Trump y las gafas favorecen a Macron.
Pulso entre Europa y EE.UU.
El jefe de Estado francés escala en las encuestas de opinión pública ante la inestabilidad mundial y su 'estilo' que atrajo la atención en los medios digitales.

Emmanuel Macron, a lo largo de la semana pasada, en el encuentro de Davos, donde expresó un firme pronunciamiento frente al neoimperialismo estadounidense.

Donald Trump ridiculizó a Emmanuel Macron, empleando el léxico soez que lo caracteriza, debido a los anteojos oscuros que portaba en la cumbre de Davos. En el fondo, se sentía ofendido por la firme alocución de la jornada previa frente al reciente imperialismo estadounidense. Lo que Trump ignoraba era que, al mofarse de su persona y los lentes, beneficiaba indirectamente a su par francés.
El estilo look de aviador, esa apariencia Top Gun o de comandante comercial con un aire cautivador, fue motivado por un derrame en el ojo, aunque ha provocado un resultado favorable más allá de la salud. Ha concordado con un ascenso en las consultas de opinión, que por meses ubicaron al morador del Elíseo en sus niveles más bajos. Conforme a la medición política de la entidad Ifop para el diario L’Opinion , Macron sumó un 2% de apoyo en diciembre y registró otra subida idéntica en enero, alcanzando una aceptación del 20%, que todavía resulta muy escasa.
Un asesor del Elíseo reconoce que el estilo de aviador contribuyó a potenciar el discurso en Davos.
Resultaría excesivo vincular el progreso a los anteojos, aun cuando la fotografía del mandatario se difundió masivamente por internet y la empresa que produce ese diseño específico se ve superada por los pedidos. No obstante, su renovada apariencia ha despertado intriga y, en consecuencia, una mayor atención hacia el discurso de Macron durante una etapa de gran fricción internacional y competencia entre Europa y Estados Unidos. “Es totalmente involuntario, pero en la era de imagen y de los vídeos breves las gafas han tenido un efecto amplificador”, admitió un asesor del presidente ante el periódico Le Figaro .
Macron ha visto mermado su poder de decisión doméstica, abarcando la gestión financiera, a raíz de que su formación se quedara sin mayoría en la Asamblea Nacional en julio del 2024, viéndose forzado a nombrar a cuatro jefes de gobierno distintos a partir de esa fecha. Todavía conserva su protagonismo exterior y sus competencias en materia de seguridad. El mandatario está sacando partido de esta situación. Posee una gran destreza para realizar alocuciones en dicha área, definir los desafíos actuales, transmitir ideas directas y abogar por el proyecto de la Unión Europea.
A Macron le ha resultado penoso desistir de pilares simbólicos de su mandato, tales como la reforma de las pensiones o la reducción tributaria para sociedades y particulares. El presente Gobierno de su fiel Sébastien Lecornu se ha visto forzado a aceptar disposiciones que representan un retroceso, ya que su subsistencia está totalmente supeditada a los socialistas. Al Presidente, por consiguiente, no le resta más opción que concentrarse en la política exterior y desempeñarse como líder europeo.

Ciertos expertos consideran que, durante los 15 meses restantes en el Elíseo, la pugna con Trump y la protección de la autonomía europea podrían ser una de sus luchas fundamentales. Ayer retomó dicha labor al acoger en París para una comida oficial a la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, y al mandatario groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, a los que reafirmó el total respaldo francés frente a las ambiciones de anexión de la Administración Trump. A las declaraciones sucedieron las acciones, ya que ratificó la futura inauguración de una oficina consular en Nuuk, la capital groenlandesa, mientras comenzaba a difundirse en la prensa la imagen del portaaviones Charles de Gaulle y su flota de escolta, desplazados a unas maniobras en el Atlántico norte.
Macron comprende perfectamente que, al confrontar al socio norteamericano, es capaz de atraer el apoyo de los votantes. Un sondeo realizado por Ifop en marzo del 2025, con Trump ocupando otra vez la Casa Blanca, reveló que apenas el 27% de la población gala consideraba a Estados Unidos un socio fiable, lo que representa un descenso rotundo frente al mandato de Joe Biden, época en la que la seguridad en el aliado estadounidense llegó al 68%.
Dentro de Francia todavía se tiene presente —sobre todo en las semanas recientes— la intervención del que fuera ministro de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin, ante el Consejo de Seguridad de la ONU en 2003, rechazando la incursión en Irak. Villepin, con una notable exposición en la prensa actual, baraja la posibilidad de presentarse en el 2027 y sacar partido de aquel episodio histórico en Nueva York.
La dificultad de Macron radica en que su labor diplomática exterior, aun con su impecable estilo, raramente ha cosechado resultados significativos. Se esforzó intensamente para impedir el conflicto en Ucrania durante los días anteriores al ataque, aunque no tuvo éxito. Respecto a Trump, al igual que sucedió con Putin, empleó plenamente una táctica de acercamiento durante su gestión inicial, si bien el estadounidense le ha respondido con mofas y desdén. El incremento en las encuestas representa, cuando menos, un alivio.