Las Claves
- Donald Trump ordenó una ofensiva contra Caracas para capturar a Nicolás Maduro, provocando aproximadamente cien muertes entre militares y civiles venezolanos.
- Delcy Rodríguez asumió el mando bajo una administración controlada por Estados Unidos, mientras la oposición permanece sin acceso real al poder político.
- PDVSA celebra nuevos vínculos mercantiles con Estados Unidos y se anuncia el restablecimiento de vuelos comerciales y misiones
Se han cumplido casi 200 horas desde que Donald Trump desestimó toda norma del derecho internacional y dispuso una ofensiva contra la capital venezolana con el fin de capturar a Nicolás Maduro y someterlo a proceso ante los tribunales estadounidenses, provocando aproximadamente 100 muertes entre efectivos militares y ciudadanos civiles.
Sigue siendo un misterio si esto marca verdaderamente el arranque de una evolución democrática para los venezolanos; sin embargo, la situación inusual de retirar a un gobernante activo y el convenio de sus herederos políticos del mismo grupo con el poder atacante para instaurar una administración controlada ya produce efectos visibles.
La etapa posterior a Maduro arranca siendo de la misma forma frustrante para todos los involucrados. El retiro de Nicolás Maduro de la presidencia no trajo consigo el acceso de la oposición al mando, ni se perciben muestras evidentes que señalen la conclusión del autoritarismo. Sin embargo, que la dirigencia del gobierno se vea forzada a dar explicaciones para obtener una calificación positiva de la Casa Blanca representa una afrenta inadmisible que no logran esconder.
Resulta sumamente curioso que en esta semana inicial tras la salida de Maduro del mando, prácticamente nadie parezca sentir su falta. La élite política ejecuta las modificaciones pertinentes para avanzar y, aunque un segmento de los habitantes repudia la ofensiva estadounidense y advierte que Trump solo busca la riqueza petrolera venezolana, la inquietud primordial es si lo sucedido constituye el arranque auténtico de una reforma democrática.
De momento nadie festeja. Aquellos que se regocijan por la aprehensión y salida de Maduro están preocupados por su protección. Se recuerda que el decreto de Conmoción Exterior aprobado hace poco representa un riesgo que habilita a las fuerzas del orden a efectuar “la búsqueda y captura” sobre todo aquel que secunde la agresión bélica de Estados Unidos.
El deber de los dirigentes gubernamentales de explicar sus acciones frente a la Casa Blanca constituye una deshonra.
Si bien no se ha producido una ofensiva autoritaria de gran escala, el despliegue de grupos de choque en las vías públicas, el arresto de reporteros durante la toma de posesión de Delcy Rodríguez y de ciertos individuos que festejaron las ofensivas norteamericanas constituye un indicio de que la vigilancia colectiva es un recurso que podría ser reactivado.
Gran parte de quienes aún apoyan al sector oficialista aguardan una investigación que clarifique las dimensiones del convenio con Estados Unidos y exponga los motivos por los que el aparato de resguardo y protección colapsó de manera tan drástica durante la madrugada del 3 de enero. Son precisamente estas personas quienes más sienten la pérdida de los casi 100 ciudadanos que murieron en las ofensivas de la semana anterior.
Para el entorno global, el panorama en Venezuela se percibe de forma diferente, enfocándose menos en la remoción de Maduro y más en las consecuencias de una intervención armada. La inquietud mundial ante la audacia de Trump raramente considera el dolor de los venezolanos ni su anhelo por una transición democrática. Resulta incomprensible para varios que la ofensiva de Estados Unidos, con un saldo de casi cien fallecidos en Venezuela, cuente con el respaldo de gran parte de la ciudadanía, la cual no halló en la legalidad ni en los organismos externos soluciones reales para frenar el autoritarismo de Maduro y demandar la restauración de la democracia.
La actual situación en Venezuela ha provocado el aviso de liberar a detenidos políticos y ha permitido que los primeros salgan de prisión, aunque sea de manera muy pausada. Este constituye el indicio más significativo de las transformaciones que podrían iniciarse para los venezolanos en el ámbito de las libertades civiles y políticas tras el 3 de enero.
Una sorpresa adicional radica en la reciente postura de Petróleos de Venezuela (PDVSA), manifestada a través de una nota oficial en la cual festeja los próximos vínculos mercantiles con Estados Unidos. Las notificaciones de las compañías de aviación sobre retomar sus trayectos aéreos con destino y origen en Venezuela, junto con el restablecimiento de la embajada norteamericana y demás misiones consulares en Venezuela, representan indicios que igualmente se acogen con esperanza.
La insatisfacción dentro del chavismo se incrementará a medida que resulten más notorios los indicios de monitoreo por parte de Estados Unidos.
No obstante, dicha situación podría interpretarse como que la tutela ya se está aplicando, lo cual explica por qué el Gobierno ha dejado de proyectar esa imagen de solidez y arrogancia que exhibía al concluir el año previo. La incomodidad en las filas del chavismo ante el modo en que se legitima este ciclo reciente del vínculo con Estados Unidos representa un fenómeno aún no evaluado por completo, el cual crecerá conforme sea necesario continuar ofreciendo gestos que satisfagan al Departamento de Estado estadounidense.
Por el momento, la dirigencia opositora de Venezuela ha destacado por su inacción durante las jornadas iniciales de la era post-Maduro, pero si pretende que los indicios que sugieren un cambio democrático en Venezuela persistan y se consoliden, deberá exigir un protagonismo que incite a Estados Unidos a continuar presionando a la administración de Delcy Rodríguez, evitando que el enfoque se limite exclusivamente a robustecer la actividad petrolera y el vínculo mercantil.


