A instancias del canciller alemán, Friedrich Merz, Berlín acaba de acoger conversaciones entre el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, emisarios estadounidenses enviados por Donald Trump y un ramillete de líderes europeos sobre cómo poner fin a la guerra en el país atacado por Rusia. “El destino de Ucrania es el de toda Europa; en este sentido, es una tarea clave, y me he comprometido a apoyar estrechamente a Ucrania en las negociaciones aquí en Berlín”, declaró Merz el lunes junto al líder ucraniano.
Está por ver el alcance en resultados de las negociaciones, en las que Estados Unidos se avino a ofrecer a Ucrania altas garantías de seguridad similares a las de la OTAN a cambio de la retirada ucraniana de la región oriental de Donetsk, una cesión de territorio que Kyiv no quiere ni puede admitir. Pero para el anfitrión alemán ya hay una ganancia. El mero hecho de que el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y el yerno del presidente, Jared Kushner, viajaran a Berlín para entrevistarse con Zelenski ilustra el nuevo peso exterior de Alemania que el canciller democristiano quiere cultivar.
En efecto, Friedrich Merz está dedicando gran esfuerzo a proyectar el liderazgo alemán en el seno de la Unión Europea (UE), posicionándose como defensor no solo de Ucrania, sino, según él mismo afirma, de Europa en su conjunto. Es un cambio notable en la perspectiva germana hacia los asuntos del mundo. Los predecesores de Merz en la Cancillería, el socialdemócrata Olaf Scholz y la también democristiana Angela Merkel, se mostraron reacios a elevar tan abiertamente el perfil de liderazgo exterior de la primera economía de Europa.
Las conversaciones de paz de Zelenski y los emisarios de Trump en Berlín ilustran el nuevo peso exterior alemán
Friedrich Merz lleva siete meses como canciller –fue investido el 6 de mayo, tras ganar las elecciones celebradas el 23 de febrero–, pero la idea de elevar el perfil exterior de Alemania estaba en su cabeza desde bastante antes. “Debemos transformarnos de una potencia media latente a una potencia media líder”, declaró en enero, estando aún en la oposición, durante un discurso sobre política exterior en Berlín.
Cuando a inicios de abril, el bloque conservador CDU/CSU y el Partido Socialdemócrata presentaron su pacto de coalición para gobernar juntos, Merz volvió a la carga. “Europa puede contar con Alemania”, proclamó, asegurando que el nuevo Gobierno enviaba “una señal muy fuerte y clara” a su propia ciudadanía y a los socios europeos sobre su fortaleza y capacidad de actuación. En la tradicional rueda de prensa de verano de los cancilleres, la primera que él daba como tal, reivindicó que “la política exterior es también política interior”.
La expresión de las nuevas ambiciones de liderazgo de Alemania se materializó al principio con gestos simbólicos, como el viaje de Merz a Kyiv con los jefes de Estado o de Gobierno de Francia, Polonia y Reino Unido el 10 de mayo, solo cuatro días después de convertirse en canciller. Pero hay también decisiones concretas de política interior con impacto exterior.
Friedrich Merz decía ya en enero, cuando aún estaba en la oposición, que Alemania debe pasar de ser “potencia media latente a potencia media líder”
Así, Merz sostiene que la polémica flexibilización del freno constitucional a la deuda para hacer inversiones multimillonarias en defensa –que logró obtener del Parlamento anterior al surgido de las urnas, de las que él era ya el ganador– ha incentivado a otros países europeos a aumentar su gasto militar. Y la celebración el domingo y el lunes en Berlín de las conversaciones sobre paz en Ucrania es un reflejo más de la nueva asertividad de su Gobierno.
Sin embargo, esta elevación de perfil conlleva riesgos. Merz se ha ubicado como el principal adalid del espinoso plan de la UE para reabastecer las arcas de Ucrania con 210.000 millones de euros en activos rusos congelados. A principios de diciembre, el alemán visitó en Bruselas al primer ministro belga, Bart De Wever, quien rechaza el proyecto por temor a represalias de Putin, ya que el grueso de esos activos se halla en Bélgica. Merz fue a verle junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en un intento de convencerle de que desista.
El asunto está llamado a marcar la cumbre europea de jueves y viernes, y Merz ha descrito esta tesitura en términos casi existenciales, como una prueba de si Europa aún puede defenderse. “No nos engañemos. Si no lo logramos, la capacidad de acción de la Unión Europea se verá gravemente dañada durante años, o incluso más –advirtió el lunes–. Mostraríamos al mundo que, en un momento tan crucial de nuestra historia, somos incapaces de permanecer unidos y de actuar para defender nuestro propio orden político en el continente europeo”.
Los predecesores de Merz en la Cancillería, Olaf Scholz y Angela Merkel, fueron reacios a elevar tan abiertamente el perfil exterior de Alemania
Ahora, el plan sobre los activos rusos congelados se tambalea no solo por la reluctancia belga y por el habitual rechazo de la Hungría de Viktor Orbán, sino por nuevas reticencias expresadas por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Si la operación de los activos rusos fracasa, el liderazgo alemán en la UE quedará en entredicho.
Es improbable que los esfuerzos diplomáticos de estos días conduzcan al fin de la guerra en Ucrania en un futuro próximo, pero al menos los europeos participan, y Merz ha contribuido a que estén ahí. En cambio, el panorama en el conflicto en Oriente Medio evoluciona fuera del alcance de la influencia europea y alemana, estando totalmente en manos de Trump y de cómo impone o no su voluntad al primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu. En eso, Alemania y Merz siguen siendo meros espectadores, que como mucho insisten en subrayar la responsabilidad histórica alemana ante el Estado hebreo.
El pasado 7 de diciembre, Merz hizo su primera visita a Israel como canciller y, aunque advirtió a Netanyahu contra “medidas de anexión en Cisjordania”, concluyó ante el israelí que ya no hay “ningún desacuerdo entre nosotros”.


