incluida en las decisiones aprobadas esta semana.

Es necesaria una cláusula de condicionalidad inequívoca. Los nuevos fondos disponibles deben servir para dotarnos de las capacidades que nos faltan, no para duplicar las que ya tenemos. Además, tenemos que destinarlos a la compra de equipamientos europeos, aunque resulten más caros que los que hay en el mercado. No podemos seguir maniatados por cláusulas que someten el uso del equipamiento que compramos a la aprobación del Estado que nos lo vende.

Von der Leyen

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El punto de partida es la identificación de nuestras carencias. Tenemos que estar en condiciones de desplegar una fuerza creíble en un periodo de tiempo suficientemente corto y de mantenerla en cualquier teatro bélico durante el tiempo que sea necesario. Tenemos que poder hacerlo sin la ayuda de nadie. Esto exige soldados, aviones, buques, satélites, drones, misiles, municiones, instrumental de precisión para evitar las bajas civiles, medios de transporte para las tropas, inteligencia, cobertura tecnológica, comunicaciones, intendencia, etcétera. Debemos ponernos de acuerdo en lo que tenemos y en lo que nos falta. Se trata de un trabajo técnico, y supongo que el Estado Mayor y el Comité Militar de la UE ya lo han hecho, pero no carece de aspectos políticos delicados. Como es natural, cada Estado miembro barrerá para casa.

Los nuevos fondos disponibles deben ser destinados a cubrir estas carencias. Para evitar duplicaciones y maximizar la utilidad del dinero que invertimos, debemos reordenar las empresas del sector, con las fusiones que sean necesarias, y someterlas a una coordinación estricta. Tenemos que transformar el archipiélago de empresas actual en una auténtica industria de defensa europea, y tenemos que hacerlo con rapidez.

Esto pone sobre la mesa una cuestión institucional de gran calado. La Comisión Europea intentará dirigir el proceso y contará con el apoyo de muchos estados miembros, pero habrá gobiernos que dirán que la Comisión Europea no es competente, porque el tema afecta a su soberanía y propondrán una vía intergubernamental. Es una batalla que lleva años arrastrándose.

Los intereses en juego son colosales. Son intereses económicos (puestos de trabajo), pero también políticos (los votos en los lugares donde se ganen o se pierdan puestos de trabajo, las relaciones con terceros países que ahora son clientes de las empresas que tenemos, etcétera).

Como es natural, Estados Unidos no lo pondrá fácil. Vamos a ver cómo reacciona cuando vea que, en lugar de invertir más dinero en comprar material americano, lo que queremos es destinarlo a cubrir nuestras carencias y a garantizarnos una defensa autónoma, es decir, que no dependa de su poderoso complejo industrial militar. Atentos.

El viejo lugar común dice que la Unión avanza en los momentos de crisis. Dicho en términos churchillianos: hacemos lo que tenemos que hacer, pero solo después de agotar todas las demás posibilidades. Ahora veremos si es verdad. Las demás posibilidades ya las hemos agotado.

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