Habituados a consumir producciones que permiten ojear el teléfono o dejarse llevar por tópicos recurrentes, Pluribus (Apple TV) demanda una concentración bastante más elevada. Ya desde el comienzo, su argumento de ciencia ficción —una plaga de optimismo de origen alienígena que azota a casi toda la población— sitúa al televidente en un escenario de asombro y extrañeza. Es una emoción muy cercana a la que despertaba Séverance , sobre la cual todavía dudo si me agrada, si me disgusta o si me fuerzo a que me guste para no parecer un neófito. A decir verdad, me atrae más Pluribus que Séverance, puesto que su figura central, una escritora de éxitos épico-románticos huraña y obsesiva, soporta la carga de una desorientación fastidiosa que es, a la vez, vital y argumental. Siento afinidad y empatía —permitidme que no emplee el vocablo “empatizo”— por el incesante mal genio de la protagonista.
Una escena de Pluribus
Conforme transcurren los episodios, se advierte que la supuesta benevolencia reglamentada que dirige el rumbo de esta nueva realidad oculta fisuras que un grupo fortuito y falible de habitantes del planeta combate con métodos no siempre armónicos. La secuencia de cierre frustra ligeramente por actuar como una plataforma de lanzamiento hacia una futura entrega, pero preserva esa impresión agridulce tras visualizar nueve horas de narrativa sólida sin discernir si agrada, si desagrada o si uno se convence de que le fascina para no parecer un profano.
‘Pluribus’ conduce a la audiencia a oscilar entre el interés y una molesta impresión de desconcierto.
MISTERIO DISTINGUIDO. En el transcurso de 2016 vio la luz El infiltrado , una magnífica propuesta británica que, transcurrida casi una década, acaba de publicar sus episodios iniciales (Prime Video) de la segunda tanda. Siendo una versión libre del relato de John Le Carré, la obra disponía del atractivo de integrar a un trío actoral de gran fuerza: Hugh Laurie, Tom Hiddleston y Elizabeth Debicki.
En las entregas lanzadas recientemente, Hiddleston cobra mayor importancia con su distinción de siempre y un sarcasmo propio que hace suponer que pronto empezará a danzar igual que en La vida de Chuck o que intenta ratificar que, realmente, encajaría como un excelente James Bond. Existe algo de apresuramiento en la premisa y momentos poco verosímiles en la trama, aunque, aun así, la producción resulta prometedora. Por cierto, transcurre brevemente por un alojamiento de la Costa Brava el cual, si se me permite el destripe, termina en desastre absoluto.
