China se proyecta como potencia en la Antártida
Pulso con EE.UU.
Una nueva “ley de asuntos antárticos” regula aspectos “turísticos, navieros y pesqueros” en el continente

Isla de Pleneau, en la Antártida, última frontera turística, en una foto del 24 de noviembre

Puesta a elegir entre la Luna y la Antártida, China ha decidido que se queda con las dos. Esta semana ha presentado un proyecto de ley que codifica su creciente presencia en el continente helado, con vistas a jugar un papel mayor en su gobernanza.
La denominada “ley de asuntos antárticos” busca proteger sus intereses como estado, pero también regular las actividades de sus propios ciudadanos, en armonía con el medio ambiente. Los chinos son la segunda nacionalidad entre los turistas que, en grupos organizados, se acercan a la Antártida durante el verano austral, a partir de Punta Arenas (Chile) o Ushuaia (Argentina).
Es cierto que los estadounidenses todavía son cuatro veces más. Pero con la puesta en funcionamiento de la tercera base permanente en la Antártida, hace un año, China ha alcanzado la paridad con otros potencias antárticas, como EE.UU.. Siguen por delante Rusia y las dos república del Cono Sur. China cuenta además con dos bases temporales (España tiene una), lo que eleva el total a cinco.
Labor científica
China suma cinco bases en la Antártida, tres de ellas permanentes
Cabe recordar que la Antártida es territorio desmilitarizado y no sujeto a explotación económica. Junto a los pingüinos, solo viven allí comunidades de científicos (un millar en invierno y cinco veces más en verano). No está en el centro del huracán geopolítico, como el Ártico, pero está dejando de estar en el limbo.
El comité permanente del Congreso Nacional del Pueblo revisa desde el lunes el proyecto de ley antártica. Un movimiento coherente con la intención de China de jugar un papel más relevante en ambos polos, aunque no se cuente entre los países del Consejo Ártico. China se describe como “país casi ártico”, pero lo cierto es que es un mero observador, como España.

La diferencia es que China es también la gran fábrica del mundo y potencia exportadora, por lo que observa con interés las rutas árticas -antaño heladas casi todo el año- que se van despejando con el aumento de las temperaturas. Habla ya de las Rutas Polares de la Seda, que le permitirían durante parte del año recortar en más de un 50% la singladura hasta el Atlántico Norte, en comparación con la ruta del canal de Suez. Evitando, además, el estrecho de Malaca.
La China de Xi Jinping pide más voz, de acuerdo con su actual peso económico. Una vez más, podría chocar con EE.UU., cuyo presidente Donald Trump pretende todo lo contrario: impugnar el orden comercial, manteniendo el status quo político.
Está por ver cuál es el propósito último de China en la Antártida. El precinto que la rodea podría no ser eterno. Su actual condición de paraíso natural limita la utilidad de sus 18.000 kilómetros de costa. Aunque la ruta austral recortaría de forma modesta el trayecto entre Shanghái y Buenos Aires, todavía acarrea más riesgos que beneficios.
En cualquier caso, la legislación antártica en estudio -para ciudadanos chinos o embarcados en expediciones chinas- ya no presupone que solo científicos con las espaldas cubiertas se desplacen allí. En 57 artículos, trata de turismo, pesca o navegación, con exigencia de itinerarios detallados, seguros y planes de impacto ambiental, con previsión de multas en caso de incumplimiento, así como vetos de uno a tres años.

Tan Xianchun, investigador de la Academia de Ciencias, dijo que, tras más de cuarenta años en la Antártida, China ha pasado del estadio de acumular capacidades al de definir las reglas, primando “el uso pacífico, la protección ambiental, la conservación de recursos, la cooperación internacional o el apoyo científico”.
La legislación china observa por tanto la prohibición de actividades militares o la extracción de recursos minerales, “excepto para fines científicos”. Esta “exploración verde” propuesta para la Antártida tiene poco que ver, en fondo y forma, con los planes de Donald Trump para Groenlandia, pero eso no elimina las suspicacias.
Por ejemplo, un documento presentado este mismo mes, por encargo del presidente de Francia, reconoce que la Antártida está en las antípodas del Ártico en todos los sentidos, pero alerta que “podría convertirse en el decenio que viene en el próximo objetivo estratégico de las tres grandes potencias”. “Estados Unidos, China y Rusia”, señala, “mantienen un tercio de las bases científicas permanentes en la Antártida y parecen proyectarse hacia una revisión del Protocolo de Madrid en lo relativo a la protección del medio ambiente antártico, cuando eso sea posible en 2048”.
“Para entonces la explotación de los considerables recursos del Continente Blanco se impondrá a su protección”, concluye el enviado especial de Emmanuel Macron para los Polos y el Océano, Olivier Poivre d'Arvor, que recomienda que la protección del Tratado Antártico no prescriba.
Objetivo la Luna
El Polo Sur de la Tierra no es el único que despierta el apetito de China
Mientras China señala al Polo Sur, tiene un ojo puesto en la Luna, donde quiere enviar una misión tripulada a partir de 2030. Tras haberse convertido en el primer país en alunizar una nave no tripulada en la cara oculta -trayendo de regreso a la Tierra muestras del terreno- su próximo objetivo es encontrar hielo en el polo sur del satélite terrestre. También ensaya con impresoras 3D capaces de convertir el suelo de la Luna en ladrillos. En consonancia con su objetivo de establecer una base lunar permanentemente habitada, la década que viene, en colaboración con Rusia. EE.UU. Agiliza sus propios planes de retorno a la Luna. La competición entre potencias desborda el espacio y alcanza los polos, de la Tierra y la Luna.