Barcelona

De Baltimore a Belfast

La mezcla de comedia medio romántica y ambientación navideña prometía estereotipos previsibles e invitaba a fruncir el ceño. Sin embargo, oh sorpresa, The Baltimorons ( Navidad en Baltimore , Movistar+), es una película espléndida. El argumento sorprende por la naturalidad de sus interpretaciones, la inteligencia de los diálogos y una apuesta por los buenos sentimientos que no renuncia a retratar el lado más mezquino de la condición humana. 

Un fotograma de Blue Lights 
Un fotograma de Blue Lights BBC

El protagonista es un monologuista con ideas suicidas, que combate la amenaza del alcoholismo y que no acaba de ceñirse a la vida –cena de Nochebuena incluida– que le exige su entorno. La protagonista es una joven abuela, dentista, damnificada por un divorcio indigesto y que, a partir de un hecho casual (un paciente en apuros), tiene la oportunidad de vivir un día y una noche inolvidables, y no precisamente por razones de cursilería navideña. ¿Donde? En una ciudad, Baltimore, menos dura que la que retrataba The Wire .

Las expectativas de los jóvenes policías se estrellan contra el muro de la ineficacia y de la corrupción

FUERZAS DEL ORDEN. La tercera temporada de Blue Lights (Movistar+) mantiene el nivel de las anteriores. Siguiendo la disección de Belfast y de la Irlanda del Norte posterrorista, el argumento se centra en una zona de la ciudad castigada por el narcotráfico y unas prácticas mafiosas que prostituyen los códigos de honor tradicionales. 

Los policías conviven con este marco socialmente precario y sin escrúpulos. A medida que avanzan los capítulos, tienen que gestionar la frustración de constatar hasta qué punto el sistema se ha corrompido. Tres policías con poca experiencia confrontan sus expectativas con una realidad durísima, que en ningún momento abusa de la truculencia o del sensacionalismo y que, sin sermones, hace crítica social. 

A la serie quizá se le podría reprochar que los buenos sentimientos dominan demasiado la resolución y el planteamiento de los conflictos y, si nos ponemos el disfraz del postureo antisistema, que no denuncia suficientemente los abusos represores. Pero sería una crítica injusta teniendo en cuenta el nivel de la producción (BBC) y la calidad de un drama que sigue funcionando y expresa, a través de la impotencia de los protagonistas, la convicción de que el sistema es un desastre. En estas condiciones, el único camino posible es el compromiso individual con unos principios que ayuden a la gente que lo necesita. Humanizar un cuerpo policial que la ficción suele denostar –con razones para hacerlo– tiene un punto de transgresión que se agradece.

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