Los pubs británicos vetan la entrada a los laboristas por subirles los impuestos
Reino Unido
Entre los damnificados se encuentra también el primer ministro Keir Starmer

Fiesta tradicional frente al pub The Waggon and Horses, en el oeste de Londres

Aquel que sirve la pinta de cerveza tiene en el Reino Unido la sartén por el mango. Los pubs son un lobby poderoso, además de una institución nacional y el centro de miles de comunidades, y han obligado al gobierno de Keir Starmer a dar marcha atrás (aunque sea parcial y todavía poco definida) en la subida de impuestos que se les va a aplicar como parte de las medidas del último presupuesto.
Lo han conseguido cerrando el grifo de sus cervezas (venden al año 9.000 millones de pintas) al primer ministro Keir Starmer, a la titular de Economía Rachel Reeves y a los 404 diputados laboristas de la Cámara de los Comunes, en una campaña iniciada por el propietario del Old Thatch de Dorset, a la que se han sumado miles de establecimientos y al final ha contado con el apoyo mediático del influyente periódico conservador The Daily Telegraph .
Los impuestos para desincentivar el consumo de alcohol y las tasas ecológicas han ahogado a los pubs
“Prohibida la entrada a los políticos del Labour”, rezan pegatinas en las puertas y ventanas de pubs como el Marsh Inn de Leeds, el New George de Kirkstall y The Rock de Bramley, en la circunscripción que Reeves representa en el parlamento de Westminster y suele frecuentar cuando va de visita. El boicot se ha extendido como un reguero de pólvora desde Cornualles en el oeste de Inglaterra hasta Norfolk en el este, y desde Cumbria en el norte hasta East Sussex y Kent en el sur.
La clientela de The Pinneaple , el local del barrio londinense de Kentish Town, donde Starmer tiene su casa y habitualmente solía ir a ver los partidos del Arsenal antes de que su popularidad se desplomara, no quieren verlo ni en pintura. “Después de todas las trastadas que nos ha hecho, mejor que ni aparezca”, dice un cliente saborea una pinta de Guinness.
El Gobierno ha anunciado una ayuda de 350 millones de euros que los pubs estiman insuficiente
Hace ya mucho tiempo que los pubs son un negocio precario, además de esclavo, con mucho trabajo y pocos beneficios, si no pérdidas. El año pasado cerraron 380 establecimientos (más de uno por día), debido a factores como la pérdida de poder adquisitivo de la gente, el cambio de hábitos (se bebe menos alcohol), la proliferación de cadenas de gastrobares y la subida de precios, que permite comprarse un pack de seis latas de cerveza por lo que te cuesta una pinta (entre siete y diez euros en Londres, dependiendo de lo pijo que sean el local y su clientela).
Si las cosas ya estaban mal, la ministra de Economía Rachel Reeves dio la puntilla al sector en el último presupuesto, cancelando las ayudas por la Covid que todavía estaban vigentes, reduciendo la rebaja fiscal a la hostelería en general de un 20% a un 5%, y ordenando una revisión del valor de los pubs en función de su ubicación y volumen de negocio. El resultado ha sido una subida promedio del 76% en los impuestos a pagar, totalmente insostenible.
En el 2025 cerraron 380 pubs, y ahora el aumento de las cargas fiscales podría ser la puntilla para el sector
A la hora de alimentar la furia de los publicans (como se llaman los que llevan los pubs) con el Partido Laborista se han unido medidas como el incremento del salario mínimo, que les obliga a pagar más a sus trabajadores, el coste creciente de la energía, la subida de las contribuciones a la Seguridad Social y las tasas ecológicas y para desincentivar el consumo de alcohol que han elevado el precio de una simple pinta a niveles casi de Noruega. “Si antes mis beneficios eran de 50.000 euros al año, ahora, entre pitos y flautas, se han reducido a 10.000, que no me dan para vivir, y menos aún para reinvertir en el negocio”, se lamenta el propietario de uno de los establecimientos que en Leeds han vetado la entrada a la impopularísima ministra Rachel Reeves.
El Gobierno tiene la habilidad de ir siempre a contrapié y valorar muy mal las reacciones a las decisiones que toma y, en vista del boicot a sus diputados y la campaña del The Daily Telegraph , ha anunciado la duodécima marcha atrás en los dieciocho meses que lleva en el poder. Lo hizo con la cancelación de las ayudas a los jubilados para el pago de la electricidad, con los impuestos hereditarios a los granjeros y la intención de subir el impuesto sobre la renta, y ahora ha hecho lo mismo con la carga fiscal sobre los pubs, aunque sin especificar hasta qué punto y cómo. Dice que les compensará con 350 millones de euros, y que explicará los detalles más adelante, pero la reacción del sector no ha sido entusiasta, temiendo que sea el equivalente de poner una tirita sobre una herida profunda. Los propietarios o gestores de los establecimientos exigen menos cargas medioambientales, menos tasas al alcohol, energía más barata, horarios más flexibles (la gran mayoría cierra a las once de la noche) y la posibilidad de ampliar el negocio vendiendo pintas take away .
Keir Starmer se siente más cómodo en el mundo de la política exterior (participando en las cumbres de la coalición de voluntarios para proteger a Ucrania, haciendo equilibrios con Trump, procurando acercarse a la UE o buscando la manera de impedir que Estados Unidos se haga con Groenlandia) que ocupándose de los problemas domésticos como el coste de la vida, que es lo que preferiría la gente. El resultado es que un 71% tiene una opinión negativa de él. Ahora son los pubs quienes le cierran la puerta, pero en las próximas elecciones podrían ser los votantes.