María Corina Machado confía en que las grietas del ejecutivo venezolano le despejen la ruta hacia el mando.

Convulsión en América Latina

La representante de la oposición atraviesa momentos sombríos y se enfrenta al peligro de volverse intrascendente, no obstante, la gestión de Delcy Rodríguez podría fracturarse bajo la carga del control de Estados Unidos.

Dentro del nuevo esquema regional trazado por Trump, la validez de los sufragios importa menos que el dominio real de la zona y la seguridad en el abastecimiento de energía.

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Una simpatizante de la administración de Delcy Rodríguez se burla de la dirigente opositora María Corina Machado en el transcurso de una protesta en Caracas llevada a cabo este miércoles 7 de enero.

Jesus Vargas / Getty

Las Claves

  • María Corina Machado enfrenta un panorama adverso tras la salida de Nicolás Maduro y la designación de Delcy Rodríguez como presidenta interina.
  • Donald Trump priorizó el control

Al tiempo que los helicópteros de Estados Unidos sobrevolaban el cielo de Caracas, María Corina Machado contemplaba el panorama que tantas veces había solicitado, pero que se materializó de la manera más desfavorable para sus planes: la partida de Nicolás Maduro sin que ella o Edmundo González tomaran el relevo. Sorprendentemente, la operación ha conservado casi íntegra la base del poder madurista.

Para Machado, la actualidad representa posiblemente el tramo más amargo de una vida pública que la transformó de defensora del sufragio a principios de siglo en la dirigente de la oposición venezolana facultada para vencer en las votaciones al sistema chavista y, sumado a ello, ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz al terminar el año pasado.

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La dirigente de la oposición de 58 años, quien transformó el 28 de julio de 2024 en una hazaña democrática histórica, atraviesa actualmente una amarga contradicción: el “cambio” se ha materializado, aunque sin validar ni admitir los saldos de los comicios que ella sostuvo con firmeza, sino a través de un acuerdo de realpolitik orquestado en Mar-a-Lago y llevado a cabo por las figuras que Washington ha seleccionado para sustituir a Maduro.

El inesperado “designación” de Delcy Rodríguez como presidenta interina mediante el respaldo de la Casa Blanca constituye un impacto devastador para el anhelo de la “transición democrática” que Machado y González Urrutia —presidente electo el 28 de julio— representaban. Asimismo, significa un fuerte contratiempo para millones de venezolanos que jamás previeron que, después de la 'Operación Resolución Absoluta', se daría un acuerdo de gestión con la dirigencia chavista en vez de una validación de la voluntad popular manifestada en los comicios y un inicio democrático que inicialmente otorgara la excarcelación a los centenares de detenidos políticos que siguen encarcelados.

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Un retrato de María Corina Machado en medio del impulso de los comicios presidenciales de 2024, representando uno de los escasos momentos en los que dejó su aislamiento.

Al optar por un relevo proveniente de la estructura gubernamental con el fin de garantizar una calma pronta, Donald Trump ha transmitido una advertencia tajante a los sectores liberales: dentro de la actual configuración de la región, el respaldo electoral tiene menor relevancia que el dominio real sobre el terreno y la seguridad del abastecimiento de energía. Los indicios iniciales de este extraño pacto sugieren que Estados Unidos busca supervisar los yacimientos de hidrocarburos y los beneficios derivados de la comercialización de petróleo. Las transacciones comerciales prevalecen.

Al mismo tiempo, la dirigente opositora afronta una coyuntura tan difícil como imprevista: mantiene un sólido apoyo de la ciudadanía en Venezuela y posee la validez de haber liderado la victoria en los comicios presidenciales de 2024, aunque actualmente padece las graves consecuencias de haberse alineado totalmente con un carácter volátil como el de Donald Trump, quien acabó por apartarla. En ese proceso, Machado se distanció de la oportunidad de establecer vínculos nacionales e internacionales con diversos actores políticos que ahora parecen complacidos al aprovechar su debilidad y recalcar su enorme fallo de estrategia.

La galardonada con el Nobel de la Paz sigue manteniendo un sólido apoyo en Venezuela y posee la validez que le otorga su triunfo en las elecciones de 2024.

¿Cuál es el espacio de acción que aún posee la dirigente de Vente Venezuela? Su narrativa de “hasta el final” se estrelló ante una pared de realismo geopolítico. Según Washington, ni la representante, quien no ha regresado a Venezuela tras partir para aceptar el premio Nobel de la Paz el pasado diciembre, ni González Urrutia, el vencedor real de los comicios de 2024, cuentan con la autoridad para dirigir las Fuerzas Armadas ni con la destreza política para gestionar la tormenta derivada de una instauración forzada. Pese a que se comenta que la Casa Blanca no busca apartarlos, actualmente no representan los perfiles que demandan el apoyo de los militares y del aparato administrativo del Estado que ambos aseguraron.

Aunque la creencia en un “Vietnam” se haya disipado, la posibilidad de desorden en el territorio es elevada y arriesgada para los objetivos estadounidenses. De este modo, la imagen pausada y normativa de González Urrutia no se estima como la más idónea y su ilusión de una asunción en Caracas se diluyó entre los efluvios del petróleo y los compromisos de flexibilización de los hermanos Rodríguez.

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Sin embargo, para Machado la situación es distinta. El suceso ocurrido el 3 de enero no significa forzosamente el término de su trayectoria, la cual ya conoce las fluctuaciones típicas de cualquier figura pública. Venezuela se adentra en un periodo de incertidumbre donde el brillo de la dirigente opositora parece haber disminuido, aunque no se ha extinguido. El contexto en Venezuela es volátil y continúa evolucionando constantemente.

La fallida transferencia de Maduro no representa el final de la trayectoria política de Machado, puesto que Venezuela se dirige a un periodo de inconsistencias y el liderazgo de la opositora continúa vigente.

En este momento, su peligro más grande es quedar en el olvido y su alternativa ideal, la calma. La alianza en el gobierno surge en una época de fragilidad; la convicción de que otorgarían la firmeza precisa aún está por verse, dado que la presión del control foráneo estadounidense y los recelos internos entre los líderes del mando podrían romper una cohesión del oficialismo que previamente se mostraba sólida. Es posible que en esa grieta aparezcan las circunstancias propicias para que María Corina Machado vuelva a Venezuela a demandar su posición de liderazgo.

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