Las Claves
- Delcy Rodríguez asume la presidencia de Venezuela tras la salida de Nicolás Maduro propiciada por el gobierno de Donald Trump
- Donald Trump respaldó a Delcy Rodríguez exigiendo
Delcy Rodríguez ha asumido el cargo como la mujer pionera en la trayectoria de Venezuela en llegar a la primera magistratura. Se trata de la segunda “reencarnación” de una Revolución Bolivariana que, habiendo resistido en su época las dificultades por el deceso de Hugo Chávez, pretende hoy perdurar frente a la salida de Nicolás Maduro propiciada por Estados Unidos.
El hecho de que la anterior vicepresidenta ejecutiva asumiera el mando de la nación, aunque concuerda con el relevo institucional contemplado en la Constitución Bolivariana, se vio ratificado por un pronunciamiento de Donald Trump. El líder estadounidense expresó su clara voluntad de que fuera precisamente ella, y no ningún otro perfil, quien liderara el gobierno de la nación caribeña durante esta etapa de dudas iniciada después del derrocamiento de Maduro.
La forma en que Trump se persuadió de que Rodríguez constituía el componente idóneo continúa siendo un tema de conjeturas. Sin embargo, resulta determinante la opinión de la Casa Blanca acerca de la falta de aptitud de la oposición para manejar el mando y asegurar una calma instantánea. Washington se ha decantado por un relevo estructurado y con menor impacto, demostrando que su prioridad no es tanto el restablecimiento democrático como la protección de sus conveniencias estratégicas y mercantiles en la zona.
Trump expresó su clara intención de que Delcy liderara Venezuela después de la salida de Maduro.
No obstante, la propuesta de Trump representa una trampa peligrosa. “Si no hace lo correcto, pagará un precio probablemente más alto que Maduro”, señaló el dirigente republicano al mencionar este acuerdo de gestión que facilita que la hermana del titular de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, conserve su cargo. Según Trump, “lo correcto” conlleva la entrada absoluta a los recursos de crudo venezolanos y el consentimiento de una suerte de tutela sobre Venezuela con una dimensión práctica todavía por concretar. “Nosotros estamos a cargo”, ha expresado el mandatario estadounidense al hablar sobre Venezuela.
Es en ese punto donde el panorama se torna difícil para una Delcy Rodríguez que no solo tendrá que enfrentar al volátil y temperamental mandatario de los Estados Unidos, sino que simultáneamente deberá persuadir a sus seguidores de que la Revolución Bolivariana continúa siendo autónoma y que su ascenso al mando no fue consecuencia de una deslealtad hacia Nicolás Maduro.
Esto explica el carácter contradictorio de sus declaraciones iniciales. La primera se produjo mediante una llamada, instantes después de que se validara la salida de Maduro. Con un discurso provocador, Rodríguez reclamó a los Estados Unidos una constancia de supervivencia de la pareja presidencial y censuró tajantemente el atropello realizado. Momentos después, en la sesión del Consejo de Defensa de la Nación, mantuvo su planteamiento y mencionó que “aquí hay un solo presidente, y se llama Nicolás Maduro”.
Marco Rubio sostiene que ignorará el discurso de los mandatarios recientes para evaluarlos únicamente basándose en sus hechos.
No obstante, en un lapso menor a un día, la actitud de la presidenta encargada mostró un giro sustancial y mediante una nota oficial solicitó a los Estados Unidos “trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación y avanzar hacia un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso entre ambas naciones”.
La ceremonia de toma de posesión de Delcy Rodríguez ante la nueva Asamblea Nacional igualmente contó con dos relatos que se desarrollaron al mismo tiempo. Al tiempo que en el recinto legislativo los diversos sectores del chavismo se plegaban a su autoridad e incluso Nicolás Maduro Guerra, descendiente del gobernante que acababa de ser destituido, se vio obligado a manifestar su aprobación ante el nombramiento de la flamante jefa de Estado.
No obstante, en los alrededores del Palacio Federal Legislativo algún integrante del Gobierno (y se asume que no se trató de ella) aparentaba tener interés en que la violencia marcara el día, perjudicando de este modo la celebración de la toma de posesión. Un mínimo de 14 reporteros de prensa y agencias globales que cubrían la noticia resultaron arrestados y forzados a eliminar el contenido almacenado en sus dispositivos móviles. Simultáneamente, en Caracas se informaba sobre la existencia de bandas armadas estatales y parapoliciales que paraban a las personas, inspeccionaban automóviles y demandaban a los habitantes acceder a sus teléfonos para inspeccionar sus chats, evidenciando que el camino hacia la libertad democrática es una meta que aún debe aguardar.
Dentro de esta inesperada alianza que surge entre Washington y Caracas, por el momento la Casa Blanca ha respetado su compromiso: avaló el relevo de liderazgo e incluso los navíos petroleros bajo sanciones localizados en terminales venezolanas iniciaron su partida sin que la armada norteamericana los interceptara. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha indicado que dejará de lado el discurso de la reciente dirigencia para evaluarla únicamente a través de sus hechos.
Es necesario observar qué medidas se aguardan y si, aparte de facilitar el entorno para que Estados Unidos realice transacciones comerciales en la nación, lo cual es la única seguridad hasta el momento, se contemplan indicios de democratización, la excarcelación de detenidos políticos o sanciones para personajes clave del sistema que representan la opresión o la falta de transparencia. Esto representa lo más elemental que aguardan millones de venezolanos.
Sin embargo, resulta vital considerar que toda cesión ante Estados Unidos pone en peligro la precaria cohesión que actualmente mantiene unido al sistema chavista que hoy comandan los hermanos Rodríguez.

