
Robar a un ladrón
El documental Eloy de la Iglesia, adicto al cine (Movistar+) reconstruye la vida y la obra de un cineasta que, con grandes éxitos de taquilla, nunca cumplió los preceptos de la corrección política y creativa. Ser homosexual, comunista y heroinómano le definió tanto en su modo de plantearse las películas como en un estilo que no renunció a los atajos de un sensacionalismo social provocador muy propio de los años que van desde la muerte de Franco hasta la victoria electoral del PSOE. En el documental, lo reivindican sus amigos, sus actores y los que lo han estudiado sin los prejuicios de un pasado marcado por los sectarismos de la militancia. La aportación del documental es la distancia de su punto de vista, que no se recrea en la dimensión maldita de un cineasta que, aspirando a ser Fassbinder o Passolini, fue devorado por su compromiso con la marginalidad. Los testimonios y las entrevistas de archivo se encadenan con honestidad y proponen un retrato de De la Iglesia que, sin esconder nada, no se recrea en el exhibicionismo carroñero ni hace leña del árbol caído.

PETRÓLEO. Acaba la segunda temporada de Landman (SkyShowtime) con la promesa de una tercera que mantendrá el mismo nivel de la primera. El sello de Taylor Sheridan impregna todas las escenas y alterna una calidad formal –fotografía, guion, interpretación– y un tratamiento de los personajes femeninos que, si lo hubiera producido una cadena pública, provocaría escándalos y cancelaciones. En otras palabras: el espectador convive con personajes y situaciones que, aunque responden a una concepción reaccionaria del mundo, seducen por lo que, a partir de un repertorio de estereotipos declaradamente antiwoke, tienen de respeto por conflictos clásicos del universo petrolero que parecen la actualización de Dalla s.
Eloy de la Iglesia tuvo que cargar con el triple lastre de ser homosexual, comunista y heroinómano
CORRUPCIÓN. Amazon Prime ha estrenado Steal . Una intriga ambientada en un Londres atrapado por las mafias financieras, los servicios secretos y las conspiraciones que fomentan todo tipo de corrupciones y que excitan al furor especulativo de los espectadores.
¿Quién es el culpable? Hace tiempo que el mundo se ha complicado y que, de entre todos los culpables, hay que elegir el que actúa siguiendo un código remotamente moral. El desenlace, inverosímil, se redime con un discurso antisistema y denuncia la putrefacción del capitalismo que, gracias a la ficción, beneficia a los buenos. Perdón: a los menos malos.

