Nadie echa de menos a Maduro en Caracas
Cambio de rumbo en el Caribe
Una semana después de la captura del dirigente chavista, los venezolanos no saben todavía si avanzan hacia la democracia

Un manifestante chavista en Caracas, el viernes
Han transcurrido casi 200 horas desde que Donald Trump ignoró cualquier principio del derecho internacional y ordenó un ataque sobre la capital venezolana para extraer a Nicolás Maduro y llevarlo a juicio ante la justicia norteamericana, dejando en el camino cerca de 100 fallecidos entre militares y civiles.
Si efectivamente para los venezolanos significa el inicio de una transición hacia la democracia es una gran incógnita, pero el hecho inédito de la extracción de un presidente en ejercicio y el pacto de sus sucesores provenientes de la misma coalición con la potencia agresora para imponer una gobernanza tutelada ya están teniendo consecuencias.
La era posmadurista comienza siendo igual de insatisfactoria para todas las partes. La salida del poder de Nicolás Maduro no significó la llegada de la oposición al poder y tampoco hay señales claras que indiquen el fin del autoritarismo. Pero que la cúpula oficialista esté obligada a rendir cuentas para aspirar a una nota aprobatoria de la Casa Blanca es una humillación inaceptable que no pueden disimular.
De lo más llamativo de esta primera semana desde que Maduro dejó el poder es que nadie, o casi nadie, pareciera echarlo de menos. La cúpula está haciendo los ajustes necesarios para seguir adelante y si bien una parte de la población rechaza el ataque norteamericano y advierte sobre el interés exclusivo de Trump por la riqueza petrolera venezolana, la mayor preocupación es si lo ocurrido hasta ahora es el inicio real de una transición democrática.
Por ahora nadie celebra. Los que se complacen con la captura y extracción de Maduro temen por su seguridad. No se olvida que el recién aprobado decreto de Conmoción Exterior es una amenaza que faculta a los cuerpos de seguridad a realizar “la búsqueda y captura” de toda persona que apoye el ataque armado de Estados Unidos.
La obligación de la cúpula oficialista de rendir cuentas a la Casa Blanca es una humillación
Aunque no ha habido una arremetida represiva de gran magnitud, la presencia de colectivos en la calle, la detención de periodistas el día de la jura de Delcy Rodríguez y de algunas personas que salieron a celebrar los ataques norteamericanos es una señal de que el control social es un arma que podría volver a activarse.
Muchos de los que todavía simpatizan con el oficialismo esperan un análisis que esclarezca el alcance del pacto con Estados Unidos y explique por qué todos los mecanismos de defensa y seguridad fallaron tan estrepitosamente la madrugada del 3 de enero. Son ellos los que más lamentan el fallecimiento de las casi 100 personas que perdieron la vida durante los ataques de la semana pasada.
Desde la comunidad internacional, la situación venezolana parece verse de manera distinta y el acento no suele ponerse en la salida de Maduro sino en las implicaciones de la agresión militar. El temor global por el atrevimiento de Trump pocas veces tiene en cuenta el sufrimiento de los venezolanos y la aspiración de un cambio hacia la democracia. Muchos no se explican que el ataque de Estados Unidos que dejó cerca de un centenar de muertos en Venezuela sea visto con buenos ojos por buena parte de la población local que nunca consiguió ni en el derecho ni en la comunidad internacional respuestas eficaces para contener el autoritarismo madurista y exigir un retorno al cauce democrático.
El nuevo escenario en Venezuela ha forzado un anuncio de liberación de presos políticos y ha generado la excarcelación aunque sea con cuentagotas de los primeros de ellos. Esa es la más importante señal de lo que podría comenzar a cambiar para los venezolanos en materia de derechos civiles y políticos después del 3 de enero.
Otro giro inesperado es el nuevo tono de Petróleos de Venezuela (PDVSA), expresado en un comunicado donde celebra las futuras relaciones comerciales con Estados Unidos. Los anuncios de líneas aéreas de reanudar sus vuelos hacia y desde Venezuela y el de la reapertura de la embajada norteamericana y otras delegaciones diplomáticas en Venezuela son señales que también se reciben con optimismo.
El malestar chavista irá en aumento cuanto más visibles sean los signos de tutelaje de Estados Unidos
Pero eso puede leerse también como que el tutelaje está en marcha y es la razón por la que el Gobierno ya no luce ni tan fuerte ni tan soberbio como aparecía hasta finales de año. El malestar dentro del chavismo por la forma en que se está blanqueando esta nueva etapa de la relación con Estados Unidos es algo que todavía no se ha medido lo suficiente y seguirá en aumento en la medida en que se tengan que seguir mostrando señales que mantengan contento al Departamento de Estado norteamericano.
Hasta ahora, el liderazgo opositor venezolano ha sido el gran ausente en estos primeros días de la era post-Maduro, pero si quiere que las señales que permitan vislumbrar una transición democrática en Venezuela se mantengan y fortalezcan, tendrá que reclamar un espacio que motive a Estados Unidos a seguir ejerciendo presión sobre el Gobierno de Delcy Rodríguez y no se detenga únicamente en fortalecer la agenda petrolera y el intercambio comercial.

