Isabel Coixet,cineasta:

“Me veo como una anguila, sorteando obstáculos”

Tengo 65 años. Soy de Barcelona. Soy cineasta: 36 años de carrera y dieciséis largometrajes. Vivo emparejada con Reed Brody, y tengo una hija, Zoe (28). ¿ Política? Soy ácrata caviar. ¿ Creencias? Soy agnóstica convencida. Me gusta cocinar: tengo buena mano para los arroces. (Foto: Lv)

Si tuviese que renunciar a algo...

A todo, salvo a rodar películas.

¿A todo?

Rodar es vivir. ¡Es mejor que la vida! Ordenas “repetid”, y hay repetición. Ordenas “¡corten!”, y se acaba.

En sus películas veo comida buena.

Porque nuestra relación con la comida nos define. Yo veo cómo es una persona en cómo come, si aparta el rebozado...

Yo no aparto el rebozado.

Lo hace quien lo pretende controlar todo, demasiado. Yo soy controladora en mi cabeza, pero en la práctica me dejo ir.

¿Qué le diría hoy a la niña que fue?

“No sufras tanto”.

¿Y qué le diría la niña a la adulta?

“No te veo tan mal”.

Ha cumplido 65 años: ¿hace balance?

Nunca miro atrás. Cada mañana es el primer día del futuro.

¿Cuántas películas lleva hechas?

Dieciséis largometrajes. Son muchos. De los cineastas de mi generación que debutamos en 1990, sólo yo continúo.

¿Cuál es su secreto?

Tener proyectos. Me veo como una anguila: he ido serpenteando obstáculos. O como un salmón, saltándolos.

Defínase a sí misma en tres adjetivos.

Tenaz. Curiosa. Hipersensible.

¿Hasta que punto hipersensible?

Esta mañana, en el bar, una anciana con un móvil antiguo había olvidado la contraseña y me pedía que se la pusiera, como si yo la supiese. He retenido las lágrimas. Luego la he acompañado a su casa. Con que fragilidad se me agarraba al brazo.

¿Se ha visto a si misma?

Puedo ser yo dentro de unos años.

O su madre.

Mi madre tiene 92 años y es una fuerza de la naturaleza. Compra, cocina, y sabe apartar lo malo y disfrutar lo bueno.

¿Qué opina ella de su cine?

Mis padres han sido mis fans.

¿Siempre quiso hacer películas?

Desde niña vi en el cine una oportunidad de corregir y mejorar la vida. Acabo de volver a hacerlo en Alguien debería prohibir los domingos por la tarde .

¿Qué es esto?

Además del título de mi programa en Radio 3, una serie de televisión para el canal Arte: recreo mi año como estudiante en la Sorbona de París, pero mejorándolo.

¿Qué estudiaba?

El último año de mi carrera de Historia. Yo soñé con compartir vivencias con un grupo de amigos buenos, y no sucedió.

¿Por qué no?

No tuve tiempo de relacionarme entre estudiar y trabajar como kelly en un hotel.

Limpiando y haciendo camas.

Sí. Vi cosas tan repulsivas en las habitaciones que dejaban los clientes que hoy soy obsesiva: ¡dejo impecable cada habitación de hotel que uso! Pienso en la limpiadora.

¿Y en la serie sí hace amigos?

Comparto un piso con una chica y un chico: las amistades que soñé.

De estudiar Historia, ¿qué le quedó?

La maestría de Josep Fontana y Alexandre Cirici, brillantes. Tenían algo que me confirmó luego también John Berger.

El crítico autor de Modos de ver.

Berger me enseñó cómo tener una mirada crítica pero a la vez amorosa sobre el mundo. Las dos miradas a la vez, ¿eh?

Dígame una frase de John Berger.

“Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos”. Así tituló uno de sus lúcidos ensayos sobre arte.

Si encuadernase sus dieciséis películas, ¿qué titulo imprimiría en la cubierta?

“Todas las vidas de Isabel Coixet”.

Veo en su cine un interés por imaginar la vida aquí después de haber muerto...

¿No ha tenido esa fantasía? Ese momento en que Tom Sawyer, dado por muerto, se acerca en la noche a su casa...

...Para ver de qué modo sus parientes viven su muerte: ¡sí!

El personaje de Mi vida sin mí busca mejorar la vida de sus hijos cuando no esté. En mi última película, Tres adioses ...

¡Ya en las mejores salas!, que se decía.

...El personaje quiere dejar en su entorno una huella bonita, alguna impronta útil y bella. Cosas pequeñitas, que son las que permanecen, son las que más perduran.

¿Qué huella quiere dejar?

Una secuencia cómo la de mi actriz, Alba, comiendo un helado. Le dije: “Cómetelo como si tuvieras ocho años pero también ochenta, como si fuese tu primer helado, pero también el último”.

...

Y la cámara se acerca... Con la música... Y ella se come el helado... Yo lo estaba viendo y lloré. Lloré y fui feliz. Es un momento que recordaré siempre.

Mérito de las dos.

De lo que sucede, que es siempre lo que conviene. El azar juega y nos ayuda.

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