Barcelona

El alcaldable Bob Pop y el regreso al futuro común

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El escritor y guionista presenta su candidatura a las primarias comuneras, una alternativa “sin ministros ni hada madrina” dispuesta a recuperar la esencia ideológica de BComú

Bob Pop, al término del acto, en el Centre Cívic de la Barceloneta

Bob Pop, al término del acto, en el Centre Cívic de la Barceloneta

Mané Espinosa

La película Géminis explica a la perfección el momento por el que atraviesa Barcelona en Comú con su proceso de primarias para elegir a su próximo candidato a la alcaldía. Will Smith interpreta a un asesino a sueldo que quiere retirarse, pero por el camino se encuentra a una versión de sí mismo que tiene la misión de eliminarle. Es una copia joven, fresca, pura, sin todo el poso de los años pasados. Si quieren un símil algo más culto, imaginen el cuadro de Goya Saturno devorando a su hijo; pero al revés, con el chaval comiéndose al padre con patatas. Bob Pop ha presentado este sábado su candidatura para liderar la lista comunera en mayo del 2027 y ha dejado claro que lo suyo es un regreso a los orígenes, cuando en junio del 2014, Guanyem Barcelona eran cuatro amigos soñadores y rebeldes con ganas de tumbar el capital. “Recuperar la democracia”, decían entonces, para reapropiarse de las instituciones.

Al escritor y guionista nacido en Madrid en 1971 le faltan argumentos, concreción, equipo y programa. También conocer más a fondo, al margen de la piel superficial y tópica (turismo, vivienda, especulación), una ciudad en la que vive desde la pandemia. Pero le sobra desparpajo, reflejos y sentido del humor. Y no tiene nada que perder. El acto, con unas 120 personas en el Centre Cívic de la Barceloneta, ha empezado con una fotografía de fondo de la puesta de largo de la candidatura de su rival, Gerardo Pisarello, el 20 de diciembre. “Aquí no veréis ni ministros ni hada madrina”, ha ironizado el aspirante, que brindó 20 minutos de discurso sin consultar un solo papel. En la imagen aparecía el hoy diputado en el Congreso de los Diputados rodeado de las caras más reconocibles de los comunes: Ada Colau, Ernest Urtasun, Gemma Tarafa o un flemático Jaume Asens. En la sala, este sábado, solo un rostro familiar, el de Laia Ortiz, componente de aquella sorprendente primera horneada de concejales de BComú que desembarcaron en el Consistorio en el 2015.

Bob Pop, con la foto de la candidatura de Pisarello a su espalda
Bob Pop, con la foto de la candidatura de Pisarello a su espaldaMané Espinosa

“Esto nuestro es una mierda comparado con la candidatura oficial, pero tampoco la cara de la gente era de demasiado entusiasmo”, se ha regalado el protagonista. Bob Pop ha apelado a “la audacia, que no es temeridad, en momentos en los que la izquierda tiende a replegarse ante el auge de la ultraderecha”. Ha animado a recuperar la ilusión del 2015, como si los pisarellistas se hubieran olvidado de quiénes son, de dónde vienen o por qué entraron en política después de haber ocupado cargos en el Ayuntamiento, en el Parlament, en el Congreso o incluso en Europa. Y ha brindado al respetable un primer compromiso: si gana las primarias, irá puerta por puerta a mil casas “para preguntar lo que nunca les han preguntado”. “Y si no abrís –ha bromeado– no pasa nada, no soy como Gloria Serra, no voy a pensar que ocultáis algo”. A medida que avanzaba su discurso, la silla de ruedas ha ido perdiendo nitidez. “No me voy a rendir nunca ante lo evitable; esta ciudad no es un negocio, tiene que ser una cooperativa de vecinos. Y esperar a que pase la tormenta es de una irresponsabilidad tremenda”. No es palabra por palabra, pero se parece poderosamente a la simpar portavoz de la PAH que el 26 de junio del año 2014 presentó un “proceso de revolución y radicalidad democrática”.

El recado

“Esto nuestro es una mierda comparado con la candidatura oficial, pero tampoco la cara de la gente era de demasiado entusiasmo”

La mañana no ha terminado con titulares políticos de entidad. Bob Pop ha asegurado que ya tiene a la mujer que le acompañará en el tándem electoral (así lo estipulan las normas de las primarias, que deberían resolverse antes del 20 de febrero) pero se ha guardado el titular para otro día. No ha avanzado ninguna línea concreta en materia de urbanismo, movilidad, economía, servicios sociales, seguridad, turismo, comercio, distritos o proyección internacional. Tiempo habrá, en un suponer, pues si esto va de regresar a la alcurnia fundacional del partido, haría bien en entrar pronto al detalle.

Bob Pop, con unas gafas naranjas que recuerdan a las que Xavier Trias popularizó en las elecciones del 2015
Bob Pop, con unas gafas naranjas que recuerdan a las que Xavier Trias popularizó en las elecciones del 2015Mané Espinosa

En las tres elecciones municipales anteriores (2015, 2019 y 2023) nadie le tosió a Colau, pero ahora, tras el congreso de julio en el que Pisarello se sentó en primera fila y fue uno de los ponentes, el liderazgo ya no está nada claro. Se fue la exalcaldesa y en diciembre hizo lo propio Janet Sanz, que por ahora ha evitado posicionarse. Se masca el nerviosismo en la bancada comunera, que se debate entre el establishment que representa el diputado o la primera prensada que evoca Bob Pop. Con un 40% de indecisos, según el último barómetro municipal, se hace inevitable preguntarse cuál, por imprevisible y rompedor, tiene más capacidad de seducción. Se puede ver de otra manera: ¿a cuál de los dos creen que le tiene más miedo el resto de la izquierda? La unión de candidaturas no está por ahora sobre la mesa, pero desde la grada da la sensación de que a uno le falta lo que al otro le sobra.

Un último símil antes de terminar. Seguro que se acuerdan de la maravillosa saga de Regreso al futuro. El bueno de Marty McFly viaja al pasado y conoce a su madre, que en momentos parece enamorarse perdidamente del que será su hijo. Un poco raro, ciertamente. Bob Pop está en ese tránsito. El DeLorean es su silla de ruedas, y esa madre, que por ahora le da la espalda, bien podría ser Ada Colau.

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