Es verdad si todos lo creen
El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II, investigaba ovnis. Y Charles Morton, vicepresidente de Harvard en el siglo XVII, estaba convencido de que las aves migraban a la Luna. Schreiber recopila ideas y creencias extravagantes, experimentos extremos y anécdotas improbables en La teoría de todo lo demás (Capitán Swing), un desfile hilarante de exorcismos, visiones, profecías y delirios que, a veces, rozan la verdad. Como el Nobel que se bebió una bacteria para probar su teoría, o el primer test de PCR realizado a un pelo para ver si era alienígena. Hay sabios que hablaban con fantasmas, médiums que asistían a científicos y ejércitos que usaban profecías como armas psicológicas. Lo cuenta con ironía y ternura: no hay que creerlo todo, pero tampoco reírse demasiado. Lo raro, bien contado, es otra forma de saber.
¿Cómo es que nació en Hong Kong?
Porque mi padre, australiano, y mi madre, inglesa, se conocieron allí. Los dos eran peluqueros y abrieron una peluquería.
¿Y les fue bien?
Eran los primeros peluqueros occidentales y peinaban a Jackie Chan, Madonna, Ringo Starr... A veces pienso que quizás eran espías.
Una vida peculiar, la suya.
Sí, tengo una familia dispersa por todo el planeta: Tíbet, Tailandia, Kosovo, Camboya, Abu Dabi, Australia...
¿Cuándo le atrapó lo extraño?
En Australia vivíamos en Avalon, un pueblo hippy. Por casa pasaba gente con creencias de lo más particulares y quise saber si eran ciertas.
¿Qué hizo?
Leí, entre otros, Todo lo que sabes de geografía o de historia es incorrecto, que contaba que Moisés no cruzó el mar Rojo, sino el mar de juncos, por donde puede pasar un carro. Ahí entendí que si escarbas, puedes encontrar cosas mucho más interesantes que lo que te han contado.
¿Y se puso a coleccionarlas?
Trabajé como guionista en un programa de televisión del Reino Unido: QI (Quite Interesting), con una premisa maravillosa: todo puede ser interesante según cómo se mire.
Cuénteme sus rarezas preferidas.
Kary Mullis, el bioquímico estadounidense que desarrolló la técnica de la PCR por la que le dieron en Nobel, dijo que lo había abducido una nave alienígena, un mapache parlante. Me fascinó: ¿cómo puede alguien capaz de cambiar el mundo creer algo así?
¿Científicos chiflados?
Louis Leakey, gran paleoantropólogo, defendía que sobrevivimos como especie porque olíamos tan mal que los depredadores preferían comerse a otros animales.
¿La ciencia se ha ocupado de la telepatía?
Sí: Hans Berger, en su intento de medirla, acabó inventando la tecnología de las tomografías cerebrales.
Las locuras acaban siendo útiles.
En la primera expedición para encontrar el Titanic, un inversor quiso usar un mono “telepático” para localizar el naufragio, lo que provocó que los científicos abandonaran el proyecto... Aunque su trabajo resultó clave para el hallazgo posterior de Ballard.
El espiritismo también tuvo su época.
Victor Hugo, durante su exilio en Jersey, decía que hablaba con Dios, con Leonardo da Vinci y con Shakespeare, que le dictó una comedia desde el más allá.
¿Qué otros científicos famosos se interesaron por el espiritismo?
Marie Curie y su marido eran aficionados a sesiones con médiums. Upton Sinclair, premio Pulitzer, escribió un libro defendiendo que su mujer era telépata. Einstein le escribió el prólogo. Y Conan Doyle apareció como fantasma seis días después de su muerte en el Royal Albert Hall. Fue su despedida.
¿Cuál es el científico más extravagante que ha encontrado?
John Lilly. Estaba convencido de que podía enseñar inglés a los delfines con tal precisión que representaran a los mamíferos marinos en las Naciones Unidas. La NASA le financiaba. Incluso diseñó coches para que los condujeran. Y creó las cámaras de flotación para intentar comunicarse con ellos.
¿Es cierto que los Beatles deben su ritmo a un exorcismo?
Ringo Starr era zurdo, y su abuela, a la que llamaban la reina del vudú de Liverpool, le hacía exorcismos para curarlo. Cuando se fue de casa volvió a usar la mano izquierda en una batería para diestros. Su cruce de manos generaba pequeños retrasos que dieron a los Beatles ese ritmo tan característico.
¿Le interesan también las profecías?
Un periodista británico predijo el naufragio de un gran barco por falta de botes. Murió en el Titanic. Durante la guerra, nazis y aliados lanzaban sobre sus enemigos octavillas con profecías de Nostradamus afirmando que perderían. Usaban las profecías como herramienta de guerra. Me parece fascinante.
¿Las casualidades pueden tener lógica?
Youyou, científica china, curó la malaria con una planta mencionada en el poema del que su padre sacó su nombre. Youyou hace referencia al berreo de los ciervos, y resulta que la planta de la que se sacó el remedio era la misma que se come el ciervo del poema.
¿Casualidad o causalidad?
Me inclino por las causalidades, que bien narradas construyen el mundo. El progreso empieza con un buen relato.
Usted trabaja sobre lo que no cree.
En el fondo es historia social. Nos guste o no, estas ideas han influido en cómo entendemos el mundo. A mí me fascinan las creencias de la gente. Creo que voy en busca de fe.
¿Le gustaría creer en el más allá?
Siento envidia de la gente que cree en esas cosas. ¿Y qué más da si tienen razón o no? Si se equivocan, no pasa nada. Seguramente habrán sido más felices por haberlo creído.
